CULTURA  

El fenómeno del COVID-19 bajo la lupa

UNA MIRADA INTEGRADORA PARA PENSAR Y DEBATIR

El fenómeno del COVID-19 conmueve al mundo. Su incidencia tiene y tendrá consecuencias económicas, sociales y políticas. Muchos afirman que después de su paso, nada será igual. Sin duda, la pandemia tiene un pasado en que no supimos leer las señales o ignoramos las advertencias; un presente trágico donde campean los miedos y la muerte; y un futuro incierto. Por ello, ETHICA DIGITAL recupera la mirada, a través de fragmentos, de un texto de Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique (En español), uno de los periodistas más prestigiado a nivel mundial, por su lucidez y la amplitud de su mirada. Se recomienda su lectura completa, accediendo a la publicación de abril o  los distintos medios que lo han reproducido

Un hecho de efectos totales
Ramonet es contundente, al definir la pandemia que sufre el mundo como un “hecho social total”. Es decir, que no se trata de sólo de una crisis sanitaria. Convulsa el conjunto de las relaciones sociales, y conmociona a la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores. “Ninguna pandemia fue nunca tal fulminante y de tal magnitud”. Algo sólo imaginable en las ficciones post-apocalípticas… 
Su visión no es optimista. “Nos hallamos ante una situación enigmática. Sin precedentes. Un mundo se derrumba… Cuando todo termine la vida ya no será igual”. La pregunta, que por ahora queda sin respuesta, es si será mejor o peor para la humanidad.
El nuevo virus con origen en una ciudad china, para Ramonet, prueba de que “el mundo es un sistema en el que todo elemento que lo compone, por insignificante que parezca, interactúa con otros y puede influenciar el conjunto. 

El refugio momentáneo
En esta situación caótica, en esta zona de miedo,  con base en la realidad, sostiene que los ciudadanos “vuelven sus ojos hacia la ciencia y los científicos”.  Sí, como antaño hacia la religión, asevera. ¿Qué esperan? El milagro de una vacuna salvadora, que todos sabemos que no será pronto.
También buscan refugio y protección en el Estado que, tras la pandemia, podría regresar con fuerza en detrimento del Mercado. En general, el miedo colectivo cuanto más traumático más aviva el deseo de Estado, de Autoridad, de Orientación. Para Ramonet, las organizaciones internacionales no han estado a la altura de la tragedia, por su silencio o si incongruencia. “El planeta descubre, estupefacto, que no hay comandante a bordo…”. 
Hemos vivido, con distintos matices, en la aplicación de políticas devastadoras de lo público, en salud, en educación, en seguridad social. Repite una frase de Yuval Noah Harari: «Los Gobiernos que ahorraron gastos en los últimos años recortando los servicios de salud, ahora gastarán mucho más a causa de la epidemia.» Para el analista, Se habla ahora abiertamente de nacionalizar, de relocalizar, de reindustrializar, de soberanía farmacéutica y sanitaria. 

El mundo económico
La economía mundial –según la visión del autor- se encuentra paralizada por la primera cuarentena global de la historia. En el mundo entero hay crisis, a la vez, de la demanda y de la oferta. Unos ciento setenta países (de los ciento noventa y cinco que existen) tendrán un crecimiento negativo en 2020. O sea, una peor tragedia económica que la Gran Recesión de 1929. Como en tantas ocasiones anteriores, los asalariados peor remunerados y las pequeñas empresas pagarán el precio más alto. Quinientos millones de personas podrían ser arrastradas de nuevo a la pobreza. La pandemia produce un rechazo general del hipercapitalismo anárquico, el que ha permitido obscenas desigualdades como que el 1% de los ricos del mundo posean más que el 99% restante. También se cuestionan los excesos de la globalización económica.
Muchas personalidades e instituciones-subraya Ramonet- están exigiendo una moratoria del pago de la deuda en favor de las naciones más afectadas. El propio Papa Francisco ha reclamado que, «considerando las circunstancias, se afronten, por parte de todos los países, las grandes necesidades del momento, reduciendo o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres».

Señales para tener en cuenta
Ramonet se detiene en signos que aparecen en medio de esta cuarentena global: el medio ambiente ha tenido un respiro. “Ha retrocedido la contaminación atmosférica que cada año mata a millones de personas”.  Nada menor es el hecho que el nuevo virus “ha desbaratado por completo el tablero de ajedrez del sistema-mundo. En todos los frentes de guerra --Libia, Siria, Yemen, Afganistán, Sahel, Gaza, etc.--, los combates se han suspendido… La peste ha impuesto de facto, con más autoridad que el propio Consejo de Seguridad, una efectiva Pax Coronavírica…”.

