INFORME ESPECIAL  

60 AÑOS - CONSEJO DE MÉDICOS DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA

60 años
Jirones de una historia para armar

El Consejo de Médicos de la Provincia conmemora, recuerda, nada menos que 60 años de vida institucional.  Más allá de las luces y las sombras que pueda ofrecer su historia, como toda historia,  la vigencia y la proyección actual son reflejos de una consolidación y de un reconocimiento institucional sólido. El Consejo de Médicos es una realidad que se ha sobrepuesto a largas y profundas crisis políticas y económicas del país y de la provincia, a intereses particulares de grupos pequeños, pero poderosos. A pesar de ello, el Consejo está vigente, consolidado, con un amplio margen de acción en defensa del derecho a la salud, la promoción de la medicina, el respeto a la dignidad de la profesión médica y a su ejercicio ético y solidario.

Parto doloroso

El 17 de febrero de 1961, la Intervención Federal decretada por el gobierno nacional para nuestra provincia, crea por decreto ley 41/61, al Consejo de Médicos, basado en un proyecto que impulsan mancomunadamente el Colegio de Médicos y la Federación Médico Gremial. Las vicisitudes de la política obligaron a esperar para su conversión  en ley (sancionada con el registro 4853) hasta el 29 de octubre de 1965, bajo el gobierno de Don Justo Páez Molina, cuando la asamblea legislativa aprueba el proyecto con base en el decreto de cinco años atrás.
En ambos documentos se lee como artículo primero “Queda constituida la entidad denominada Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba, que funcionará como persona de derecho público, con capacidad para obligarse pública y privadamente”. Y el segundo añade: “El Consejo de Médicos estará integrado por los profesionales médicos que ejerzan en la Provincia de Córdoba, matriculados en el registro que con tal objeto llevará la entidad”. Y en los sucesivos artículos, con leves modificaciones, se definen sus objetivos y estructura organizativa, que en línea general se conservan hasta ahora. 
En esos cinco años que van del decreto a la ley, comienza a tener vida real la institución deontológica de los médicos de Córdoba, dando los pasos legales exigidos. 
El primer presidente del Consejo de Delegados de Distritos, Dr. Ricardo Podio, reconocido profesional, en marzo de 1962, publica en el Boletín de la institución, precursor de lo que después sería la Revista ETHICA, en su primen número con orgullo de los primeros pasos de “Nuestro Consejo”: 
“Con la creación del Consejo el gremio médico inicia el automanejo de sus asuntos. Es un hecho de mucha significación e importancia, presente y futura. Seremos responsables de la marcha de una serie de cosas cuyo erróneo rumbo actual atribuíamos, con mucha desaprensión y superficialidad, a otros. Ahora deberemos enfrentar toda la responsabilidad que esta situación implica”.
Es necesario que, sin excepción, todos lo comprendamos así y no mostremos dispuestos a la colaboración, que la buena marcha de la organización requerirá. Desde el ejercicio del voto para la elección del delegado distrital hasta el cumplimiento de las diversas labores que nos puedan corresponder, todos los actos exigirán la buena voluntad, la discriminación consciente y el interés permanente de cada uno de los integrantes del cuerpo médico, si queremos soluciones que satisfagan nuestras íntimas aspiraciones”.
Un grupo reducido de colegas comprendió desde hace un tiempo la urgencia de la participación médica en el estudio y gobierno de sus problemas y en la defensa de sus intereses. Dieron origen a la acción gremial, impulsaron los colegios en nuestro medio; e inspiraron una serie de leyes que hoy organizan, amparan y mejoran el ejercicio de la profesión.

Por su parte, el primer presidente de la Mesa Directiva (luego transformada en Junta Directiva), Dr. Carlos Rodríguez, en la misma línea de Podio, escribe:
“Esta realidad que es nuestra entidad, largamente esperada, ha de llenar el vacío que existía en vuestra legislación sanitaria. A través de ella hemos de concretar las ideas que al respeto hemos venido postulando los médicos gremialistas de la Provincia y que pueden sintetizarse así: defensa de las conquistas del gremio, correcto ejercicio de la profesión, todo en beneficio de la Salud pública”.

