EDITORIAL  

EL OFICIO DE LA HONESTIDAD

El Dr. Bernard Rieux y su grupo de médicos, personajes centrales de “La Peste”, la obra imperecedera del gran escritor Albert Camus, son los que se ponen al frente de una pandemia de “peste bubónica” o “peste negra”, la misma que en la Edad Media provocó la muerte de alrededor de treinta por ciento de la población europea. La novela está situada en Orán, una ciudad de Argelia y fue escrita en 1947.
Los analistas de la obra, como es el caso de Luis Villanueva y Miguel Lezama(1), recuerdan que no obstante que el número de muertes progresaba día a día en forma vertiginosa las autoridades políticas y sanitarias se negaban a reconocer que se encontraban frente a una epidemia. 
En este contexto, señalan Villanueva y Lezama que “es el doctor Rieux quien da la señal de alarma frente a la amenaza de muerte que se cierne sobre la población, es él quien le da nombre a la enfermedad, venciendo su propia incertidumbre e incredulidad. A partir de que se le nombra sobreviene el terror, el aislamiento, la delimitación del cuerpo del enfermo y la separación de los seres queridos. 
“La ciudad de Orán, declarada en cuarentena y aislada del resto del mundo, es el escenario del sufrimiento y el horror. Sin embargo, también en el acto de nombrar está el atisbo de claridad de lo que debe ser reconocido, “espantar las sombras inútiles y tomar las medidas convenientes”. 

El libro es tan actual en la descripción de las consecuencias de la epidemia, como de la condición humana, tironeada entre la solidaridad y el egoísmo individual. Pero también del “sacrificio de un puñado de médicos, que no se rendía ante la evidencia de ese apocalipsis”, piensa Horacio González(2). 
En esas circunstancias trágicas, se suele mirar a unos personajes de guardapolvos blancos que parecen imperceptibles fuera de las crisis y entonces los médicos pasan a ser héroes, que se olvidan cuando pasan los tiempos agitados. 
Para el protagonista de La Peste, el único medio para luchar contra el mal representado por la epidemia, es la honestidad en los pequeños esfuerzos cotidianos sin la pretensión de heroísmo. La honestidad en los actos concretos no en la elucubración: “-(...) no se trata de heroísmo. Se trata solamente de honestidad…. -¿Qué es la honestidad? No sé qué es, en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que hacer mi oficio.”
El oficio de la honestidad es el que ejercen los médicos todos los días de su vida profesional, pero lamentablemente parece que tiene poco valor. El reconocimiento de su heroísmo solo sale a la luz en las crisis.
Estas situaciones extremas siempre revelan aspectos negativos de la realidad, que estaban olvidadas, que se habían mantenido ocultas,  por razones ideológicas o políticas  erróneas, por intereses espurios o por postergaciones injustificadas  y que de súbito salen a la luz. 
En las crisis de los sistemas de salud, más allá,  mucho más allá, de las epidemias, mientras realiza su oficio de honestidad,  el médico que no decidió ni políticas de salud injustas, ni adjudicación de recursos sin lógica sanitaria, ni quitas de presupuestos especiales; que en la mayoría de los casos está mal pago, que trabaja en condiciones críticas, como lo hace todos los días de su vida profesional, ahora en situación sobredimensionada, es quien debe salir a dar la cara ante y por la sociedad. 
Desde hace un tiempo, desde cuando la salud se mercantilizó, es un problema que afecta al mundo. Leemos con asombro las noticias que vienen, precisamente, de ese mundo en crisis sanitaria, que desnuda las falencias de los sistemas actuales.
De esa manera, los médicos y los pacientes terminan siendo los rehenes de una política de salud, basada en el mercantilismo. Jornadas agotadoras, honorarios injustos, escasez de recursos, profesionales que han estudiado más de once años y que deben seguir haciéndolo para manterse actualizados, convertidos en monotributistas y trabajadores autónomos sin protección social; convertidos en variables de los ajustes que se suceden ininterrumpidamente.
En momentos de crisis se suele señalar su heroísmo, pero superadas parecen olvidarse de su solidaridad, su compromiso, su invariable sostén diario del hospital público y privado. Del sistema de salud en su conjunto. Luego volvemos al olvido, a la postergación, al ninguneo, sin voz y sin voto, en las decisiones sanitarias.
Salidos de la epidemia, de las epidemias, quizás haya llegado la necesidad de una gran reformulación de la salud, el reconocimiento a la honestidad como definición de un oficio que mitiga el dolor, que salva vidas. De ver la salud como un derecho social.Y esa función es del Estado, que es el responsable directo de las políticas de salud, integrando e impulsando el diálogo entre sectores, definiendo objetivos, pagando lo que corresponde y desarrollando infraestructura sanitaria, en una gran labor de planificación, coordinación y consulta permanente.

 

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Libro “La Peste”, de Albert Camus

1. La Representación del Médico en “La Peste” de Albert Camus. Narrativa, Hermenéutica y Medicina. Revista Conamed.
2. Sociólogo, pensador argentino. 

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Obra del pintor Oswaldo Guayasamin

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