INFORME ESPECIAL  

Los logros de las mujeres en derechos e igualdad, exige cambios culturales

DE CÓMO REFLEJAR INSTITUCIONALMENTE EL PROCESO DE “FEMINIZACIÓN” DE LA MEDICINA

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Los datos son claros y contundentes. La matrícula de las mujeres en nuestra profesión ha sido creciente y sostenida. Hoy podemos decir que superan a los varones en el ejercicio profesional. ¿No habrá llegado el momento de conformar, como se hizo con los jóvenes, una Comisión de Mujeres Médicas, que aporten a la consolidación de la institución, desde sus propias vivencias, de sus particulares experiencias? Es más, ¿no habrá llegado el momento que nuestro nombre -Consejo de Médicos- las incluya, las abarque, las integre, poniéndose a tono con los cambios culturales de la sociedad? Son las preguntas que se hacía el Dr. Héctor Rolando Oviedo, vicepresidente del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba, previamente a la Resolución de Junta Directiva de crear la Comisión de Mujeres, como respuesta institucional a su propuesta. Tras una introducción sobre el tema, ETHICA DIGITAL habló con su impulsor (Luis Rodeiro).

Una larga batalla

La lucha de las mujeres por sus derechos y su dignidad tiene años y años de historia. Pero es, ahora, en el siglo que vivimos, cuando podemos considerar que la mujer ha ganado definitivamente esa batalla cultural contra la discriminación, las postergaciones, la desigualdad, la supervivencia de valores propios de la sociedad patriarcal. Precisamente, los acontecimientos que dan lugar a la celebración del Día Internacional de la Mujer, tuvieron lugar hace 114 años, cuando un grupo de operarias de una empresa textil, en Estados Unidos, llegan a la huelga, como reacción a las injustas condiciones de trabajo que soportaban y que llegan a cobrarse vidas de trabajadoras. Su grito se hace alarido en distintas partes del mundo. 
Larga batalla que va ganando espacios. Hace 174 años, que las mujeres comienzan la larga lucha por el voto femenino y el reconocimiento del derecho universal no sólo de elegir, sino también de ser elegidas. En Argentina, en este año, el sufragio femenino cumple 73 años de vigencia. No fue fácil.
La historia está pletórica de esos hechos que abrieron caminos a los logros de hoy. De esa lucha no está exento, por cierto, el derecho a ser médicas, de ejercer la profesión en igualdad de condiciones con el hombre. Tampoco fue fácil. 
Dos historiadores, Leticia Rodríguez Pimentel y Rodolfo Silva Romo(1), nos relatan el caso, que ahora nos asombra, “de un tal James Barry, quien se graduó en 1812, en la Escuela de Medicina de Edimburgo. Los datos hablan de un profesional sobresaliente, que llegó a Cirujano Mayor e Inspector General de Hospitales de la Armada Británica. Incluso se registra su participación como médico en la batalla de Waterloo”. De gran reputación profesional, este galeno de “modales bruscos, corta estatura, voz aguda, lampiño”, guardó durante cincuenta años de práctica médica el gran secreto que sólo se develó a su muerte. Su autopsia demostró que era una mujer, relatan Rodríguez Pimentel y Silva Romo. La fuerza de una vocación.
Quizás sea más conocido el caso de Marie Curie (1867-1934) que la historia revela con sobrados fundamentos que ella, junto a su marido, realizaron grandes aportes a la medicina en el campo de la radioactividad, lo que le valió el Premio Nobel de Física y, posteriormente, el de Química, pero a quien se le negó su ingreso a la Academia Francesa de Ciencias, sin otra posible razón que su condición de mujer, deducen los investigadores mexicanos.
En general, estas primeras mujeres que afrontan el desafío de ser médicas, por los prejuicios sociales y culturales de la época, debieron ser simultáneamente luchadoras por los derechos de la mujer en el sentido más amplio del término. Son los casos de Elvira Rawson de Dellepiane, quien obtiene el título de médica en 1892 o el de Alicia Moreau de Justo, quien se recibe en 1914 con diploma de honor, que se convierten a partir de luchar por hacer realidad su vocación  –desde distintas posiciones ideológicas- en activistas por el voto femenino.
Una gran escritora, también mexicana, Rosario Castellanos, es reconocida en el mundo por su autoría de textos, que tienen como eje a la mujer desde la búsqueda literaria. Pero, en un ensayo, publicado en 1973, que titula “Mujer que sabe latín”, reconoce que en los momentos que escribe, ya se está lejos “de los tiempos en que los maestros de Medicina Legal de la Facultad de Derecho, se negaban a dictar su cátedra si en el auditorio había elementos femeninos porque les parecía delicado herir los castos oídos de las alumnas con los nombres de las partes pudendas del cuerpo humano o las descripciones de delitos que seguramente jamás habían imaginado”.

(1). Trabajo publicado en la Gaceta Médica Mexicana, Vol. 139, Nº 6, noviembre-diciembre 2003.
 