Las teorías del complot
Hay controversia, al más alto nivel, sobre el origen de este virus aparecido en Wuhan (Hubei, China). Varias especulaciones circulan. Desde China se acusa a EE.UU, de haber fabricado el germen como arma bacteriológica para frenar su ascenso como potencia en el mundo. Desde EE.UU. se acusa a China de haberlo producido como parte de la búsqueda de “armas biológicas”
Para Ramonet, estas versiones contradictorias que han circulado mucho por las redes sociales, tienen escaso fundamento. Estudios científicos solventes lo descartan «Nuestros análisis demuestran claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio ni un virus deliberadamente manipulado.» cita la opinión del profesor de la Universidad de Sydney (Australia) Edward C. Holmes, el mejor experto mundial del nuevo patógeno. 

Preguntas hay muchas
Como afirman en general los especialistas poco sabemos en torno al nuevo virus y por esos las preguntas se multiplican. El punto de partida, según Ramonet, recoge las afirmaciones de dos especialistas, Artur Galocha y Nuño Domínguez, que es necesario recordar: «los virus son inquietantes porque no están vivos ni muertos. No están vivos porque no pueden reproducirse por sí mismos. No están muertos porque pueden entrar en nuestras células, secuestrar su maquinaria y replicarse. Y en eso son eficaces y sofisticados porque llevan millones de años desarrollando nuevas maneras de burlar nuestro sistema inmune». No obstante, señala algo que lo distingue que es su estrategia de irradiación silenciosa. O sea, su capacidad de propagarse sin levantar sospechas, ni siquiera en su propia víctima. 
Por lo menos durante los primeros días del contagio en los que la persona infectada no presenta ningún síntoma de la enfermedad… Sabemos, sí, dice el autor, que “desde el momento en que penetra --por los ojos, la nariz o la boca-- en el cuerpo de su víctima ya comienza a replicarse de modo exponencial… Según la investigadora Isabel Sola, del Centro Nacional de Biotecnología de España : «Una vez dentro de la primera célula humana, cada coronavirus genera hasta 100.000 copias de sí mismo en menos de 24 horas…» Pero además, “otro rasgo singular y astuto de este patógeno es que concentra su primer ataque, cuando aún es indetectable, en el tracto respiratorio superior de la persona infectada, desde la nariz a la garganta, donde se replica con frenética intensidad. Desde ese momento, ya esa persona --que no siente nada-- se convierte en una potente bomba bacteriológica y empieza a diseminar masivamente en su entorno --simplemente al hablar o al respirar-- el virus letal…

Crónica de una pandemia anunciada
Ramonet retruca a Donald Trump, aclarando que no fue el único, cuando no dudó en afirmar repetidas veces --cuando se produjeron en su país las primeras muertes por coronavirus, meses después de China o de Europa--, que «nadie sabía que habría una pandemia o una epidemia de esta proporción», y que se trataba de un «problema imprevisible», «algo que nadie esperaba», «surgido de ninguna parte».
Para él el argumento no es válido. Recuerda un viejo proverbio en salud: «Los brotes son inevitables, las epidemias no», pero agrega que desde hace tiempo se vienen señalando que el saqueo y el pillaje del medio ambiente podrían tener consecuencias sanitarias nefastas. Pero más cercano, hay varios informes que advertían sobre la posibilidad de un nuevo virus. Entre los más importantes, señala el de National Intelligence Council (NIC), la oficina de anticipación geopolítica de la CIA, en noviembre de 2008 .
Con insólito sentido de anticipación, el documento confidencial anunciaba, para antes de 2025, "la aparición de una enfermedad respiratoria humana nueva, altamente transmisible y virulenta para la cual no existen contramedidas adecuadas, y que se podría convertir en una pandemia global". El texto advertía con impresionante antelación que «si surgiera una enfermedad pandémica, probablemente ocurriría en un área marcada por una alta densidad de población y una estrecha asociación entre humanos y animales, como muchas áreas del sur de China y del sudeste de Asia, donde no están reguladas las prácticas de cría de animales silvestres lo cual podría permitir que un virus mute y provoque una enfermedad zoonótica potencialmente pandémica…».
En 2017, otro documento reservado ratifica la amenaza. Trump eliminó a quienes más sabían sobre este asunto… Uno de tantos errores colosales del presidente de Estados Unidos,  señala el autor. Es más, en septiembre de 2019, la propia OMS prevenía que la próxima plaga podía ser apocalíptica: «Nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizada. El mundo no está preparado».
Ramonet apela al divulgador científico Davis Quammen para decir que «La ciencia sabía que iba a ocurrir. Los Gobiernos sabían que podía ocurrir, pero no se molestaron en prepararse.  Los avisos decían: podría ocurrir el año próximo, en tres años, o en ocho. Los políticos se decían: no gastaré el dinero por algo que quizá no ocurra bajo mi mandato.»