 


Los padres fundadores

Ese logro no es fruto del azar. El Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba es fruto de una lucha gremial, prolongada y perseverante, donde los médicos no bajan los brazos a pesar de los escollos que se le presentan. Sí, como decimos, es fruto directo de la lucha gremial, de una dirigencia comprometida y clara y especialmente visionaria que logra tanto el Colegio de Médicos, como la Federación Médica Gremial, conquistas fundamentales. Los nombres de esos precursores son muchos, entre los cuales sobresale por cierto el del Dr. Remo M. Bergoglio y del Dr. Ricardo Podio. Pero en el Cuadro de Honor figuran los nombres de Miguel Ángel Sala, Cecilio Kolker, Carlos Rodríguez, Carlos Quinteros, Alberto Gattoni, Ismael Ortiz Hernández, Luis Alday, Herberto Andrade, Antonio Juaneda, Juan Carlos Linossi, Miguel Mercado, Emilio Gutiérrez, Carlos Corcoba, Jorge Herrou, Ramón Martorelli, Teodoro Pons y muchos más cuyos nombres no han quedado en los registros de la época. (Ver recuadro 1: Las Primeras Autoridades)

Recuadro 1: LAS PRIMERAS AUTORIDADES

CONSEJO DE DISTRITOS
Presidente: Dr. Ricardo Podio
Secretario: Dr. Teodoro Pons

MESA DIRECTIVA
Presidente: Dr.  Carlos Rodríguez
Vice-presidente: Dr. José Martorelli
Secretario: Dr. Carlos Ramaciotti
Tesorero: Dr. Antonio Quetglas
Vocal Titular: Dr. José Rodríguez Colombo
Vocales suplentes: Dres. Daniel Hansen, 
Héctor Santa Cruz y Carlos Arrigoni.


TRIBUNAL DE ÉTICA
Dres. Remo M. Bergoglio (presidente), Roque Mafrand, Miguel Emilio Mercado
Suplentes: Dres. Pedro Giovanni y Andrés Degoy

TRIBUNAL DE APELACIONES
Dres. Luis Seggiaro, Carlos Magri y Adelo Berti
Suplentes: Dres. José Pérez Crespo y Santiago Gil.

COMISIÓN REVISORA DE CUENTAS
Dr. José Verdieli (titular), Spartaco Pieri (suplente)

ASESOR LETRADO
Dr. Ángel H. Cabral
 

 

Era un momento de intensa acción gremial por parte de los médicos, en un contexto históricamente muy curioso. En 1955, un golpe cívico-militar había derribado el gobierno constitucional del peronismo, que había hecho del sindicalismo una suerte de columna vertebral de su movimiento. Sin embargo, el espíritu de lucha del gremialismo, proseguía vigente, incluso más allá del peronismo como movimiento político. Es el caso del gremialismo médico, cuyos dirigentes en su mayoría habían sido activos opositores e incluso, como en el caso de Bergoglio, había sido detenido como consecuencia de una huelga estudiantil en defensa de profesionales médicos cesanteados. A su vez, Podio en 1943 es dejado cesante por el apoyo, precisamente de esa huelga estudiantil. Todos esos militantes del gremialismo médico representaban a los que defendían la idea de un sindicalismo autónomo con respecto al Estado y la libre agremiación. Tanto el Colegio de Médico como la Federación Médica Gremial hacia 1941 se habían afiliado a la Confederación Médica de la República Argentina (COMRA), para resistir su asimilación a la Confederación General de Profesionales, que el gobierno había creado. 
Pero, como recuerda Miguel Ángel Sala, quizás la clave en la consolidación de la acción gremial, haya sido que supieron “dejar de lado los partidismos políticos que animaban a cada uno, para luchar entre todos por la profesión”. Y añade: éramos un grupo humano que no estábamos “en contra de...”, sino en lucha colectiva en favor de los colegas y de la salud.
Sin duda, en esa pléyade de dirigentes, sobresalían Bergoglio y Podio, que unían a su intensa actividad gremial, un destacado reconocimiento profesional, no sólo a nivel provincial sino también nacional y continental. Para el primero, la infectología había sido su pasión médica, tan es así que el día de su fallecimiento, fue elegido como el día de la especialidad. Especialidad que, por otra parte, fue otro logro del Maestro. Para el segundo, su inclinación fue la Cardiología y la Medicina Interna,  recibiendo en 1953 un premio a la mejor producción científica, con un trabajo sobre Vectorcardiografía.
Podríamos escribir numerosas páginas sobre este perfil de ambos Maestros, pero en esta oportunidad queremos hablar de su participación verdaderamente impulsora,  en los orígenes de la institución deontológica de los médicos de Córdoba, donde se desempeñaron en la conducción de la nueva institución (1).  

(1). El Dr. Podio fue el primer presidente del Consejo de Delegados de Distrito, en tanto Bergoglio fue titular del Tribunal de Ética.

