EDITORIAL  

LAS VACUNAS SALVAN VIDAS

La frase que ocupa el título de esta editorial, el Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba la hizo suya para desarrollar la campaña preventiva del sarampión, hace dos años. Sin embargo, la frase se vuelve más vigente que nunca, ante el avance de la pandemia, que en nuestra provincia nos pone ante el riesgo de un colapso sanitario. Las vacunas están en el centro de la estrategia anti virus y no sólo están llegando en sus distintas versiones, sino que el anuncio de la fabricación en Argentina, uno de los hechos más trascendentes,  permitirá avanzar más aceleradamente en el plan masivo de vacunación. 
Alcanzar esa masividad que se requiere no es tarea fácil. Nadie puede ignorar que las vacunas son un bien escaso. El haber podido desarrollarlas, en varios países en tan poco tiempo, es sin duda un gran logro de la ciencia y la tecnología médica. Sin embargo su producción es más lenta, a lo que se suma un desequilibro en su distribución, con países más desarrollados que tienen la posibilidad de acapararlas; los intereses económicos que no están ausentes de la realidad; la inversión económica que significa su compra, su traslado, su almacenamiento y el costo de la infraestructura indispensable para su colocación. El esfuerzo que ha hecho la nación para proveerse de ellos, en ese mercado mundial complejo, ha sido y es meritorio. 
“La historia de la medicina explica –dice José Natanson en una nota escrita con el asesoramiento de Pedro Cahn, reconocido infectólogo, en la edición de mayo de Le Monde Diplomatique-, que las epidemias desaparecen una vez que las poblaciones alcanzan la inmunidad colectiva, por vía de la infección masiva, de la vacunación o, más probablemente, por una combinación de ambas. Conseguido el anhelado efecto rebaño, el virus ya no encuentra cuerpos vulnerables como huéspedes para su autopropagación y, como un noviazgo de juventud, se va apagando de a poco”. La gripe española, la viruela, la polio, el cólera fueron vencidas por las campañas masivas -en algunos casos obligatorias- de vacunación. 
No cabe duda, entonces, que las vacunas salvan vidas y la sociedad en su conjunto se aferra a ellas como una esperanza cierta. Pero, mientras se desarrolla ese proceso, es fundamental apelar a la conciencia social para evitar que la curva de contagios y de muerte siga creciendo. Por ello, el CMPC, a través de declaraciones públicas, en situaciones críticas como las que estamos transitando, ha reclamado una y otra vez, y ha apoyado medidas restrictivas, que limiten la circulación y aseguren el distanciamiento social, que no significa ignorar sus consecuencias económicas, tratando de lograr un equilibrio, dentro de los posible, con la conciencia clara que lo prioritario es y será la vida. (Ver declaraciones del Dr. Andrés de León, en sección INSTITUCIONALES).    
Tampoco se puede ignorar que la situación por la que atravesamos se inserta en “un contexto de angustia colectiva ante el dolor y la muerte, agobiados por una cotidianeidad que abruma y en la necesidad de creer que todo esto terminará pronto, pero con la duda de que probablemente llegue este final, si es que finalmente llega, probablemente demore más de lo que pensamos” (Natanson). El uso político de ese estado es realmente nefasto.
El control de la pandemia se torna complejo, cuando la prédica antivacuna por distintas razones, ya sean por nuevas convicciones religiosas, espirituales, por el seguimiento de modas o por intereses subalternos, pero que en ningún caso responden a criterios científicos, se instala en las sociedades. El fenómeno trasciende ciertamente nuestras fronteras. Y se agrava, cuando esta prédica que al carecer de fundamentación científica y tener el rechazo de los especialistas, se apela entonces a una estrategia perversa en el discurso y la praxis,  basada en la mentira, en sus distintas formas: rumor, invención y producción, falsedad, calumnia. 
Estamos en una situación crítica. Su gravedad, exige apoyar las nuevas medidas restrictivas previstas desde el 7 al 18 de junio. No es momento de discutir si son o no tardías, se requiere respaldarlas solidariamente por la sociedad y hacerlas cumplir por parte de autoridades provinciales y municipales.

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