Cambio climático
El origen de todo, dicen los científicos desde hace años, reside en los comportamientos ecodepredadores que nos condenan, si no lo impedimos, a la fatalidad del cambio climático. Lo que está realmente en causa es el modelo de producción que lleva decenios saqueando la naturaleza y modificando el clima. Desde hace lustros, la destrucción humana de la biodiversidad está creando las condiciones objetivas para que nuevos virus y nuevas enfermedades aparezcan: «La deforestación, la apertura de nuevas carreteras, la minería y la caza son actividades implicadas en el desencadenamiento de diferentes epidemias --explica, por ejemplo, Alex Richter-Boix, doctor en biología y especialista en cambio climático- diversos virus y otros patógenos se encuentran en los animales salvajes. Cuando las actividades humanas entran en contacto con la fauna salvaje, un patógeno puede saltar e infectar animales domésticos y de ahí saltar de nuevo a los humanos; o directamente de un animal salvaje a los humanos… Murciélagos, primates e incluso caracoles pueden tener enfermedades que, en un momento dado, cuando alteramos sus hábitats naturales, pueden saltar a los humanos.»

Cibervigilancia informática
Si se analiza lo que ha pasado en Corea del Sur, Singapur y China, la clave de su éxito frente al coronavirus han sido los sistemas computarizados, sostiene Ramonet. A través de estrategias de macrodatos y vigilancia digital han podido mantener las cifras de infección bajo control. Este «solucionismo tecnológico», supone obviamente el sacrificio de una parte de la privacidad individual. Y eso obviamente plantea problemas, que es necesario discutir.
En Corea del Sur, relata el autor, las autoridades crearon una aplicación para smartphones para realizar el seguimiento digital de los ciudadanos presentes en zonas de contagio o que padecen la enfermedad… Esa app se llama "Self-Quarantine Safety Protection", y ha sido desarrollada por el Ministerio del Interior y Seguridad. La app descubre si un ciudadano ha estado en zonas de riesgo. Sabe si su test es o no positivo. Si es positivo le ordena confinarse en cuarentena. También rastrea los movimientos de todos los infectados y localiza los contactos de cada uno de ellos. Los lugares por los que anduvieron los contagiados se dan a conocer a los teléfonos móviles de aquellas personas que se encontraban cerca. Y todas ellas son enviadas en cuarentena. Cuando los ciudadanos reciben la orden de confinamiento de su centro médico local, se les prohíbe legalmente abandonar su zona de cuarentena --generalmente sus hogares-- y se les obliga a mantener una separación estricta de las demás personas, familiares incluidos.
    La COVID-19 se ha convertido, de ese modo, en la primera enfermedad global contra la que se lucha digitalmente. Y claro, eso da lugar a un debate, explica Ramonet, sobre los riesgos para la privacidad individual. «No cabe duda, sostiene, de que el rastreo de los teléfonos móviles, aunque sea para una buena causa, abre la puerta a la posibilidad de una vigilancia masiva digital. 

El jabón y la máquina de coser
Pero al lado de estas tecnologías futuristas, como las califica, los países asiáticos que marchan a la vanguardia en la lucha con el COVID-19, apelaron a métodos del pasado. Perfeccionadas y afinadas desde el siglo XIV, afirme,  medidas como la cuarentena, el aislamiento social, las zonas restringidas, el cierre de fronteras, el corte de carreteras, la distancia de seguridad y el seguimiento de los contactos de cada infectado, se aplicaron de inmediato… Sin recurrir a tecnologías digitales, las autoridades se basaron en una convicción bien sencilla: si por arte de magia todos los habitantes permaneciesen inmóviles en donde están durante catorce días, a metro y medio de distancia entre sí, toda la pandemia se detendría al instante.
Las revisiones de fiebre con termómetros infrarrojos digitales en forma de pistola se volvieron rutinarias, recuerda.. En las ciudades de los países asiáticos afectados, se hizo habitual, desde 2003, la toma de la temperatura de la gente antes de entrar a un autobús, un tren, una estación del metro, un edificio de oficinas, una fábrica, una discoteca, un teatro, un cine o incluso un restaurante… También se hizo obligatorio lavarse las manos con agua clorada o jabón. En los hospitales --como se hacía en el siglo XIX-- las áreas se dividieron en zonas “limpias” y “sucias”, y los equipos médicos no cruzaban de una a otra. Se construyeron tabiques para separar alas completas; el personal sanitario entraba por un extremo de la sala enfundado en escafandras protectoras y salía por el extremo opuesto desinfectado bajo la inspección de enfermeros.