 


Tres proyectos fundamentales

Ese grupo, con conciencia gremial, desde el Colegio y de la Federación se propusieron tres proyectos fundamentales, según me relató Bergoglio en una entrevista para ETHICA: la creación del Consejo de Médicos, la Carrera Médico-Hospitalaria y la Caja de Jubilaciones de los Médicos
En cada uno de esos objetivos fue necesario discutirlo intensamente en los círculos médicos y lograr consenso que, por cierto, no fue tarea fácil. Pero, además, explicarlo, difundirlo, para lograr los apoyos necesarios para convertirlos en leyes.
En ese momento se discutía en el país y también en el mundo la idea de fortalecer la participación para consolidar la democracia, donde se inscribía el reclamo de que fueran los propios médicos los que controlarán a los médicos, en protección de la salud de los ciudadanos. Los que se oponían invocaban el peligro de fortalecer el corporativismo y el autoritarismo. Negaban el papel importante que podían asumir las organizaciones intermedias en la profundización de esa vida democrática. 
La creación del Consejo tiene, como hemos dicho, una fecha: 17 de febrero de 1961. Pero esa fecha así presentada no dice los días, los meses, los años que demandó esa lucha. Desde la primera sugerencia para crearlo, como proyecto que enviamos al Ministerio de Salud, me dice Bergoglio en aquella entrevista, pasando por el debate en las organizaciones gremiales y los círculos médicos, hasta llegar a la conclusión final, debió esperar cinco años. “Y lo lamentable es que en cada una de esas luchas es preciso no desfallecer, si queremos lograr el objetivo”. Cinco años atravesados por avatares políticos. Bergoglio recuerda la frustración que sintieron, cuando tenían todo listo y el compromiso de los legisladores para aprobarlo, cuando desde la Nación se decreta la intervención federal al gobierno de Córdoba. “Un baldazo de agua fría”, me dice. Había que comenzar de nuevo. No obstante, la unidad y la convicción logró que la intervención decidiera crearlo por decreto, dando comienzo a su vida real que se consolidó, cuando fue ley.
Con el proyecto de creación de la carrera médico hospitalaria, que llevó adelante muy especialmente el Dr. Miguel Ángel Sala, la lucha llevó siete años. La Caja de Jubilaciones demandó entre cinco y seis años. Por eso, Bergoglio asume la convicción de que “el futuro no es un regalo; es una conquista” y que “a cada generación le corresponde pensar en el más allá y cada vez más lejos”, que atribuye a John Kennedy. Pero le agrega, otra convicción, la de Gregorio Marañón cuando afirma que “todo lo que se hace por vocación, aunque parezca insignificante, fructifica para siempre”
La militancia por la causa médica era intensa. Sala, el gran compañero de andanza gremial de Bergoglio, recordó en un discurso en ocasión de la entrega del premio a los médicos luchadores otorgado por este Consejo, que toda esa tarea les llevó horas de trabajo, sacrificios, ideales y peleas por construir... Tanto que cuando regresábamos a la casa familiar y nos preguntaban ¿por qué vienes tan temprano? Debía responder: por qué había peleado con Bergoglio o con aquel otro y ellos con Sala. Es decir, peleábamos para construir, que es muy diferente a lo que la pasividad nos ha dejado: la destrucción de tantos años de sacrificio.

 


