INFORME ESPECIAL  

Para leer y pensar

EL VIRUS Y LA VIDA

En esta edición, ETHICA DIGITAL decidió unir dos secciones, Informe Especial y Cultura, para presentar reflexiones relacionadas con el COVID/19 y temas que hacen a la vida en sociedad: el ejercicio profesional, la ética, la comunicación, la literatura, la historia, el humor, el futuro, el arte visual… La pretensión es ofrecer miradas más amplias que sean una respuesta al hecho totalizante de la pandemia. Para ellos hemos invitado principalmente a quienes han participado de nuestras mesas redondas y charlas virtuales, que han constituido un aporte del Consejo de Médicos, como organizador, a todos los colegas. Las imágenes pertenecen al archivo del Covid Arts Museum, un verdadero y rico aporte, que se puede acceder por Instagram y Fabebook.

COVID/19 Y LOS CAMBIOS EN LAS PRÁCTICAS SOCIALES Y PROFESIONALES
(Hacia un nueva moralidad…)

El siguiente texto es un resumen del Ateneo Virtual organizado por la Comisión de Bioética del Consejo de Médicos, precisamente con el título precedente, con el objetivo de pensar la nueva realidad que nos toca vivir y nos preocupa. Siguiendo el desarrollo de la charla, la Dra. Virginia Viale, tendrá su cargo la introducción, para dar paso a la reflexión del invitado especial,  el Dr. en Filosofía Diego Fonti y los comentarios de la Lic. Cristina Gava y el Dr. Omar Hijuela.

1. Introducción
Dra. Virginia Viale (1)

“Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, 
son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, 
nuestros confines, nuestra prisión”.

(Ortega y Gasset , filósofo español, 1883-1955).

Creemos que esta Pandemia vino a mostrarnos cuan “sospechosas” y peligrosas pueden ser algunas convicciones individualistas que naturalizamos tan fácilmente. Algunos filósofos como Adela Cortina y Fernando Savater, entre otros, tuvieron que salir a aclarar que: “No atender a los mayores, por el solo hecho de serlo, es inmoral”. 
Estos replanteos morales fueron necesarios debido a lo que, con tanta naturalidad y soltura solíamos nombrar: “escasos recursos de salud”. Y que tan caro nos está costando como sociedad. Esa actitud se aceptaba porque para los poderosos, no existía tal escasez.
También vimos que podemos fabricar y comprar cientos de respiradores en muy pocos días, pero no podemos fabricar cientos de médicos capacitados en pocos días. Esta presión sumada a la situación apremiante y desconocida, llena de incertidumbres, produce profundas angustias como profesionales de la salud, en particular, y como sociedad en general (descontando las situaciones particulares que como médicos vivimos, y que más adelante nos explicará el Dr. Hiruela). Y la importancia de generar espacios de contención, acompañamiento en la toma de decisiones para proteger la integridad profesional y paliar (aunque sea en parte) esta angustia, tema que nos explicará con más detalles la Lic. Gava.
Ahora, de una u otra manera, todos vulnerados  por este virus, aislados, en nuestros límites o confines, nos dimos cuenta que necesitamos de los demás... y que deberemos cambiar o analizar algunos de nuestros valores o paradigmas para adaptarlos a un mejor vivir. De aquí la importancia de tener las herramientas de la Bioética a mano, como una buena guía o un faro para atravesar estas situaciones a la luz de los valores, como fue la bioética desde sus comienzos.

 

1. Miembro de la Comisión de Bioética del CMPC

2. La bioética en un marco de pandemia: expectativas y responsabilidades

Prof. Dr. en Filosofía Diego Fonti (2)