 

La experiencia cordobesa

Los archivos del Consejo dan cuenta de las primeras mujeres que, en Córdoba, recibieron su título de médicas. Este año, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la institución recuerda -en una exposición montada en nuestra sede- sus nombres y sus rostros, recuperados de su tarjeta de matriculación)2).
La primera médica, recibida en nuestra Universidad Nacional de Córdoba, es Margarita Zatzkin, que porta una historia personal novelesca, con un intenso dramatismo, que seguramente le dio la fuerza para hacer frente a todas las adversidades y recibirse. Hay quienes la presentan como la gran olvidada. Alicia Migliore(3), en un texto basado en una investigación de Boris Blank(4), la rescata, definiéndola como protagonista no solo de la historia de Córdoba, sino “de la humanidad con sus grandes desencuentros y de la lucha de las mujeres por conquistar sus espacios”.
Margarita Zatzkin nace en 1891, en Odesa, en aquella época bajo dominio imperial ruso (actual Ucrania). Junto a sus padres, vive la persecución del pueblo judío, huyendo de los programas antisemitas de la Rusia zarista. Al huir, queda atrás “la bucólica vida campesina, para enfrentar nuevos peligros, impelidos por la necesidad de sobrevivir a la intolerancia y el terror que amenazaba sus vidas”.
Como recuerda Migliore, siguiendo la investigación de Blank, sobreviven al viaje en la bodega del vapor Petrópolis, pese a las mínimas condiciones de salubridad existentes. “Con el instinto gregario que une en la adversidad a los seres vivos, esta pequeña familia fue acogida en Moisés Ville, en Entre Ríos(5), por sus paisanos judíos, con quienes comparten el mismo idioma, el mismo pasado y los mismos sueños”. Margarita, con solo siete años,  es una “inmigrante judía analfabeta” en Argentina.
Pronto, según la historia que seguimos por los textos de Miglione y Blank, se radican en Córdoba probablemente buscando otro clima para su madre enferma. Sus saberes no le sirven demasiado en la Córdoba colonial, donde no hay vacas para cuidar y ordeñar. La soledad y tristeza por la muerte de la madre se transforman en un ímpetu vertiginoso para lograr la promoción humana y social a la que aspiraba. Ahora le llaman resiliencia(6), condición que le sobra a Margarita.
Extranjera, casi analfabeta, descubre que será la educación la herramienta transformadora de la realidad, la suya y la de su entorno. Decidida a avanzar en su formación solicita su aceptación en el Colegio Nacional de Monserrat como alumna regular y obtiene título de bachiller en 1902. El mismo Colegio Nacional de Monserrat que un siglo después se negaba al ingreso de mujeres.
El párrafo precedente no es sólo una frase, escribe Miglione; si hacemos un análisis detenido advertiremos varios datos relevantes que nos dan marco a una situación excepcional y revolucionaria: una mujer, una extranjera, a fines del siglo XIX, en el colegio que se jactó de ser el centro de formación de la dirigencia cordobesa, de donde saldrían los hombres que forjarían la historia, conforman un cóctel explosivo.
Alternando las estampillas del Correo Nacional donde trabajaba, con la química y las fórmulas obtuvo su título de Farmacéutica en 1905. Fue la primera mujer que egresó de esa carrera en la Universidad Nacional de Córdoba. Sin embargo, su gran admiración por el médico de los pobres colonos judíos radicados en Entre Ríos, Noé Yarcho, había provocado en ella una vocación irreductible: estaba decidida a ser médica. Y con el tesón que la sostuvo en la mayor adversidad obtuvo su título de Médica en 1909. La primera mujer egresada como médica ginecóloga en nuestra querida cuatrisecular universidad(7). Desde entonces y hasta 1927, en Córdoba egresaron cinco médicas cirujanas más: Amparo Lafarga, Isabel Rodríguez, Rosa Racowsky, Marina Capelloni y Rosa Nava

(2). La muestra se abre al público en general, el día 8 de marzo, en un acto de homenaje a las Mujeres Médicas, en el marco del Día Internacional de la Mujer, que se reseña en la presente edición.

/3). Escritora.
(4). Profesor titular por concurso en la Cátedra de Ginecología y Obstetricia de la Universidad Nacional de Córdoba.
(5). Dora Barrancos, quien también escribió sobre Margarita Zatzkin, la ubica en Santa Fe.
(6). En psicología, capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas.

(7). Actualmente el Museo de Ciencias de la Salud que se encuentra en el Hospital Nacional de Clínicas expone el ejemplar manuscrito de la tesis de Zatzkin.

 