Una distinción histórica

El Boletín Informativo de la institución, precursor de la Revista ETHICA, el primero de abril de 1964, publicó con la firma de Bergoglio, quien se desempeñaba como Presidente del Consejo de Delegados de Distritos, una nota que en sus líneas generales mantiene su vigencia hasta hoy. Ha sido invocada por las distintas autoridades en numerosas ocasiones. Se titulaba Consejo y Gremio y salía al cruce de los objetores de su creación. Vale la pena transcribirla:
El médico común advierte con frecuencia opiniones contradictorias referidas a la profesión, al gremio  y a la política sanitaria, todas ellas capaces de confundirlo si no tiene un concepto claro que le permita ubicarse con precisión.
Algunas veces estas divergencias se originan por planteos teóricos de tipo organizativo totalmente justificables porque en la democracia disentir es norma, pero otras –y muchas-  son resultantes de fines subalternos destinados a defender, en última instancia, intereses personales o de grupos. Es difícil saber diferenciarlas, pero la experiencia y el tiempo pueden diseñar figuras o descalificar diagramas y proyectos si no responden a elevados fines.
Soslayamos desde ya este aspecto negativo de la cuestión porque es nuestro propósito formular de inmediato, apreciaciones concretas sobre un tema debatido exhaustivamente en su oportunidad, pero que suscita siempre interpretaciones diversas: el Consejo de Médicos y la agremiación.
La confusión surge porque se adjudica al Consejo funciones que no tiene y que son materia competitiva y excluyente de la actividad médico gremial. Si se agrega la presencia, en el Consejo, de colegas de extracción gremial, el error toma aspecto de verdad y esto es muy grave, porque el médico aprisionado por absorbentes tareas, sin tiempo para reflexionar, se desconcierta y finalmente se desubica.
El Consejo de Médicos es simplemente la delegación estatal del control de la matrícula a la autoridad elegida por los propios  colegiados. Su función primordial es vigilar todos los aspectos vinculados al ejercicio legal e ilegal de la medicina; afianzar la ética; encauzar las relaciones entre médicos y de éstos con otros profesionales del arte de curar; asegurar a la población una medicina honesta, asesorar al gobierno y a la Justicia en problemas específicos.
Si la medicina tiene amplísima acción y hasta es potencialmente nociva en ciertos casos, quienes la ejercen deben estar sujetos a bases, normas o reglamentos, como un código, al cual pueden ser remitidos. Por lo tanto, el Consejo controla, no agremia. Controla el ejercicio ilegal y también al médico, cuando exhibe título de especialista, para evitar daño moral al paciente o a sus colegas. Controla y visa convenios de índole asistencial, porque la medicina tiene un estándar mínimo y atiende por debajo de este valor básico implica posible defraudación al empleado, al obrero, al hombre de la calle, incapaz de evaluar hasta dónde debe alcanzar una prestación médica.
El Consejo no agremia ni defiende a los médicos en reclamos individuales o colectivos por mejoras de salarios; no discute convenios de trabajo; no asume defensas por cesantías: no defiende ni apoya una administración sanitaria, no otorga beneficios sociales; no ayuda al profesional ni sostiene organismos de asistencia mutua o cooperativista.
Todas estas limitaciones o exclusiones se han impuesto para no intervenir ni enervar la actividad gremial. Se quiso mantener incólume del basamento y fin del gremialismo libre. El Gremio defiende los intereses morales y materiales legítimos ante empresas, sociedades, organismos, Estado; apoya o combate la política sanitaria; crea fuentes de trabajo; promueve leyes de beneficio profesional, pide la estabilidad en los cargos; preconiza el concurso como paso previo al nombramiento.
El gremialismo es lucha: alienta derechos y los apoya hasta con la huelga inclusive. El Consejo es norma: impone deberes. Porque el gremialismo es lucha y conquista derechos es una actividad libre y espontánea. El Consejo, al imponer deberes, vigila su cumplimiento y fiscaliza al profesional. Ejerce la autoridad por delegación del Estado mediante la ley respectiva. Exige registro obligatorio porque ejercita un típico poder constitucional de la provincia, denominado jurídicamente, poder de policía que con anterioridad se radicó, rudimentariamente, en el Departamento de Asuntos Profesionales del Ministerio-Secretaría  de Salud Pública.
Tal es la síntesis conceptual de la creación del Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba, de características muy especiales que le hacen diferir, aun con similares de otras provincias.
Estas premisas, surgidas después de años de discusión, mantienen su vigencia y deben perdurar en futuras modificaciones de la ley. Es imprescindible evitar errores interpretativos y rebatir argumentos retorcidos cuya aceptación podría postergar un mañana promisorio y efectivo porque Consejo y Gremio no se superponen, pero se complementan.

 


