CULTURA  

MANOS QUE CURAN, MANOS QUE PINTAN

TRES ARTISTAS EXPONEN SUS PINTURAS

En el marco de la celebración del homenaje a la Mujer en su día, celebrado el 8 de marzo pasado, las doctoras y artistas plásticas Graciela Noemí Ariza, Graciela Giachero y Alba Vaschetto, presentan una serie de pinturas que se encuentran expuestas en el Primer Piso de nuestra sede. En el acto de inauguración de la muestra, la Dra. Nélida Pussetto, Vocal de Junta Directiva, realizó un perfil de cada una, que sirven de base para esta nota.
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Dra. Graciela Giachero

Dra. Noemí Ariza

Dra. Alba Vaschetto

NOEMÍ GRACIELA ARIZA
Es especialista en Alergia e Inmunología. Comenzó su pasión por la pintura cuando todavía estudiaba en la Escuela Normal Superior. Fue entonces cuando se inició en las artes plásticas, pero su ingreso a la Facultad para estudiar medicina, su otra pasión, la obligó a suspender la práctica artística, para dedicarse de lleno a los estudios, que le permitieron obtener su título de Médica. 
En cuanto pudo. hace casi 20 años retomó clases y estudió las diferentes técnicas y volvió a la pasión abandonada, tomó nuevamente los pinceles e incursionó en la pintura al óleo, en los trabajos en acrílico, ensayó con pastel y acuarela, en la que encontró otra manera de expresarse, en la que la conjunción de pigmento y agua, le permitió plasmar composiciones más espontáneas, más impredecibles. Según Ariza, en conversación con su colega Pussetto, afirma que esa cuota de imprevisibilidad  le permite resultados únicos e irrepetibles. Tiene la convicción que no pinta un tema en particular, sino que el tema la encuentra.
Ha realizado exposiciones provinciales, nacionales e incluso internacionales. Como el Museo de la Carta y Fabriano (Italia) durante 4 años consecutivos. Ha recibido una mención por la obra Paisajes, en la Primera Bienal de Pakistán de 2018.

GRACIELA GIACHERO
Es especialista en Cirugía Traumatológica y Ortopédica. ETHICA DIGITAL ha presentado, en distintas oportunidades, algunos de sus trabajos. Su inicio en la pintura es curioso. Una suerte de mandato de su hija artista, quien en un cumpleaños, allá por 2009, según cuenta, le regala un estuche con óleos, un manojo de pinceles, un atril y la inscripción en un taller de pintura, a dos cuadras de su departamento, para garantizar de que no faltara”.
La experiencia le abre un mundo nuevo, que no abandona, a pesar que su vida en quirófanos la obliga a una práctica irregular. En ese mundo nuevo, afirma, encuentra gente espiritualmente hermosa, alegres, solidarios y también maestros como Eduardo Pozzi, Israel David, Raúl Montich y aprovecha sus viajes a España, para participar en los talleres de su hermana, que es una artista profesional en esta disciplina.
Confiesa, según Pussetto, que la pintura le ha ayudado a relajar espalda y cuello, tras el ajetreo hospitalario; que la ha ayudado a volar cuando se sustrae por un largo tiempo frente a un lienzo. Confiesa, también, que no busca el éxito en este rubro, lo hace porque le da un placer que solo el que lo practica lo puede describir. El arte es sanador, dice como un lema., escrito en una pancarta imaginaria, en una supuesta marcha de mujeres, que está segura que pueden arremeter ante cualquier obstáculo, “como hace siglos lo venimos intentando”.
Hoy quiere volver con fuerzas para recuperar lo perdido en la pandemia y respetar ese primer manojo de pinceles y esa caja de óleos que le regalara su hija. Valentina.


ALBA VASCHETTO
Es especialista en Geriatría. Su pasión por la pintura tardó en aparecer. Pero la sensibilidad ya estaba en ella. Comenzó en el 2013, cuando tenía 62 jóvenes años. No había dejado de trabajar en la profesión, más quería encontrar un espacio para sí, un ámbito personal, propio, de realización. La decisión estaba tomada: reducir las horas que dedicaba a la atención médica, para encontrar el tiempo para una nueva aventura.
Ella, le asegura a Pussetto que no cree en las casualidades y  su búsqueda fue uniendo eslabones, que formaron una cadena.
Un día, llega un paciente a su consultorio, como muchos que venían cada día, buscando la atención de su dolencia, Pero, este caso fue distinto. Dialogaron mucho, más allá de su enfermedad y encontraron un punto común en sus vidas.  A ambos les gustaba la Fotografía y la Pintura, Fue cuando él le comentó que su esposa era artista plástica y que juntos iban a abrir un lugar para el arte, que ya  tenía elegido el nombre: se llamaría Eutopía.
Me sugiere, cuenta,  que comience a pintar, si tanto me gusta. Y agrega feliz, le hice caso. Ese paciente, de nombre Ricardo Vallejo, por esas cosas de la vida, fue el puente para llegar a Lucía Carcur, a quien define como una mujer extraordinaria, por su sensibilidad y ternura, que la ayudó para cumplir el sueño de hacer algo para sí: pintar, comenzar a pintar a los 62 años. Con ella incursionó en la técnica en acrílico y con el Maestro José Utrera probó la acuarela, aprendiendo sus secretos. Hoy con sus 71 años sigue aprendiendo, ahora de la mano de la profesora Gabriela Bárcena. Y es feliz.

 

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