Sacrificando a los abuelos
Son tiempos también de insolidaridad. Los egoísmos nacionales se han manifestado con sorprendente y brutal rapidez. Estados vecinos y amigos no han dudado en lanzarse a una «guerra de las mascarillas» o en apoderarse, cual piratas, de material sanitario destinado a sus socios. Hemos visto a Gobiernos pagar el doble o el triple del precio de material sanitario para conseguir los productos e impedir que sean vendidos a otras naciones. Los medios han mostrado como, en las pistas de los aeropuertos, contenedores de tapabocas eran arrancados a aviones de carga para desviarlos hacia otras destinaciones. 
En la vida cotidiana, dice Ramonet, la sospecha y la desconfianza han crecido. Muchos extranjeros o forasteros, o simplemente ancianos enfermos, sospechosos de introducir el virus, han sido discriminados, perseguidos, apedreados, expulsados… Es cierto que las personas mayores constituyen el grupo con mayor índice de mortalidad. Ignoramos por qué. Algunos fanáticos ultraliberales no han tardado en reclamar sin tapujos la eliminación maltusiana de los más débiles. Un vice-gobernador, en Estados Unidos, declaró: «Los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía.»
La COVID-19 no distingue, es cierto, pero las sociedades desigualitarias sí. Porque, cuando la salud es una mercancía, los grupos sociales pobres, discriminados, marginalizados, explotados quedan mucho más expuestos a la infección.  El aislamiento físico es casi imposible en ese contexto. Se hace la pregunta lógica: ¿Cómo hablar de "confinamiento", o de "aíslamiento", o de "gel desinfectante", o de "distancia de protección", o hasta de "lavarse las manos" a millones de personas que viven, sin agua corriente, hacinadas en favelas, chabolas o barrios de latas, o duermen en las calles, o viven en campamentos improvisados de refugiados, o en las ruinas de edificios destruidos por las guerras? Sólo en América Latina, el 56% de los activos viven en la economía informal…

Héroes de nuestro tiempo
La pandemia también tiene sus héroes y sus mártires, reconoce. Y en esta pelea, los guerreros que han subido a primera línea, a los puestos de avanzada a afrontar el letal SARS-CoV-2 han sido los médicos, las enfermeras, el personal auxiliar y otros trabajadores de la salud convertidos en protagonistas involuntarios, conquistando elogios y aplausos desde los balcones, las plazas y las calles de ciudades de todo el mundo. Casi todos ellos funcionarios públicos, para quienes la salud de la población no es una mercancía sino una necesidad básica, un derecho humano.
Pasarán a la historia, extenuados, agotados, por su dedicación en la labor diaria de combatir la infección y salvar vidas. A menudo, han enfrentado al contagioso virus sin mascarillas, ni batas, ni equipos de protección… «¡Marchamos a la guerra sin armas!» denunció una veterana enfermera de Guayaquil, en Ecuador, furiosa por el contagio de ochenta colegas y la muerte de otros cinco…

Futuros
Las cosas no podrán continuar como estaban. Un gran parte de la humanidad no puede seguir viviendo en un mundo tan injusto, tan desigual y tan ecocida. Como dice uno de los memes que más han circulado durante la cuarentena: «No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema.» La "normalidad" nos trajo la pandemia…

La opinión del bioeticista Juan Carlos Tealdi

Para tener en cuenta

El orden político y económico global corporativo, vulnerador masivo de personas, ha resultado atacado por la pandemia en su finalidad mayor primaria que es la producción e intercambio de mercancías para una concentración desigual de la riqueza. La falsedad ética de esa finalidad estratégicamente interesada es la que ha sido revelada ante la población mundial por el drama humanitario que hoy observamos. La subordinación del valor de la dignidad humana y de los derechos humanos como base del deber de justicia, a esa visión individualizada de las personas como consumidores de una salud hecha mercancía, ha llevado al abandono de la visión poblacional para perseguir una medicina “personalizada y de precisión” de productos sanitarios de alto costo. Es ese abandono de la vigilancia sanitaria y la prevención, del acceso universal a la salud y el estudio de los nuevos determinantes sociales y culturales, y de todo aquello que exige la planificación integrada de la salud comunitaria para asegurar el más alto nivel posible de salud física y mental para cada persona en condiciones de igualdad, el que ha quedado al descubierto.