En bioética confluyen dos tipos diferentes de conocimiento. Por un lado tenemos los conocimientos de las diversas ciencias, que con sus múltiples métodos buscan explicar, predecir y controlar fenómenos. Pero hay otro tipo de conocimientos vinculados con la ética – y por tanto con la filosofía – cuyos objetivos y procedimientos no operan con métodos científicos. Son un tipo de conocimiento práctico, que indaga el fenómeno moral para la toma de decisiones fundamentadas. Desde este componente no-científico de la bioética no se trata de predecir qué sucederá sino de analizar los problemas vinculados con la justicia, la dignidad, la libertad, etc., que la pandemia ha develado, y cuáles deberían ser las respuestas más legítimas y justas a esa situación, sus fundamentaciones, y eventualmente un análisis de la situación actual a partir del tipo de futuro que deseamos (o que queremos impedir).
La pandemia sólo reveló y agudizó las situaciones que ya estaban allí. Aquello que los científicos sabían desde hace mucho y hoy ha llegado a los principales periódicos, como por ej. el vínculo entre desigualdad, discriminación e injusticia sanitaria. La relación entre condiciones de vida urbanas y avance de la pandemia en nuestro país, o los resultados de la privatización de la salud y la sobrerrepresentación del porcentaje de muertos de las minorías latina y negra en EEUU, sólo son muestras de una injusticia global y de fondo, vinculada con la salud. Además, los avances en el conocimiento científico muestran el vínculo entre pandemias e intervenciones sobre la naturaleza: deforestación, el modelo de producción agropecuaria desde los 80s y 90s, eliminación de biodiversidad y territorio para otras especies, etc.
Como siempre sucede, la pregunta es qué hacer, y aquí intervienen las respuestas que proveen los razonamientos de la ética. Conviene partir de dos características de la salud humana como base para decisiones con una fundamentación bioética.
En primer lugar, el entramado de las vidas humanas entre sí, y de las vidas humanas y los ecosistemas en los cuales están insertas, nos muestra que hay que reubicar en un plexo de relaciones al clásico principio de autonomía, que a menudo funcionó como base última para las fundamentaciones morales. La autonomía fue el gran aporte de la bioética desde su configuración a principios de los años 70, porque sirvió para situar la noción de dignidad humana en la acción de autoconciencia, dignidad y decisión propia de cada persona. Pero el contexto contractualista e institucionalizado de su origen, así como su antropología individualista, no permitieron ver otros aspectos fundamentales.
Por eso la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de 2005 reconoció a la vulnerabilidad como un criterio aún más fundamental. Así, a la hora de tomar decisiones con relevancia bioética se debe reconocer que hay un entramado de sujetos vulnerables, que los efectos nunca son individuales, y que por lo tanto toda autonomía es siempre solidaria con las autonomías de las demás personas. Más aún, que nuestras decisiones personales autónomas tienen efectos sobre el entramado entero de la vida. Solidaridad no significa aquí un auxilio extra a alguien en necesidad, sino el entramado inseparable de la comunidad de lo viviente, y por lo tanto también que las consecuencias conllevan – más allá de las protecciones que grupos o personas puedan conseguir individualmente – una comunidad de destino.
Un segundo aspecto está vinculado con el conocimiento y los bienes comunes. Si atendemos el significado del entramado solidario de los viviente y de los humanos entre sí, se deriva que los bienes comunes del mundo y el conocimiento adquirido a lo largo de las generaciones no pueden ser apropiados o convertidos en un motivo de lucro, ya que su origen es fruto de la historia del colectivo humano y su disponibilidad es imprescindible para el sostenimiento de la totalidad. 
Los dos criterios expuestos permiten una reflexión final sobre un tema que hemos visto repetidamente aparecer en los debates públicos recientes, la cuestión de la libertad. El término ha conocido un sinfín de definiciones y expresiones, así como ha consolidado lugares comunes. Por eso conviene pensar qué se comprende por libertad (con autonomía, justicia y solidaridad en el sentido recién expuesto) y cuáles son las responsabilidades e intervenciones que conlleva para quienes tienen la responsabilidad de legislar y gobernar con decisiones que protejan y no terminen vulnerando aún más la fragilidad que nos atraviesa o acentuando las injusticias … Y cuáles son las tareas de cada oficio (en este caso, el oficio médico) para educar a la sociedad sobre cómo se comporta lo viviente, cuáles son sus condiciones de posibilidad, y qué demanda de cada persona o grupo de decisión para el sostenimiento común, para que haya futuro.

 

2. Doctor en Filosofía, Profesor Titular Antropología Facultad de Ciencias de la Salud UCC – Carrera de Odontología, Investigador Adjunto CONICET y Vicerrector UCC.

3. Impacto del Covid-19 en nuestra forma de vida, nuestras instituciones y específicamente en el sistema de salud. Incidencia en la salud psico-emocional y mental.