Lo que dicen las estadísticas

Los archivos institucionales nos permiten conocer la realidad entre el transcurso del periodo 1962 – 1966, primeros datos completos, teniendo en cuenta que el Consejo, fue creado por decreto de la Intervención Federal de la Provincia en 1961 y que recién se convierte en ley en 1965. En ese primer registro, los médicos varones representan el 91,21 % de los matriculados. El total de médicos llegaba a 3.622 colegas y las mujeres solo ascendían a 349. Indudablemente, en ese tiempo, como resulta obvio la medicina era una profesión de varones.
En el periodo 1967-1971, las mujeres médicas pasan de ese 349, que representaba el 8,9 % de los matriculados, a casi el doble: 798, configurando el 12,19 por ciento del total (6.548). Estos datos hablan de un largo proceso, todavía en marcha, que se expresa en distintas profesiones.
La Dra. Haydé Birgin, ya fallecida, abogada y especialista en el tema de la mujer señala tres hitos históricos, que influyen decididamente en este cambio cultural. Por un lado, el acceso al trabajo, que es una ruptura con la cultura que le adjudicaba, con solo algunas excepciones, su lugar en el hogar y el cuidado de los hijos. Sin duda, es un cambio con profundas repercusiones en el mundo social, económico y político. 
No menos importante para Birgín, fue el acceso a los estudios, particularmente a la universidad, que significó el ingreso, por derecho propio, al mundo socio-cultural. La investigadora, aclara con precisión, que bajo el concepto de universidad debemos incluir la proliferación de estudios superiores o no, ya que es el medio ambiente que facilita el acceso al trabajo y a las estructuras sociales.
El tercer factor, quizás para algunos más polémico, es el auge de los anticonceptivos, que para Birgin significó que las mujeres pudieran romper el condicionamiento de la reproducción y  con ello la posibilidad de controlar y decidir sobre su descendencia, que les ha permitido liberarse de los designios biológicos.
Lo real es que el fenómeno es notorio. De aquella casi duplicación de la matrícula femenina entre 1962 y 1971, se llega al 36, 75 % en el lustro 2002-2006. En la actualidad, en el universo de las matrículas activas, los varones médicos quedaron rezagados, representando el 49 % del total. En el siglo de la mujer, las mujeres médicas llegaron al 51 %, con una tendencia a seguir ampliando la diferencia con los varones. La medicina ya no es una profesión reservada a los hombres.
De 73 especialidades, en un universo de 10.846 colegas, en 38 son clara mayoría las mujeres(8). En 4 están empatadas con los varones. 

(8). Alergia e Inmunologia (76%); Anatomía Patológica (77%); Citología Exfoliativa (68%); Dermatología (84%); Diabetología (90%); Endocrinología (84%); Endocrinología Ginecológica y de la Reproducción (100%); Endocrinología Pediátrica (100%); Gastroenterología (60%); Gastroenterología Pediátrica (75%); Genética Médica (91%); Geriatría (59%); Hematología Clínica (68%); Hematologìa y Hemoterapia (68%); Infectotogía (60%); Infectología Pediátrica (67%); Medicina Gral, de Cabecera, Familiar y de la Comunidad (64%); Medicina de Emergencias Pediátricas (81%); Medicina Interna (57%); Medicina Paliativa (68%); Microbiología Clínica (94%); Nefrología Pediátrica (94%); Nefrología y Medio Interno (54%); Neonatología (81%); Neumonología (56%); Neumonología Pediátrica (86%); Oftalmología (51%); Oncohematología Pediátrica (82%); Oncología Clínica (52%); Pediatría (76%); Psiquiatría (54%); Psiquiatría Infanto Juvenil (79%); Radioterapia Oncológica (54%); Rehabilitación Médica (72%; Reumatología (64%); Salud Pública (68%); Tocoginecología (68%); Toxicología Clínica (65%).
 

El diálogo con el Dr. Héctor Rolando Oviedo

ANTE NUEVAS REALIDADES, NUEVAS RESPUESTAS

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Desde hace ya varios años, que se habla de la “feminización de la medicina”, haciendo referencia a la evolución de la matrícula de las mujeres médicas. Los últimos datos disponibles en el Consejo de Médicos nos dicen que ellas representan 51 % de la matrícula, contra 49 % de los varones y el crecimiento es sostenido. ¿Qué le sugiere esta realidad?
Sin duda, nadie puede dudar, que la situación de la mujer ha cambiado profundamente, pero en un proceso de larga data, que se aceleró en los últimos años, modificando  paradigmas culturales propios de otros tiempos. Es un fenómeno mundial, que se manifiesta en la política, en la economía, en lo social y que, por cierto, no podía estar ausente en la práctica médica. No fue fácil. Basta pensar en la fuerte oposición a que pudieran ejercerla. Afortunadamente quedó atrás, como quedaron atrás, las limitaciones que sólo las aceptaban en disciplinas de alguna manera auxiliares de la medicina. Leía hace poco el dato de que hacia 1918, el año de la Reforma Universitaria, se habían recibido un total de 87 mujeres, en nuestra Universidad, de las cuales 78 obtuvieron el título de “Parteras”, como se llamaba entonces. Todo eso quedó atrás.

¿La aceleración de ese proceso fue una suerte de sorpresa por el Consejo?
No, no hubo sorpresa. Al menos en el tiempo desde en que me acerqué a la tarea en el Consejo. Siempre hubo un seguimiento sobre el tema. De hecho, hay presencia de la mujer médica en la Junta Directiva; hay participación activa en las distintas comisiones. La ley sobre el cupo femenino, que fue una respuesta al proceso que se estaba dando, impulsó la presencia de la mujer en el Consejo de Delegados de Distritos, que es la instancia máxima de conducción. Pero, analizando el tema, con los datos en las manos, en una realidad que las muestra mayoritarias, creo que hay que dar unos pasos más, para reflejarlas en toda su dimensión. Recuerdo cuando se inauguró el Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas del Hospital Privado, hace ya algunos años, su Rector –el Dr. Luis María Amuchástegui- comentó que de 55 ingresantes, el 69 % eran mujeres.