La desaparición de la “pata” gremial

    El pensamiento de Bergoglio sobre la complementariedad de Consejo y Gremio, se frustró con la desaparición del Colegio de Médicos. Lo entrevisto nuevamente en un diálogo que recuerdo fuertemente. El Consejo de Médicos había cumplido 40 años y nos interesaba conocer el balance de Bergoglio y su mirada sobre la actualidad. La cita con el Maestro estaba acordada para las 16 horas del martes 11 de septiembre. Lo inesperado, es que sólo habían transcurrido apenas seis horas de los atentados en las Torres Gemelas, símbolo del poder económico y militar de los Estados Unidos. El estupor, el asombro, nos había ganado a todos. Toco el timbre en el consultorio del Dr. Remo M. Bergoglio. Me atiende su secretaria, quien le avisa de mi llegada. Escucho la voz plena de un hombre joven, sí de un hombre joven de 84 años, que dice “que pase”. Allí está, impecable, sentado frente a su escritorio. No podemos sustraernos del tema del día. Me cuenta que hace poco ha dado una conferencia sobre lo que llama el bioterrorismo, que asoma como una nueva amenaza contra la paz. Pero, claro, teníamos que hacer un esfuerzo para hablar del otro tema que me llevaba. Me pregunta cuál es la ruta de la conversación. Le digo que a partir de su experiencia médica, gremial y académica, pretendo que podamos asomarnos a la realidad de hoy. Me pide alterar el orden. “Comencemos por lo gremial, porque quiero subrayar que es imprescindible recrear el Colegio Médico de Córdoba, superar la dispersión, porque si no va a seguir el atropello”.
Toma ese tono reflexivo que lo convierte en un excelente interlocutor. Me dice: “le dediqué 25 años de mi vida a la actividad gremial”. Trabajamos intensamente para esas tres conquistas que me recuerda, que son fundamentos, pilares de la actividad médica. “Fueron concebidas en el ámbito gremial y luego propuestas al gobierno y al ministerio de Salud a la que también dediqué tiempo para luego concretar estas cosas. Fue un trabajo ímprobo. La creación del Consejo de Médicos fue un proyecto esencial. La actividad gremial estaba muy vibrante, digamos así, en esa época. Nos faltó una cuarta conquista que era el Seguro de Salud, que también figuraba en nuestros planes”. 
Y, pausadamente pero con pasión me dice: “Vea, en estos momentos, la actividad gremial, con la desaparición del Colegio Médico de Córdoba, se ha deteriorado, se vive una dispersión lamentable. En aquellos tiempos, incluso después de nosotros, el Colegio Médico estaba fortalecido, también en lo económico. Imagínese que se pudo construir ese enorme edificio en la calle Mariano Moreno. Sin embargo, el gran error de aquellos dirigentes fue meter la parte económica dentro del Colegio Médico. Si hubieren hecho una fundación aparte, no habría pasado nada con la institución. El Colegio podría haber seguido con su accionar. Pasa también en los Círculos Médicos del Interior. Todos ellos cayeron en el error de asumir la cuestión económica, el manejo o la gestión frente a las mutuales u obras sociales. Yo me sorprendí, los otros días, cuando me enteré que en Alta Gracia iban a rematar la propiedad del Círculo. Ese es el error. Haber metido el gremio en una gestión económica, cuando se podría haber hecho paralelamente. Además, yo le quiero aclarar que nunca hemos cobrado un centavo por esta actividad. Yo reconozco que ahora no es igual, que  el trabajo es inmenso al que hay que dedicarse… La institución gremial corrió la suerte de los avatares de la gestión económica. Claro. Y lo fundieron. Una lástima, porque eran casi 40 años de una actividad muy importante”. 

 