Lic. Cristina Gava (3)

Desde el inicio de la pandemia, se pusieron en jaque sociedades, sistemas y modos de gobernar política y económicamente, afectando especialmente la salud pública.
Por su velocidad de irradiación, masividad de contagio y letalidad infecciosa, tomó al mundo por sorpresa, sin preparación y sin recursos necesarios humanos y materiales para tratarlo. Cambió el modo de interacción e interrelación. Las conducciones políticas y sanitarias, desconcertadas, emitieron mensajes contradictorios, paralizando el accionar médico y generando incertidumbre ante la necesidad imperiosa de hallar tratamientos hasta la gestación de la vacuna.           
Argentina no es la excepción al respecto. Los conflictos económicos políticos sociales, se visibilizaron más claramente acentuando la gravedad y profundidad de las carencias persistentes del sistema de salud, la pobreza, la marginación y la vulnerabilidad de la población.
Se sumó el permanente bombardeo de información no contrastada sobre el virus, enfermedad, contagios, muertes, junto a los improvisados modelos de control social de la cuarentena (reclusión obligatoria, aislamiento y distanciamiento social, etc.) que está provocando estados emocionales complejos que agravan negativamente las formas de convivencia social, síntomas de incertidumbre: ansiedades, depresiones, miedos, temores, pánico, en toda la población y acentuado en el conjunto de profesionales de la salud.
Es que los médicos ocupan un rol excepcional, cuidándonos, curándonos, salvándonos y acompañándonos. Actividades que se desarrollan por vocación, no por obligación. Es decir, no se trata de soldados en guerra.
Inicialmente el malestar en salud surgió por carencia de recursos, humanos y materiales, y por falta de diálogo y articulación entre instituciones y profesionales de salud. Ello derivó necesariamente en afectación de vínculos entre profesionales y pacientes y familia. La falta de coordinación, guía, información clara, repercutió en la comunicación médico-paciente, en un ambiente de distanciamiento propio de la cuarentena, en una situación de ausencia familiar, recurso de contención más óptimo, por razones de seguridad biológica. Otros problemas como restricciones de salarios u honorarios, el poliempleo, condicionantes para el ejercicio de especialidades médicas no relacionadas con la pandemia, etc, afectaron profundamente el deber ser y la ética profesional como mandato constitutivo de la identidad profesional del médico.
Desde la perspectiva psicoemocional, los cambios en nuestro modo de vida están siendo percibidos como un mal global, amenazante y apocalíptico, pese a los esfuerzos de instituciones por definir y controlar esta enfermedad, la intensidad y la voracidad que lo caracteriza nos deja a todos en situación defensiva, temerosa, infantil y regresiva en retroceso emocional hacia lo más primitivo y hostil.
Se observan con preponderancia síntomas sociales visibilizados como ansiedades, miedo, tristeza, depresión, mal humor, irritabilidad, maltrato interpersonal, e incluso presencia de percepción paranoide y negativista respecto de los mandatos, obligaciones y responsabilidades a cumplir para cuidarnos.
Se analizó al reflexionar sobre esta temática, la Encuesta Regional Médica llamada “Desafíos para los médicos de América Latina en tiempos de pandemia”. En la misma se consultó a profesionales en salud respecto de cuál es el impacto emocional desde que comenzó la pandemia. La pregunta fue: ¿si tuviera que comparar como se ha sentido personalmente en las últimas semanas en relación a como se sentía antes de la pandemia? Las  respuestas reflejaron emociones actuales: “tengo miedo de contagiar a mi familia”, “ansioso” “aislado con poco contacto con seres queridos”, “miedo a contraer la enfermedad”, “cansado”, “no duermo bien como antes”, “ presionado”, “me angustio más fácilmente”, “más incertidumbre de actuar que antes”, “me irrito más fácilmente”, “culpas de no poder dar más”, “estigmatizado por ser médico y el temor de contagiar e los demás”…etc.
Estos datos son recurrentes entre los médicos consultados. A partir de este estado de cosas, se pueden sugerir nuevos modos de contención y cuidados para tratar tales modalidades sintomáticas. 
Se podrían proponer modos empáticos de transmisión de órdenes y noticias, formas de contención y terapéuticas… profundizar en la construcción de redes para soportar duelos por pérdidas sociales y traumas, necesidad de prevenir la posible “melancolización” social secundaria a pérdidas y las muertes. 
Invertir en salud, en educación. Hacerlo convocando a todos los sectores del humanismo. Hoy no podemos hablar ni de futuro ni de normalidad ni del fin de la pandemia… es preciso planificar… convocarnos todos e implicarnos en la construcción de un plan de futuro más humanista, interdisciplinario, que nos haga indagar sobre nuevos conceptos de salud y vida sustentable, para todos los seres humanos y el medioambiente. Creemos que como humanos somos mediadores para el cambio en el sentido de la vida y de los cuidados de nosotros hacia el porvenir.