¿Es desde allí  donde surge la pregunta que se hacía, acerca si no había llegado el tiempo de crear una Comisión de Mujeres Médicas?
En efecto, pero no para crear una suerte de coto separado, sino todo lo contrario. Es decir, la posibilidad de aportar una mirada propia, al conjunto de la institución. Esto tiene que ver con una política permanente de inclusión. Es lo que hemos hecho con la creación de una Comisión de Jóvenes Médicos, que a partir de sus propias vivencias de la profesión, de lo que falta o lo que sobra para ejercerla en plenitud, se integren a la política de la institución. O, el caso de la Comisión de Notables, que pretende aprovechar la experiencia profesional para pensar y ejercer mejor la medicina. No se trata, repito, de compartimientos separados, sino de una inclusión activa en la vida institucional.

Cuándo habla de una mirada propia de la mujer médica en relación con la profesión ¿a qué se refiere?
Me refiero a que hay situaciones que son propias de las colegas médicas, que deben ser analizadas y encaradas por las instituciones que representan a todos los médicos. Sabemos, por ejemplo, que las mujeres eligen preferentemente ciertas especialidades, como por ejemplo, las especialidades pediátricas en general, diabetología, medicina interna, tocoginecología, que están más ligadas a la condición femenina. ¿Cómo influye este dato en la planeación de políticas de salud? Hay hospitales donde trabajan una mayoría de colegas mujeres ¿cómo se resuelven las consecuencias de los permisos por embarazos y asistencia, sin que ello signifique una condena? Incluso, plantearse ¿si no es necesario habilitar guarderías en algunos centros médicos? ¿Cómo se aprovecha a nivel general la consideración de que las mujeres tienen una tendencia reconocida a una práctica más humanizada de la medicina, que mejora la relación médico-paciente? ¿Es real que las mujeres médicas ganan menos que los varones o que son discriminadas en ocupar puestos de dirección en centros médicos? Solo estoy mencionando ejemplos indicativos, a los que se pueden agregar muchos más y que seguramente una comisión de mujeres médicas puede agregar. ¿Será necesario aceptar en el caso de las colegas, cierta flexibilidad, como el trabajo parcial? ¿Bajo qué condiciones? Lo importante es conocer esa realidad, desde la mirada femenina, para delinear una política común de las instituciones médicas. Es, como digo y repito, una política de inclusión.

Pero su propuesta, ¿me parece que incluso va mucho más allá?
Hay un tema que me está dando vueltas en la cabeza y lo estoy conversando con muchos colegas. Este reconocimiento a la mujer ¿no tendría necesidad de un paso, más audaz, más amplio, más integrado? ¿El nombre de nuestra institución –Consejo de Médicos- no pertenece al pasado? ¿No sigue marcando acaso la hegemonía masculina que por años fue una característica de la profesión, por distintas causas dependientes de la evolución y de los cambios culturales que la historia de la humanidad va produciendo? Es un tema pendiente para el debate de todos. De médicas y de médicos.

Avances en el programa contra la agresión a colegas

UNA MAYOR CONCIENCIA Y PARTICIPACIÓN DE LOS MÉDICOS

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A pesar de los avances, el fenómeno de la agresión a los profesionales de la salud sigue presente en una sociedad en la que crece la violencia, como una manifestación de múltiples causas, que incluyen las realidades sociales, económicas, políticas, culturales. El Consejo de Médicos viene trabajando en la elaboración de pautas de prevención, desde hace 10 años, en una tarea permanente, donde paso a paso, se han logrado avances importantes. En la actualidad, como parte de los logros, se comprueba una mayor respuesta de los colegas, una mayor predisposición para notificar los casos de agresión, que es un valioso material a la hora de analizar y cuantificar el problema, al disponerse de mayor información para delinear políticas de prevención. De esto se trata este informe, que ETHICA DIGITAL, ofrece a sus lectores. (Luis Rodeiro / Entrevistas: Rodrigo Savoretti).

Un breve repaso histórico
El primer paso fue una amplia campaña de difusión en hospitales y centros de atención médica orientada a la sociedad, reclamando un “Basta a la agresión”, para poder ejercer el acto médico en plenitud, para que la medicina no se convierta en una profesión de riesgo, por la dignidad profesional.
Posteriormente, a través del CERSA, con la coordinación de los doctores Carlos Amidei y José Gustavo Monayar, se realizó un análisis profundo del tema, consultando información y experiencias, a partir de advertir que no estábamos ante un fenómeno puramente local, sino mundial y que las causas eran múltiples y complejas; entre ellas, la crisis general de los servicios de salud, el deterioro de la relación entre médicos y pacientes, las crisis de la economía en general y sus disparidades hirientes, de un clima social de hartazgos. Situaciones que estaban afectando principalmente a los profesionales más jóvenes y más expuestos por su rol en la atención de la salud. Para conocer la realidad, se recurrió a una encuesta que proporcionó datos concretos, a pesar de la reticencia inicial de los colegas, como  por ejemplo que las víctimas más frecuentes eran las mujeres y los jóvenes en general.
Un paso fundamental fue la inclusión en la Página Web institucional de un link para que los colegas agredidos tuvieran la posibilidad de notificar la situación y contar con la solidaridad activa del Consejo en el apoyo concreto a su caso. Política que es la razón de esa mayor predisposición de los colegas, que es un dato concreto de la actual situación. Cambio de actitud, derivado del apoyo inmediato que recibía por parte de la institución, al punto que los que la recibieron, recomiendan ahora a los colegas agredidos a realizar su reporte.
Se consideró que había que instalar el tema a nivel legislativo, porque el problema –por su gravedad y permanente incremento- era sin duda alguna un tema de salud pública. Hubo una buena recepción que hoy por hoy, tanto a nivel municipal, como provincial, la agresión se convirtió en una falta punible, con penas de distintos tipos.