Hay una tarea urgente que todavía es deuda

Le pregunto ¿Cómo se sale de esta situación? Me reafirma contundente, que urge recrear el Colegio Médico de Córdoba. “¿A partir de dónde? Creo que puede ser impulsado por el propio Consejo de Médicos. Y subrayo la palabra impulsado, porque no tiene una responsabilidad al respecto. Hay organizaciones hospitalarias muy importantes, hay un Foro de Especialidades que ha trabajado bastante y hay otros sectores de la actividad médica, que pueden ser la base de esa recreación fundamental. Es muy importante que exista para defender los derechos de los médicos. La frase que yo alguna vez escribí era que el Consejo impone deberes y el Colegio defiende derechos. Dos cosas distintas y una de esas funciones -la gremial- está vacante. A mí me parece que alguien debería tomar esta idea de recrear el Colegio, porque su necesidad está latente. La gente lo percibe, pero no sabe cómo llegar a ello. Pareciera que la falta de una organización gremial sólida, le plantea al Consejo la necesidad de acciones en defensa del médico... Comprendo, situaciones limítrofes podríamos llamarlas. En esas franjas limítrofes, por una cuestión de necesidad y de urgencia –como se dice ahora- es posible actuar, pero me preocupa que pueda ser una acción permanente del Consejo. De allí la importancia de contar con la organización apropiada como es el Colegio. Si no entramos en una zona gris y sería lamentable, verdaderamente lamentable, que perdiéramos también el Consejo de Médicos. Pero si puede impulsar, aprovechando las cercanías con todos los involucrados, la idea de recreación de la organización gremial”. 
Le digo que el Consejo, me consta, muy especialmente de la llegada del Dr. Mario Daniel Fernández y su grupo, que vienen de la experiencia del Foro de Especialidades, la tarea de impulsar la “pata gremial” como el complemento indispensable, es permanente. Y le pregunto si no es real la sensación de un predominio de tendencias individualistas en el médico, que obstaculizan la organización gremial. Hay también quienes sostienen que el individualismo es una consecuencia de la situación que les toca vivir. ¿Cómo lo ve usted? 
“Yo no diría que el médico es individualista. Había sí quienes actuaban con intereses políticos, pero nosotros demostramos que el éxito de nuestra gestión pasaba por estar al margen de esos intereses políticos, porque el Colegio debe estar para trabajar en beneficio de los médicos, sin exclusión alguna. Le voy a relatar una anécdota. La carrera médico hospitalaria no existía; se nombraba a dedo, se designaba por razones políticas. Cuando lanzamos el proyecto se formó una Comisión para impulsarla. Yo salí presidente por elección, por voluntad de los médicos. ¿Y sabe cuánto le dediqué a ese tema, a la organización de los concursos, etcétera? Siete años, trabajando dos veces por semana en el ministerio de Salud Pública. Más de uno quiso sacar una nota periodística en contra o a favor, pero nosotros tuvimos el gran tino de incorporar dentro de la Comisión a un representante de la minoría, que políticamente pensaba distinto, pero que estaba con nosotros en la reivindicación médica. Y él era el fiscal de lo que nosotros hacíamos y la garantía de nuestra intención pluralista. Tengo guardadas todas las actas de esa comisión. Después, por cierto, hubo muchas modificaciones pero fue un hecho central, una conquista muy grande. Los médicos, creo, no son individualistas. En verdad lo que hay es una gran desilusión en el médico, una falta de confianza en quien puede llevarlo adelante. ¿Se puede superar la falta de confianza? Si hay un grupo de personas con cierta jerarquía, con una cierta reputación, es posible que sigamos adelante. En síntesis, le repito que es imprescindible la recreación del Colegio Médico de Córdoba, porque si no va a seguir el atropello total. En estos momentos la situación económica del médico da verdadera lástima, cuando vemos a lo que se ha llegado. Mutuales que no les pagan y los obligan a trabajar, se hace una medicina bastante objetable, la relación médico-paciente que es la base de la medicina está deteriorada. A su vez, el médico para defenderse, porque no tiene tiempo, solicita muchos estudios que al final encarece la medicina. Y no hay quien haga la defensa gremial en nuestra ciudad”. 


La valorización del Consejo

¿Y el Consejo?, le pregunto. “Desde mi posición profesional, alejado de aquellos ardorosos años de la organización médica, pero atisbando con un ojo entreabierto el desempeño de los hombres y las instituciones médicas, estimo que el balance de estos cuarenta años del Consejo de Médicos, es muy positivo, porque mantuvo, con algunas dubitaciones, las ideas pergeñadas por los médicos que lo forjaron”.
“El arduo y prolongado trabajo organizativo de las especialidades y su actuación permanente, el estímulo científico, el desarrollo y empuje de los temas vinculados con la ética, el control de la matrícula médica, la vigilancia del ejercicio ilegal de la medicina, son hechos tangibles obtenidos por las diferentes y sucesivas juntas directivas”. 
Esa preocupación sobre la relación entre Consejo y Gremio, la subrayó en su discurso de asunción como presidente, el Dr. Mario Daniel Fernández, que venía de liderar el Foro de Especialidades, en su lucha contra el gerenciamiento de la obra social estatal. Allí manifestó: “Nadie ignora que muchos de los que integramos la nueva Junta Directiva, venimos de una rica experiencia de lucha gremial. Ello, por cierto, nos enorgullece. Somos, sin embargo, plenamente conscientes de las funciones que ahora nos toca desempeñar. Conocemos la exacta diferenciación  que hacía, hace tiempo ya, el Dr. Remo Bergoglio. “No teman los temerosos, que no hay ni habrá confusión alguna”.
En el prólogo a un suplemento de la Revista ETHICA, publicado en febrero de 2003, donde reunimos una serie de notas donde exponía su pensamiento el Dr. Fernández, Bergoglio saludó con satisfacción “La compilación de los escritos y discursos, imagen y figura de una institución y de sus directivos, es un hecho destacable, porque exponen una línea directriz del pensamiento y proyectos en desarrollo. Los matriculados y quienes votan deben conocer el rumbo, el sendero, la ruta por dónde marchan quienes los representan, máxime, en un país donde el desaire y el engaño colman las horas y los días”. Y subrayaba una coincidencia fundamental: “Señalar de modo taxativo la errónea concepción economicista de la medicina, que lleva inexorablemente a la deshumanización del acto médico, marcar con iracundia el despojo a los artesanos de la salud, son premisas de tiempos actuales que todos debemos agitar y sacudir, antes que la desesperanza destruya nuestra fe colectiva de una excelsa profesión. La voz, el clamor individual es útil, con certeza, cuando actúa como un disparador, como un gatillo, para incitar y alentar al conjunto de las corporaciones médicas. Desde el pórtico del Consejo de Médicos, desde el Foro de Especialidades, desde la trinchera gremial, todos reunidos, con la decisión de actuar por una causa justa, podremos corregir el desvío alarmante y desolador de los sistemas de atención médica.  Es necesario afrontar la defensa de una medicina solidaria, humanista y profesionalmente digna, conociendo que la lucha es larga, difícil y a menudo frustrante y dolorosa. Pero solamente de nosotros depende”.