3. Miembro de la Comisión de Bioética del CMPC

 

 

4. ¿Cómo cambiarán nuestras prácticas sociales y profesionales? 

Dr. Omar Hiruela (4)

La intención es sólo actuar como un disparador de preguntas y dilemas que se nos presentan, sin tener necesariamente respuestas para ellos.

¿Cómo la pandemia ha modificado nuestra práctica profesional en todos sus aspectos? Las aristas son muchísimas.
a) En primer lugar, la más sustancial en la tarea médica, me quiero referir a la relación médico-paciente, que tiene que ver con la esencia misma de la profesión. Nuestros maestros semiólogos decían que un buen médico clínico ve entrar al paciente al consultorio y a partir de sus gestos, sus marchas, su fascie, sus expresiones, va haciendo una idea en su cabeza del problema por el que consulta. Hoy el paciente no entra más al consultorio! La relación es distante literalmente hablando. Apretón de manos, NO...
Entonces surge la primera pregunta, cómo establecer esa confianza, ese vínculo, esa empatía, en una consulta virtual a través de una computadora, o bien presencial, pero a través de todas las capas de EPI, que nos enfrentan al paciente cual extraterrestres, sin rostro, sin manos descubiertas, sin nombre...

¿Corremos el riesgo de convertirnos en fríos operadores de salud?
En España, los profesionales a meses de iniciada la pandemia, pensaron algunas estrategias…

  • Sostener comunicación con el paciente regularmente, no sólo limitado a la consulta.

  • Comunicación fluida y frecuente con la familia del paciente en aislamiento.

  • Uso de un cartel grande con nombre y foto del profesional encima de todos los EPI.

 
b) Regreso a hábitos personales y profesionales. Una reflexión frecuente en nuestras reuniones de la Comisión de Bioética, es que este es un momento de inflexión en nuestras vidas, no sólo en  la esfera profesional sino también en la personal.
    Llevamos hoy más de 100 días de cuarentena, compartiendo, en general, mucho más tiempo en casa. Muchos trabajos han entrado en suspenso. Muchos han sido despedidos de sus trabajos. Muchas actividades cotidianas están interrumpidas. Y hoy empezamos a pensar que es posible que pronto muchas de esas rutinas regresen. La pregunta que surge es ¿vale la pena regresar a ellas? ¡A ese trabajo mal pago, que no me gusta, donde me trataban sin respeto, que ocupaba mucho de mi tiempo? Ofrecemos al paciente diariamente en el consentimiento informado, un abanico de alternativas terapéuticas, mostrándole riesgos y beneficios para una decisión provechosa ¿hacemos lo mismo con nuestra vida a la hora de tomar decisiones personales? Diego Fonti en su excelente documento, aseguró que estamos todos detenidos, y creo que hoy es nuestra oportunidad de pensar un futuro mejor que el presente que veníamos teniendo.

Algunas rutinas para repensar:

  • PLURIEMPLEO, titular de diarios recientemente, triste realidad, condicionada por la necesidad de muchos, que no permite elecciones libres

  • LA INFORMATIZACIÓN Y VIRTUALIZACIÓN DE LA PROFESIÓN. Una herramienta alternativa, con riesgos y beneficios: NO SALIR DE CASA, OPTIMIZACIÓN DE TIEMPO. *RIESGOS: la precarización laboral, el sobre trabajo. Los efectos visuales, las limitaciones físicas. Cómo reflexión, a la hora de repensar estas prácticas, recordar que: nuestra elección laboral, a qué destinamos nuestro tiempo, constituyen elementos integrantes esenciales de lo que llamamos calidad de vida, una gran aspiración bioética. Nuestras decisiones profesionales determinan en más o menos qué tipo de vida llevamos.