La actualidad del programa
A afectos de desarrollar los conceptos de “Hospital Libre de Violencia y Hospital Amigable” se realizan permanentemente visitas a Hospitales provinciales de capital e interior. Ya se constituyó en el Hospital Córdoba el Observatorio de Violencia en la Salud con participación de diferentes áreas, especialmente las más críticas en la producción de hechos de violencia. Hay contactos con otros establecimientos para su creación.
Se han realizado Seminarios y encuestas con la Federación Médica de la Provincia de Buenos Aires y con la Federación Médica de la Provincia de Córdoba, así como con otras entidades con la intención de generar un Programa Federal de Prevención de la Violencia en la Salud.
Se está trabajando para incorporar en los hospitales la Mediación como Método alternativo de Resolución de Conflictos; especialmente para prevenir la violencia entre los integrantes del Equipo de Salud.
Entre las actividades docentes que se realizan se están programando cursos para Médicos de primer nivel de atención, de guardia y de asistencia domiciliara. La organización es  conjunta con otras comisiones del CMPC.  Entre otro material, se utilizarán las Guías de Prevención de la Violencia en la Salud recientemente elaboradas y de Relación Médico-Paciente, que están disponibles en la página del CMPC.
Los hechos de agresión contra los colegas hasta ahora tenían como epicentro las grandes ciudades. Por la información proveniente de los Delegados Distritales, se registraron agresiones a médicos en pequeñas poblaciones y esto pone en evidencia la extensión de la violencia. Y nos debe alertar.

Testimonios concretos

En este informe, ETHICA DIGITAL quiere concentrarse en testimonios de protagonistas, tanto en la aparición de la agresión en poblados más pequeños, como es el caso de un colega agredido en Santa Rosa del Río Primero, como la importancia de difundir la experiencia del Observatorio en la Violencia en Salud, en el Hospital Córdoba, y los esfuerzos por ampliar esta iniciativa, así como los pasos dados para el trabajo de las unidades hospitalarias con la comunidad, con un objetivo claro de concientización. 

Un caso testigo en el Interior Provincial
(Testimonio de G.B.)(1)

Yo soy médico en un hospital del interior, en la localidad de Santa Rosa de Río Primero. Me identifico como GB, por razones personales.
Me desempeño como médico general de guardia, desde hace unos 20 años en la institución. Fui empleado, monotributista, contratado y después de mucho tiempo pasé a planta permanente. 
El hecho ocurrió este año, en enero. Era un día martes, en horas de la siesta, y me desempeñaba como médico de guardia. Estábamos en lo que sería la zona de emergencias del hospital, un hospital público, con dos enfermeras que estaban acompañando en el área de trabajo. De repente aparece un señor, quien de modo intempestivo y violento, nos pide ayuda porque tenía la señora descompuesta en el vehículo afuera del hospital. 
Como ya estamos acostumbrados a que muchas veces, todos quieran ser atendidos rápido, le dijimos que  baje a la señora, que vamos a brindarle atención de inmediato. En ese momento no había trabajo, no había nadie en emergencia, no había gente esperando, no había gente internada en observación, no había medicación pendiente. Estábamos las dos enfermeras y yo, atentos a cualquier consulta. Les digo a las enfermeras que acerquen una silla de ruedas,  para bajar la paciente, en el caso de que no pueda hacerlo por sus propios medios.  El señor me toma de las manos, me levanta de la silla y me dice en forma agresiva: “la puta que te parió, mové (sic) el culo; a ustedes a patadas en el traste hay que hacerlos trabajar”
Me arrastró unos metros y una de las enfermeras atina a defenderme diciendo que me deje, que me suelte, que no me agreda y recibe un empujón que queda la pobre enfermera apoyada contra la puerta de un consultorio. Queda ahí en la guardia shockeada, mientras la otra enfermera sale pidiendo ayuda a los gritos a todo el hospital, avisando de que me estaban agrediendo. Yo no atiné a nada porque me sujetó de las manos y me llevó a la rastra; yo creía ofrecer resistencia y decir no me voy a sumar a la agresión de este señor, porque voy a terminar mal yo y lamentablemente no sabía lo que tenía la paciente. 
La enfermera insiste en que me deje, el señor me deja de agredir en medio de insultos y empujones me saca del hospital y me pone al frente del auto donde estaba su señora sentada y me dice “que esperas, sácala”, aparece de nuevo la enfermera que había pedido la silla de ruedas que estaba shockeada y le digo que por favor acercara la silla porque era una señora bastante grande físicamente, y si se llegaba a desvanecer no iba a poder levantarla con mi cuerpo, me dice “pero no seas cagón, agárrala”. Entonces la sacó él a la señora a la fuerza y la apoyó en el paragolpes donde estaba sentada y la dejó ahí parada hasta que vino gente, que a todo eso con el pedido de ayuda de mi compañera aparecieron colegas, gente de seguridad, gente de limpieza, de cocina y el señor seguía a los gritos totalmente sacado, yo ahí perdí por un minuto la conexión con la violencia y cuando conecto de nuevo ya estaba con la paciente preguntándole qué le pasaba pero no sé si la señora fue caminando o si la sentaron en la silla de ruedas, yo lo que hice después de la conexión con tanta violencia, era que estaba como arrodillado al lado de la silla preguntándole qué le pasaba y lo único que alcanzo a decir ella era que era diabética, que había estado descompuesta con muchos vómitos. 
A todo esto se acercan unas personas, una médica de terapia y una colega de la guardia y me dicen “GB retírate, ya está, terminó tu trabajo acá” y yo como que entre la bronca y la impotencia quería estar ahí para ver cuál era realmente la emergencia para que justifique semejante agresión y los chicos me dijeron “ya está GB, andá, relájate, no puedes seguir estando acá”. Se sentían los gritos de la pareja de la señora que inclusive llegó a intentar levantar la mano a las enfermeras y una de ellas les dijo “¿a una mujer también le vas a pegar?” y ahí llegó la policía que lo identificó; el señor es una persona conocida de la localidad porque trabaja en la municipalidad y el padre es policía retirado. Yo una vez que termina el acto policial de identificarlo me, acerqué al personal policial a que me tome la denuncia, el oficial me lleva a la comisaría, me toma la denuncia, pide los datos, y mientras me están identificando, se acerca nuevamente el señor violento diciendo que también quiere hacer una denuncia. Yo agarré y le dije al policía que no iba a declarar con este señor, que por favor me lo sacara, la policía le dice que se retire que cuando termine con mi denuncia lo iban a escuchar a él. 
Ese fue lo que que ocurrió en el hospital. Obviamente yo estuve dos días mal porque no conseguía entrar en razones de tanta agresión, más que yo vengo de un año duro de Covid; que perdí a mis padres en un año.  Como que después de lo que pasó con mis padres yo no tengo reflejos ni reacción como para hacer más problemas. O sea, yo creo que más problemas que ése no va a tener nadie. 

