EDITORIAL  

Reforma del Sistema de Salud

LA TORRE DE BABEL

El tema reaparece cada tanto en la historia de la salud. Muchas veces, desde la vivencia de situaciones críticas, como la que vivimos. En la edición pasada de nuestra Revista, al rescatar algunos jirones de la historia de los 60 años de vida del Consejo de Médicos, recordamos a la crisis del sistema de salud –junto a la crisis económica- como crisis permanentes. O sea, el problema no es nuevo, pero vuelve potenciado por la pandemia, que arrojó  más luces sobre sus deficiencias. 
Casi con unanimidad, se puede verificar que la mayoría de los que integran el sistema de salud, hablan de la imperiosa necesidad de reformarlo. Pero, en la mayoría de los casos también, las propuestas representan en forma exclusiva los intereses particulares de cada subsector. Precisamente, el tema es complejo, porque hay muchos intereses en juego. A su vez, como una suerte de ritual, cada subsector cargará en los otros, la responsabilidad total de la ineficiencia y si se quiere el fracaso del sistema. 
El ex presidente del CMPC, ya fallecido, el Dr. Mario Daniel Fernández, cuando se refería a este tema,  apelaba a la  leyenda bíblica de la Torre de Babel. Los habitantes de la Mesopotamia tuvieron el propósito de construir, precisamente, una torre que llegara al cielo. Yahvé vio en ese intento un acto de ambición desmedida y de soberbia, de querer pasar sobre su dios y procedió a confundir sus lenguas por lo que cada quien hablaba así su propio idioma, por lo que no podían entenderse entre sí. 
A diferencia de aquella leyenda, acá también cada subsector habla su propia lengua, sin lograr entenderse; pero  en esta oportunidad, no se trata de un designio divino, sino de intereses particulares, algunos muy poderosos. La periodista de La Voz, Laura González,  presenta a la crisis sanitaria como una mera pelea por una caja de 800 mil millones de pesos, de la que cada uno de ellos pretende la mejor tajada. El sistema de salud bien, gracias.
Solo habrá una nueva oportunidad de reformarlo para bien de la sociedad, si somos capaces de usar como único lenguaje, el de las necesidades sanitarias, para poder así construir un sistema de salud al servicio de cada habitante de este suelo, reconociendo que se trata de un derecho y no de un negocio, como lo ha planteado siempre el CMPC.  
Las señales indican que no será fácil. Hasta ahora solo hay una convocatoria para repensar el sistema de salud, con una sugerencia de ir a un sistema integrado entre los tres subsistemas que existen. Sin embargo, sin contar con un proyecto concreto a discutir, ya se han hecho distintas y contradictorias interpretaciones sobre el llamado. Hay ideas que pivotean entre el derecho y el negocio. Pero aún no hay un proyecto orgánico. Este sólo podrá ser real, después del debate, en la que todos, pero todos, deberán ser escuchados, entre ellos los médicos y los pacientes que suelen ser convidados de piedra, en estas definiciones. 
El Consejo de Médicos, en más de una oportunidad ha manifestado la necesidad de esa reforma amplia, profunda y consensuada.
Los intereses particulares, como en más de una oportunidad que el tema se ha puesto en la mesa del debate, han comenzado a interpretar, de un lado y otro, las supuestas intenciones de fondo, con un sentido que hasta el momento es prejuicioso. 
La Torre de Babel. Si no intentamos un solo idioma, el de la salud para todos, con fundamentaciones sólidas que partan de la realidad, no se podrá concretar una reforma que busque y encuentre los caminos de una integración, que defina el papel de Estado, que acuerde criterios de sustentabilidad, que supere la fragmentación que esteriliza los esfuerzos, que tenga en cuenta las condiciones laborales de sus trabajadores y el fácil acceso a sus servicios.
   Hoy, desde ETHICA,  presentamos la mirada del Dr. Rubén Torres, basada en su dilatada experiencia. Necesariamente, habrá otras, en busca de un consenso si no único, mayoritario.

Pieter Brueghel el viejo. Museo de Historia del Arte, Viena, Austria

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