(Luis Rodeiro)
 

Dr. Ricardo Podio

La Facultad de Ciencias Médicas  convocó el 13 de agosto en el Aula Magna del Hospital Nacional de Clínicas a un homenaje al Dr.  Ricardo Podio, el médico, profesor, amigo, sembrador de conocimientos y humanismo. Se entregó, a través de sus familiares, la medalla post mortem en reconocimiento a su trayectoria.
Podio fue un precursor en el ámbito médico; fundador de la Sociedad de Cardiología de Córdoba sus trabajos de exploración de la actividad eléctrica miocárdica marcaron un hito en la especialidad. Este visionario incorporó las residencias médicas en la ciudad; creó el equipo Interdisciplinario de Psicopatología en el Hospital de Clínicas; la UTI del Servicio de Radioisótopos y el Servicio de Técnicas no invasivas.
El histórico recinto, colmado de médicos y estudiantes, recobró la mística de sus mejores momentos, cuando distintos expositores relataron las historias de vida de Podio, arrebatada por la enfermedad a los 58 años.
El Prof. Dr. Emilio Kuschnir describió la trayectoria profesional remarcando sus profundas convicciones de sentido democrático y federalismo.
Alberto Cerda, ex Presidente del Centro de Estudiantes de Medicina, destacó que en la dictadura militar mientras los alumnos eran perseguidos y encarcelados, la postura de Ricardo Podio, poco común en esa época era de solidaridad con el Centro de Estudiantes y su espíritu y actitud democrática de defensa hacia ellos, lo inusual.
Carlos Scrimini, ex Presidente de la FUC rememoró que nunca censuró a los estudiantes o médicos por sus ideas. “Él mismo- expresó – sufrió el aislamiento por cuidar a sus estudiantes y defender la libertad. Era el único o quizás uno de los pocos que recibía, escuchaba y contenía, en épocas de la desolación de la dictadura”.
El Decano de la Facultad de Ciencias Médicas, Marcelo Yorio expresó respecto a la figura de Ricardo Podio “Hablan de Inquebrantable voluntad y diáfana lucidez; hablan de humildad, de sencillez, de profundo respeto por el hombre y fundamentalmente de la prédica con su ejemplo. Seguramente la lucidez es algo que se hereda. Seguramente también que se desarrolla, pero la inquebrantable voluntad es algo, que para los que ya tenemos años, deberíamos demostrar e inculcar en nuestros jóvenes que es muy necesario, porque estas figuras señeras nos demostraron que más allá de esa inteligencia y lucidez, lo que es necesario es la inquebrantable voluntad para cumplir objetivos, y para desafiar adversidades.   
Es un hombre que para llegar a donde llegó, cumplió normas, aceptó las normas para llegar por concurso a titular, a presidente de sociedades, también para llegar a gestionar dentro de la Universidad Nacional de Córdoba, porque entendía que el respeto a estas normas hace que las instituciones crezcan fuertes” y agregó “ es importante porque estas personas innovadoras, estas personas que generaban tanto desafío, demostraban a su vez el respeto por el día a día, por el ejercicio del acto de servir, por el ejercicio del compromiso”.
Con cientos de emociones aferradas a los asientos de madera marrón, el Aula Magna del Clínicas convocó a compartir la grandeza de un grande, que marcará para siempre la historia médica en Córdoba y el país.