(1). Siguiendo los criterios de los reportes de casos de agresión, éstos pueden ser anónimos o con siglas, prescindiendo del nombre, ETHICA DIGITAL respeta la decisión del médico agredido.


Entre el apoyo del Consejo y el laberinto judicial    
Los colegas me dijeron que acudiera al Consejo, en busca de apoyo. Me dieron el nombre del Dr. Héctor Oviedo. Lo busqué en la sede y en ese momento no estaba. Esperé y a los pocos minutos se juntó conmigo y me pidió que reportara mi caso en la Web del Consejo, que obviamente hice. Pero que, además, hiciera la denuncia judicial.  Yo había hecho una denuncia policial. Y tardé en hacerla, porque estaba sin fuerzas.
Pasó una semana hasta que fui a Tribunales Uno, de ahí me mandaron a Fiscalía, Tribunales Dos, que estaban de turno porque era feriado. Al día de hoy que no tengo novedades.
Habrá que buscar caminos para hacer cumplir la ley, porque se trata de una falta. Yo quisiera que de alguna forma  el señor pague por su agresión. Ahora, el Consejo me permite decirlo por esta vía.
Venimos muy golpeados y me parece que no es justo que tengamos que callarnos y hacer la vista gorda de que esto es normal.  A mí que me insulten, me entra por un oído y me sale por el otro. Lamentablemente estoy acostumbrado, no es de ahora recibir agresiones pero ya la violencia física me pareció mucho porque no tenía razón de ser, a nadie maltrato, a nadie le negó asistencia, no abandoné a un paciente; no entiendo realmente esta agresión.
No acepto violencia de ningún tipo y no me sumo a ningún acto de esta índole, y el destino dirá si estoy equivocado o si soy un sonso que me dejo pisotear en ese sentido. Yo a mi trabajo lo hago lo mejor que puedo las 24 hs que me toca sin dormir, sin comer porque me pagan por trabajar y es algo que yo elegí y no quiero que me gane la violencia y me cansé y tenga que dejar de hacer lo que me gusta.

El trabajo con la comunidad como clave de prevención
(Testimonio del Dr. Pablo Aguirre)
Soy el Dr. Pablo Aguirre. Me desempeño desde hace muchos años en la guardia de adultos del Hospital Misericordia,  que está inmersa en una comunidad y sector social muy postergado de la Ciudad de Córdoba, y bueno, los hechos de violencia han sido frecuentes.
Prácticamente comenzaron cuando empecé a trabajar allí, hace ya doce años. Pero con el tiempo se han hecho mucho más frecuentes. 
Personalmente no he sufrido hechos graves de violencia, si bien la violencia verbal es bastante cotidiana en ciertos días de la semana, si he estado presente en hechos de violencia contra colegas; o sea hechos de violencia física, relacionados al último pico de pandemia. 
Un caso puntual fue el de un colega residente que fue agredido mediante un golpe de puño en su rostro hace poco tiempo atrás.
Ante esta situación, si bien estaba personal policial en la institución, no estaba donde debía encontrarse y cuando se lo encontró, no sancionó a la persona habiendo una ley en la provincia que sanciona justamente este tipo de agresiones.