La reflexión de Eva Giberti

Los viejos sobran en pandemia

Podemos llamarlos los Viejos de la Tribu. Levi-Strauss los denominaba “los sabios”. Se ha dicho demasiado de ellos, pero siempre resulta insuficiente: cada vez que alguien se decide a hablar de los viejos, a secas, aparecen muchas historias para contar…Hace pocos días, hablando de viejos, un hombre batió los records: abandonó en una confitería restaurante a sus padres de 90 y 86 años. Los abandonó, como se abandona a los chicos en una estación de subte o a un recién nacido en el umbral de una iglesia. No los mató como hacen otros, se deshizo de ellos mediante la figura del abandono (que jurídicamente no es “abandono” porque existían otros que podían ayudarlos).
Los dejó sentados, comiendo y se fue. Cada uno de ellos tenía un bolsito con ropa porque les había dicho que preparaba una mudanza. Y ellos lo esperaron, dos horas, tres, cuatro, hasta que los dueños del local se preocuparon.
Con la ayuda de vecinos que los dos lograron mencionar localizaron a un hermano distante y ajeno que en algún momento apareció. Durante años desconectado de ese grupo familiar. La historia se pierde en la noche de los tiempos, donde la tevé apaga sus luces…
La fantasía de subirlos a un tren que se ponga en marcha y dejarlos partir para no tener que ocuparse de ellos nunca más. Pero ¡caramba! ¡Son tus padres!, hay que cuidar de ellos, es responsabilidad filial... Todos lo saben, pero hubo quien batió el record y los abandonó con sus bolsitos con ropita y los dejó tal como lo fantasea la fantasía de muchos, hartos de tener que sentir amor por los viejos, aquellos que ni remotamente están dispuestos a verlos como quería Levi Strauss, como los sabios de la tribu.
Este es un signo de los tiempos porque hubo épocas en los que aun molestando y siendo fastidiosos, los viejos eran mirados como ancianos que merecían ser escuchados. La historia no camina hacia atrás, de manera que no volveremos a esas épocas, pero aún podemos pensar que en la montaña de abandonados que encontramos en nuestro camino cada día, quizá no encontremos otra pareja de padres abandonados, porque con mayores habilidades policiales es posible que se revierta la maniobra  y se localice al abandónico. Y deba pagar una multa.

La mirada del escritor francés Michel Houellebecq

El mundo no cambiará

  • “(,,,) En primer lugar, no creo ni por medio segundo en afirmaciones como ‘nada volverá a ser lo mismo’. Al contrario, todo seguirá siendo exactamente igual. De hecho, el curso de esta epidemia es notablemente normal. Occidente no es para la eternidad, por derecho divino, la zona más rica y desarrollada del mundo; se acabó, todo eso, desde hace tiempo, no es una primicia”…  

  • “El coronavirus, al contrario, debería arrojar como resultado principal la aceleración de ciertas mutaciones en curso. Desde hace algunos años, todas las evoluciones tecnológicas, ya sean menores (vídeo on demand, pago sin contacto) o mayores (teletrabajo, compras por Internet, redes sociales) han tenido como principal consecuencia (¿objetivo principal?) la reducción de los contactos materiales, y sobre todo humanos. La epidemia de coronavirus ofrece una magnífica razón para esta fuerte tendencia: una cierta obsolescencia que parece golpear las relaciones humanas”.

  • “la muerte nunca ha sido tan discreta como en estas últimas semanas”. “Las personas mueren solas en su hospital o en las habitaciones del geriátrico, son inmediatamente enterradas (¿o cremadas? La cremación coincide más con el espíritu de los tiempos), sin invitar a nadie, en secreto. Muertos sin el más mínimo testimonio, las víctimas se reducen a un número más en las estadísticas de muertes diarias, y la angustia que se propaga en la población a medida que aumenta el total tiene algo extrañamente abstracto”.  

  • “Todas estas tendencias, como dije, existían antes del coronavirus; ahora sólo se han hecho evidentes con nuevas pruebas. No despertaremos, después del confinamiento, en un nuevo mundo; será lo mismo, sólo que un poco peor”.

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