DR. REMO M. BERGOGLIO

Genio y figura 
(Palabras del Dr. Rubén Spizzirri, president de la Junta Directiva del CMPC)

 

En nombre de la Junta Directiva del Consejo de Médicos quiero expresar nuestra mayor satisfacción, por el hecho que estamos protagonizando precisamente hoy: tributar el merecido y justo reconocimiento a un hombre cabal, a un profesional exquisito, a un luchador incansable, a un maestro en todo el sentido de esa palabra reservada para los grandes, para los que hacen huellas: por cierto, no se equivocan, estoy hablando del profesor Dr. Remo Miguel Bergoglio. 
Evocar sus palabras intentando una semblanza de su propio maestro, el Dr. Tomás de Villafañe Lastra, nos sirven para intentar definir al mismo Bergoglio: “El hombre, el docente universitario debe afrontar la defensa de sus ideas, conociendo que la lucha es larga, difícil y a menudo dolorosa”. Hablando él de Villafañe Lastra, define al Bergoglio que llegaría a ser: “Su actividad profesional abundó en los campos de la infectología clásica y moderna, se plasmó en la organización hospitalaria y en la medicina preventiva, se extendió a la trinchera universitaria impregnada de un idealismo reformista, y se desplegó por la causa democrática, siempre inconclusa”. 
No me cabe duda, que son estas mismas palabras, las que definen, a un gran caminante, que con su testimonio de vida es genio y figura y que hoy tributamos, quizás un retardado homenaje. 
Esta institución que nos cobija, con más de cincuenta años de existencia, fue obra de un grupo de médicos notables, entre los que destaca la convicción y el empuje de Don Remo. 
Desde las organizaciones médicas, lucharon durante años para lograr la creación de este Consejo, con una concepción de avanzada para la época que ampliaba la democracia participativa, otorgando el derecho de los médicos a controlarse a sí mismos y a velar por la dignidad de la profesión. 
Desde entonces, acudimos a las palabras de Don Remo, para definir la función de nuestra institución: “Si la medicina tiene amplísima acción y hasta es potencialmente nociva en ciertos casos, quienes la ejerzan deben estar sujetos a bases, normas o reglamentos, como un código, al cual pueden ser emitidos”. 
Por lo tanto -decía Bergolio hace ya largos años- el Consejo controla, no agremia”. Subrayaba así un rol propio, que no menosprecia la acción gremial, sino que la diferencia. Con esa claridad que lo caracterizaba, Don Remo expresó y lo repetimos siempre: “El gremialismo es lucha: alienta derechos y los apoya hasta con la huelga inclusive. El Consejo es norma: impone deberes”. 
Precisamente, desde la lucha gremial -que ejerció Bergoglio en plenitud- surgió la institución deontológica, desde su puesto de lucha al frente del Colegio Médico de Córdoba y de la Federación Médico Gremial se dieron los primeros pasos para lograr la carrera médico-hospitalaria. 
Con este homenaje, celebramos de la mejor manera el Día del Médico, otra creación de Don Remo, en homenaje al gran médico cubano Carlos Finlay, por sus aportes en la lucha contra el paludismo y la fiebre amarilla. 
No me cabe duda, que Bergoglio es un médico brillante porque como base de su vida profesional había un hombre inmenso, de una cultura amplia, de una coherencia ejemplar. 
Como lector supo dialogar con los clásicos de la literatura y asombrarse frente a una pintura, como la que encargó a Ricardo Pedroni, para salvar del olvido al primer Hospital Rawson. 
Por su lucha estudiantil hasta conoció la cárcel y por sus ideas sufrió exclusiones. Nada lo detuvo en su caminar. Capaz de interrogarse, pensando en el hombre o la mujer enferma, “si para aliviar sus infinitos males ¿fue poco o mucho nuestro saber humano? ¿Si fue poca o mucha, nuestra íntima congoja frente al mal invencible y sus fracasos?”. Ese Bergoglio que hablando del hospital, de su Hospital Rawson, nos habla a cada uno de nosotros, afirmando la legitimidad de la aspiración al progreso de la ciencia y la técnica, pero sin olvidar la misión evangélica con el hermano desvalido; el interés por acrecentar el saber humano, pero manteniendo las puertas abiertas para el desamparado. 
Sin duda, Bergoglio pertenece a una generación que supo imprimir a la medicina, un profundo sentido humanista y que es preciso rescatar ahora más que nunca para las nuevas generaciones, acosadas por un mundo donde el individualismo, el materialismo, la competencia feroz, el exceso de una tecnología alejada del hombre, es moneda corriente. Por eso, hemos querido que una de nuestras aulas, donde se forman los médicos, lleve el nombre del Maestro y, a su vez, hemos instituido el Premio Prof. Dr. Remo Bergoglio, que premiará anualmente, a partir de 2014, al colega que por su trayectoria, su compromiso, sus aportes científicos o académicos, haya contribuido al desarrollo de la medicina. Es decir, a nuevos Bergoglios, a los que transitan por las huellas del Maestro.

 

En nuestra próxima entrega de esta historia relataremos sobre los vientos en contra que soportó el proyecto en sus orígenes y la firme posición de la nueva institución.
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