En ese momento no hubo mayor contención por parte del Hospital ni del servicio. Sé que este colega lo reportó en el Consejo y apenas salimos de la guardia, hicimos la denuncia policial. 
Las causas son múltiples. Primero que nada, vivimos tiempos violentos en la sociedad. En los últimos años, yo creo que nuestro país y el mundo se han vuelto más violentos. Eso por un lado. 
Por otro, hay una pérdida de valores que llevan no solamente contra el personal de salud, sino contra otras figuras que eran históricamente respetadas como los maestros, que día a día también son violentados. 
Esto sumado a cierta crisis en el sistema de salud, que lleva a que pacientes que tengan una dificultad en el acceso o en la atención tengan ciertas incomodidades en la hora de la espera, lo cual ya los impregna de una carga de malestar que muchas veces termina en violencia. 
Así mismo influyen los problemas que tenemos los trabajadores de la salud  desde hace tiempo: las condiciones de trabajo, el salario que se ha ido licuando, más este sobre esfuerzo que sufrimos, que nos lleva a un estrés que deriva en una despersonalización como profesionales, la falta de empatía, etc. Todos estos elementos son los que llevan hoy en día al aumento de la violencia.
Por cierto, la pandemia, especialmente en su tercer pico, incrementó notablemente los casos.  Yo esperaba que esto se diera en el primer pico, cuando llegaban esas imágenes de Europa con los hospitales colapsados. Temía que se pudieran sufrir los mismos colapsos y en esa desesperación que aumentara la violencia. Pero no fue así, de hecho en las dos primeras olas, y hasta en la segunda que fue donde más situaciones graves vivimos con situaciones extremas prácticamente en nuestra institución no hubo situaciones de violencia. 
En cambio en el tercer pico, se produjeron muchas colas debido a la confusión de los pacientes entre lo que era un centro de hisopados y un centro de atención y urgencia. Y eso generaba largas esperas, impaciencia. El hecho de que empezamos a sufrir mayores contagios los trabajadores de la salud, hizo que el personal -que siempre es escaso- mermara mucho más. Ello aumentó la violencia verbal y también la física. 
Se dan distintos tipo de violencia, verbal, física. Pero desgraciadamente se suele dar también entre el propio personal de salud; entre la comunidad y los profesionales, son hechos frecuentes. También se dan hechos de violencia a nivel laboral por parte de algunos superiores para con otros trabajadores de la institución. Ya sea la violencia explícita, o a veces insinuada de alguna forma, pero que tiene el mismo efecto.
El problema es más general y las herramientas de prevención, digo puntualmente en nuestro lugar de trabajo no están del todo presentes y por eso yo creo que suceden los hechos que se han venido dando. Sé que el Consejo está preocupado por ello.
Esas herramientas hay que crearlas, hay que definirlas. Creo que, además, en distintos espacios, que tienen que ver con lo sindical, organizativo, se pueden encontrar esas herramientas y en eso estamos. Tratando de acercarnos a las autoridades, para trabajar juntos en planes de acción concretos.
Esas herramientas hay que crearlas, hay que definirlas. Creo que en distintos espacios, que tienen que ver desde lo sindical, organizativo, se pueden encontrar esas herramientas y en eso estamos. Tratando de acercarnos a las autoridades, para trabajar juntos en planes de acción concretos. 
Desde estos espacios del Hospital, comenzamos a acercarnos hace ya un tiempo a la comunidad, a diferentes organizaciones sociales y culturales de la comunidad del Hospital, para generar un vínculo que nos permita trabajar con la misma.
En cuanto a la seguridad en sí, se han hecho pedidos para contar con personal preparado con un fin disuasivo, ante hechos de agresión. Creemos en la necesidad de la presencia de personal policial con dicho fin. 
A su vez, intentábamos organizarnos en ese sentido y en el último tiempo el Consejo, tomó contacto con nuestro Hospital debido a unos hechos de violencia que tuvieron conocimiento público y bueno, también se han sumado a este trabajo con un proyecto de formación de un Observatorio de Violencia. Algo que también proyectábamos en el Hospital, generar un Comité de trabajadores y personal directivo para ponernos de acuerdo y organizar la seguridad del Hospital. 

