EDITORIAL  

LA LUCHA CONTRA EL COVID ENTRE SUS CARAS OPUESTAS

La campaña de vacunación contra el Covid, según los datos oficiales, a los primeros días del mes de agosto  a nivel país, asciende a 57, 21 por ciento de la población con la primera dosis. En Córdoba, llega a 52, 92 por ciento. Ha sido un gran esfuerzo de la sociedad y de los Estados Nacional y Provincial. Ciertamente, en ese proceso, ha habido altibajos, como consecuencia de depender del cumplimiento de las empresas que las elaboran. A pesar de ello, justo es reconocer, que se ha transitado por un buen camino. Los problemas mayores se han presentado en la segunda dosis, que ahora se trata de solucionar, después de estudios de los especialistas, con la posibilidad de combinar vacunas, como ya lo están haciendo varios países del mundo.
La aceptación de la vacunación como la protección más segura, se ha puesto de manifiesto en la alegría y el agradecimiento de todos los que han podido acceder a ella. Falta mucho todavía por hacer en este sentido. Todavía hay en el país un 17,40 por ciento sin vacunarse y en Córdoba, llegamos a 21, 26 por ciento. De los análisis de los funcionarios de salud y de los especialistas, ese porcentaje –afortunadamente- no radica en posiciones anti vacunas o “negacionistas”. En la reunión convocada por el Consejo de Médicos, el pasado 23 de julio, ha quedado claro que estos grupos, con un claro sentido antisocial,  son minoritarios. Los problemas reales son mayoritariamente derivados de hechos concretos como la falta de acceso a las técnicas digitales requeridas para registrarse, las distancias considerables para algunos vecinos de barrios populares que presentan los centros de vacunación, situaciones económicas o de condiciones de trabajo. Por ellos, la decisión de buscarlos en su territorio, convocando a las escuelas o a los clubes o los centros vecinales, incluso casa por casa, es un cambio de estrategia por demás positiva.
Este contexto y el cambio correcto de cómo abordarlo, no puede sin embargo ocultar que esas minorías que hacen campaña contra la vacunación, soliviantado por distintos medios que la promueven con intereses particulares, ya sean políticos y/o ideológicos o sencillamente sensacionalistas, deben encontrar una respuesta de la sociedad porque no puede argumentarse defensa de libertades personales, cuando se atenta con la vida de los ciudadanos.
Por ello el Consejo de Médico, plenamente consciente de esa realidad, ha resuelto anunciar que aquellos colegas que promuevan la no vacunación, en un contrasentido de lo que entraña su profesión, serán denunciados ante el Tribunal de Ética de la institución. Pero a su vez, reclama medidas restrictivas para quienes se nieguen a vacunarse, como de limitación a la movilidad, el ingreso a bares, restaurantes, espectáculos, reuniones sociales e incluso de posibilidades laborales, acordadas entre los trabajadores y empresarios.
Lamentablemente, esta pandemia ha despertado actitudes anti sociales, en algunas casos realmente graves, a nivel mundial, en su más alto nivel, que implica a gobiernos. Es el caso de saber, por ejemplo, que mientras decenas de países alrededor del mundo apenas han logrado vacunar a poco más del 1% de su población contra el coronavirus, ya hay otros que están planificando administrar una dosis de refuerzo. Es el llamado de la Organización Mundial de Salud, que parece está lejos de ser escuchada, para postergar tal decisión, que permitiría aumentar el porcentaje de vacunados en esos países condenados por su pobreza. La distribución de vacuas es una deuda del mundo desarrollado.

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