Gestionando con hechos  

1. Campaña “LA VACUNA SALVA VIDAS”
El retorno del Sarampión y una campaña pro-vacunación

A comienzos del año 2020, las máximas preocupaciones en torno a la salud de los argentinos pasaban fundamentalmente por el retorno del sarampión y la permanente alerta que representaba el dengue. A la que se sumaban el Chikungunya, el permanente Chagas, el SIDA y otras enfermedades infecciosas. Esa era nuestra realidad.  En la editorial de la Revista ETHICA DIGITAL, enero-febrero 2020, se afirmaba: “Nuestro país y el mundo se enfrentan, con preocupación, contra tres riesgos que transitan entre enfermedades nuevas y enfermedades re-emergentes y que exigen respuestas que no son sólo sanitarias –la principal- sino también sociales, económicas, culturales y que exigen acciones mancomunadas entre Estados y Sociedades”. Y añadía: “El Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba ha seguido y sigue de cerca cada una de estas enfermedades, en su justa dimensión. Por ahora, el Dengue y el Sarampión son nuestros enemigos cercanos”. Que no salgan en los medios o no sean noticia, no quiere decir que el mosquito de dengue haya tomado la decisión de no seguir picando a los humanos o  que las campañas de prevención y vacunación contra el sarampión -por ejemplo- hayan pasado de moda.
La preocupación surgía porque se trataba del  retorno de enfermedades que en muchas naciones se habían logrado superar. En el caso del sarampión, todos sabemos desde la ciencia, que la vacunación es la única forma de prevenirlo. El Consejo advertía que estábamos frente a un retroceso, que había debilitado la convicción de que las vacunas salvan vidas. El gran logro de su erradicación se fundaba en la vigencia de un Calendario Obligatorio y Gratuito de Vacunación, que incluía otras enfermedades. El editorial señalaba sin tapujos que ese retorno se producía por falta de controles estatales. Pero también, por la desidia de los mayores y la irresponsabilidad de los padres y madres que se pliegan a campañas, sin fundamento científico alguno, objetando la vacunación y que como nuevo hecho cultural pregona una forma de pensamiento mágico, que influye lamentablemente en la disminución de su aplicación. 
Con base en esa realidad, se diseñó y se ejecutó una gran campaña que tuvo lugar durante el 2020 y principios del 2021, con el lema “Las vacunas salvan vidas”: “Ante el crecimiento de los grupos que se oponen al sistema de vacunación, el Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba se pone al frente de una campaña que iniciamos en defensa de su obligatoriedad regida por la Ley Nacional 22.909, despertando conciencia social y reclamando una legislación complementaria que asegure su cumplimiento”, señalaba. 
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las campañas de vacunación evitan entre dos y tres millones de muertes por año en el mundo, y son reconocidas internacionalmente, desde la ciencia, como una de las intervenciones de salud con mayor eficacia y mejores resultados. 
La idea de llevar adelante esta campaña nace, entonces, de la necesidad de dar respuesta a una amenaza que no comienza en el 2019, pero que se incrementa en aquel año donde todavía no teníamos una pandemia mundial. Los grupos antivacunas -hoy mucho más conocidos que hace dos años cuando se iniciaba esta campaña- representan una tendencia irracional que niega la ciencia y se alza contra uno de los logros más importantes de la medicina: los beneficios de la vacunación en el desafío permanente de salvar vidas. 

Los argumentos de la campaña    
Los argumentos eran claros: “La vacunación es uno de los logros más importantes en la historia de la salud pública”. Esa frase contundente, que nadie podría discutir, hoy por hoy, es puesta en tela de juicio por una gran cantidad de personas alrededor del mundo. Las vacunas salvan vidas, claro, pero lamentablemente no curan la ignorancia, la desinformación intencionada y la negación generalizada de estos grupos anti-vida.  Las campañas comunicacionales a favor de las vacunas, pueden sintetizarse como una correcta dosis de información rigurosa y científicamente comprobable en bien de la salud comunitaria y familiar. Es lo que hizo el CMPC. Antes de la irrupción del Covid, ya se tenía la convicción que si vacunar salva vidas, llamar a no vacunarse o desprestigiar las vacunas, es una acción cuanto mínimo irresponsable y de robusta gravedad.
“Dejar de vacunar a sus hijos es una irresponsabilidad que pone en riesgo su salud y una maldad, porque afecta la salud de una sociedad”, denunciaban desde el CMPC cuando se lanzó la campaña. Sin medias tintas, el Consejo tomaba posición sabiendo que “la política de vacunación en nuestro país ha sido, con distintas intensidades, una práctica de avanzada a partir de su obligatoriedad y de la incorporación permanente de nuevas aplicaciones, cuyos beneficios forman parte de la historia de la salud, como un hecho trascendente”. Y se afirmaba con la convicción intacta: “no podemos volver atrás”.
“Estamos ante una amenaza a la salud pública”, rezaba la convocatoria: “El Consejo de Médicos se pone al frente e invita a las autoridades sanitarias en sus distintos niveles, a las instituciones médicas, a las organizaciones sociales y muy especialmente a los medios de comunicación, a sumarse para iniciar: 

  • Una campaña amplia de difusión de los beneficios de la vacunación, a través de todos los medios posibles. 

  • La solicitud a los medios de difusión, su adhesión a través de la divulgación de mensajes y notas de opinión sustentada en criterios científicos. 

  • La disponibilidad de nuestros especialistas para entrevistas, charlas informativas, en las escuelas, centros vecinales y organizaciones sociales.

  • La invitación a los órganos legislativos para elaborar, en conjunto, disposiciones legales que aseguren el cumplimiento de la obligatoriedad de la vacunación. 

  • El reclamo a los poderes estatales para garantizar la provisión de vacunas gratuitas, que se consideran obligatorias, especialmente a los sectores de bajos o nulos recursos”. 

Uno de los aspectos en los que más hizo hincapié la campaña fue en la responsabilidad social. “Cuando una persona se vacuna, se está protegiendo a sí misma, a sus hermanos, amigos y compañeros de escuela y a sus familias, protege a mujeres embarazadas y, así, a sus hijos, nietos y a las generaciones futuras en general. Una actitud contraria es la maldad y el ejercicio de violencia con sus semejantes”, advertían desde la Junta Directiva.

Fuente: Libro "60 años - Jirones de una historia para armar" - Pag. 109

1-VACUNAS-01.jpg