Necesitamos por cierto un gran apoyo para dar respuesta que tiene que ver con los reclamos que venimos haciendo hace ya un tiempo. Cuestiones concretas como policías que tengan la función de disuadir a los violentos. 
Cuando ingresé al Hospital había en su momento una empresa de seguridad privada, eso generaba una tranquilidad institucional notoria. Pero no alcanzó a durar un año por problemas económicos. Desde ahí, los hechos de violencia y falta de contención por parte de la institución, comenzaron a crecer. Entonces pedimos mayores soluciones trabajando con la comunidad, mejorando los servicios de salud que muchas veces son las chispas que generan estos hechos de violencia. 
Como profesionales, si bien es entendible la situación socioeconómica que vivimos, no podemos obviar que hay una crisis que por ahí nos lleva al sobre empleo, con falta de recursos, y esto nos lleva, a su vez-  a una vorágine diaria que termina con esta despersonalización. Entonces creo que debemos tener bien claro en el día a día, por qué hacemos lo que hacemos. 
Pienso que la mayoría somos médicos tenemos la vocación de estar, de ayudar, de sanar, y cuando no lo podemos hacer, de acompañar. Hay que retomar la empatía con el paciente y a veces no prendernos cuando nos agreden verbalmente, porque suele ser el anzuelo desde el que caemos. La empatía del personal de salud es lo que creo que debe primar.
La actividad de una institución como el Consejo y la organización de los trabajadores de la salud es algo muy importante, por lo que pueden aportar. Es lo que permite poder defender derechos que tenemos que pueden ser avasallados, sino además, a veces, extender nuestro trabajo con la comunidad, no solo en el consultorio sino para afuera del consultorio o institución misma.

SEGUIR ABRIENDO CAMINOS PARA LA PREVENCIÓN

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Dentro de las acciones que el Consejo de Médicos, a través del CERSA, se realizó en la última semana de marzo, una importante reunión para analizar el tema de las agresiones al personal de Salud, la Junta Directiva, a través de su Presidente, Dr, Andrés de León, acompañado de los doctores Héctor R. Oviedo, Jorge Mainguyague y María Cristina Ferrer, y miembros del CERSA, mantuvieron una reunión con el Comisario Inspector Omar Ariel Pastoriza, donde se realizó un análisis del problema de afecta a los colegas y a todo los trabajadores de la salud.

La experiencia del primer observatorio de violencia

(Entrevista con el Dr. Pablo Monayar, integrante del Observatorio de Violencia del Hospital Córdoba. 

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¿Cuándo y por qué se funda el Observatorio?
El Observatorio se constituye a fines del año 2019. La creación del Observatorio estuvo influenciada por una inquietud de la Comisión del Cersa del Consejo de Médicos, que propuso al Hospital desarrollar en nuestra institución el primer Observatorio de Violencia en Hospitales del país.

¿Quiénes lo componen? ¿Cómo es su metodología de trabajo?¿Han sido influenciados por algún otra /experiencia cercana?
Está compuesto por los directores médicos, por el director de recursos humanos que es abogado, por los jefes de departamentos, los jefes de servicios y  también la gremial del Hospital, así como la jefa de servicio social y la jefa del servicio de salud mental. 
La metodología de trabajo consiste en reuniones periódicas que se hacen una o dos veces por mes. Son reuniones informativas y de programación de actividades. 
En principio en la búsqueda que hicimos no hemos visto que hubiera este tipo de Observatorios en instituciones públicas en el país. 

¿Qué conclusiones se han obtenido hasta el presente?
Hasta el momento lo que venimos desarrollando es un estudio observacional. Hemos tenido episodios de violencia dentro de la institución que hicieron ponernos alerta. Esto nos motivó a desarrollar la comisión del Observatorio. Transmitimos lo observado a la dirección, que hasta el momento es la responsable de emitir las normativas de trabajo con respecto a esos colegas que reciben violencia o en algún caso pueden ser los que la emiten.

¿Se tiene pensado realizar algún otro tipo de intervención, más allá de la observación?
La idea es ir desarrollando planes de capacitación para prevención de la agresión de familiares y pacientes o entre compañeros de trabajo. Violencia que viene escalando debido a la situación general del país.

¿Aumentó en pandemia la violencia? ¿Hay una violencia particular contra las mujeres jóvenes?¿Qué tipos de violencia ocurren dentro de la institución?¿Cuál es el más frecuente?
Durante la pandemia, el aislamiento y el estrés generado por esta situación, sumada la situación económica que se agravó para todos los trabajadores de la salud, incluso teniendo dos o hasta tres trabajo por médico, se genera una situación de gran insatisfacción, lo que se identifica como  Síndrome de Burnout, y agotamiento psico-físico que nos hace poco tolerantes ante los requerimientos de colegas o los requerimientos de familiares. Esto logra que se vaya escalando en el conflicto y pueda terminar en un acto violento de una o ambas partes.
Los tipos de violencia que ocurren en la institución son los mismos que ocurren en cualquier ámbito laboral. Van en el abanico de posibilidades de un extremo al otro. Hemos llegado a tener agresiones físicas por parte de familiares hacia algún profesional y también hay agresiones físicas entre los propios colegas. Esto puede depender de múltiples factores sociales y económicos. Y también ocurren por supuesto, las violencias institucionales como manifestación de poder entre compañeros de trabajo. Esta es la más frecuente de las violencias que sufrimos en la institución.  

¿Cuál es la crítica constructiva que se le puede hacer a los Estados ya sea nacional, provincial o municipal y a la comunidad médica en general sobre el tratamiento de este tema?
Como crítica a cualquiera de los Estados, se puede decir que ha faltado enseñanza y capacitación en comunicación. Por ejemplo comunicación de malas noticias y comunicación entre profesionales. Eso es algo que deben tener todas las instituciones en su ámbito laboral, no solo en el área de Salud. Pero la salud por tratarse de una situación crítica con respecto a un familiar enfermo, tiene una necesidad de ser más delicado a la hora de comunicar.

 

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