 

c) Salud pública y salud comunitaria
Desde una perspectiva social profesional, la pandemia ha venido a poner el foco nuevamente, en el enorme valor de la salud pública. la salud pública no es un costo o carga, sino un bien precioso, y que este tipo de bienes y servicios tiene que estar fuera de las leyes del mercado.
Nuestro sistema de salud hoy está siendo puesto a prueba, afortunadamente, aun sin colapsos, ni escasez de recursos. Esta pandemia va a obligar a muchos estados a invertir en salud pública. Pero el Estado sólo no nos salva. Es necesario reactivar la salud comunitaria. Se entiende como una rama de la salud pública, centrada en que las personas son determinantes de la salud propia y de otras personas. Es decir que es necesario un compromiso social. Sólo nos salvamos todos JUNTOS. Sólo el esfuerzo cooperativo permite el éxito. La desobediencia de uno puede resultar en miles de infectados. Tarea muy compleja, mucho más aún para aquellos que se encuentran en situación de vulnerabilidad.
La reflexión final se sugiere desde una perspectiva social: paciencia, compromiso y responsabilidad social. Espíritu cooperativo, con especial cuidado y contención para LOS VULNERADOS, que tienen serias dificultades para llevar adelante el aislamiento en estos tiempos difíciles.

 

4. Miembro de la Comisión de Bioética del CMPC
 

AUTOR: Jorge Tabanera Redondo
INSTAGRAM: gatotonto

EL COVID/19 Y LA ENCRUCIJADA DE LA HISTORIA

Un grupo de investigadores y universitarios de Córdoba se planta ante la crisis global que significa la pandemia y cree necesario producir una reflexión, que busca la adhesión que la convierta en grito, de hacer de esa crisis que nos involucra, un grito, un invitación, una oportunidad de cambio de cambiar nuestra relación con el mundo que habitamos. Los firmantes (5) invitan a adherirse para hacer un manifiesto colectivo (https://forms.gle/qT6XPuvdeY58xh877)

La pandemia por coronavirus ha desencadenado una crisis global que trasciende largamente el sistema sanitario y afecta a toda la humanidad. Es claro también que no es una crisis aislada sino que es parte de una crisis ambiental y civilizatoria más profunda, más duradera y más difícil de superar. Una situación que nos plantea una encrucijada histórica y por lo tanto una oportunidad: seguir por el mismo camino o cambiar de rumbo.
Como miembros del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba, especialistas en temas de ecología, ambiente, salud, alimentación y sociedad, consideramos oportuno dar nuestro punto de vista y abrir a la discusión posibles caminos a seguir y medidas a tomar cuando entremos a la “nueva normalidad” post pandemia. 
Las infecciones virales siempre han sido parte de la naturaleza, pero esta pandemia ha sido creada por nosotros o, mejor dicho, por nuestro modelo actual de apropiación de la naturaleza.
Estamos avanzando sobre ecosistemas en donde nunca antes hubo un contacto estrecho y frecuente entre personas y animales silvestres. Lo hacemos, por ejemplo, al deforestar, abrir caminos a través de bosques, selvas o humedales; y al establecer poblaciones humanas, generalmente en condiciones precarias, en las fronteras forestales y mineras. Ahí los animales silvestres entran en contacto con animales domésticos y con la gente, todos en condiciones de alta vulnerabilidad, frecuentemente inmunodeprimidos. Bajo estas condiciones, es muy fácil que los virus muten e invadan nuevas especies, salten a otros animales silvestres cautivos, a los animales domésticos y a las personas. El resto lo hacen la globalización del tránsito de mercancías y personas, la persistencia de focos de pobreza, el hacinamiento y la vulnerabilidad en muchas regiones no cercanas a la fuente original del virus, como ocurre en nuestro país. 
Por eso, aun cuando logremos controlar la pandemia de Covid-19, si las condiciones propicias para la expansión de este tipo de enfermedades persisten, probablemente surgirán nuevas pandemias. Estas condiciones son el avance de las fronteras de deforestación, el tráfico de animales silvestres (vivos o a través de sus productos), la cría industrial de animales domésticos bajo condiciones de hacinamiento y, sobre todo, las condiciones de precariedad y la agobiante pobreza a la que se ven expuestos amplios sectores de la población.
La pandemia Covid-19, si bien inédita en su escala y su inmediatez, no es un hecho aislado. El cambio climático global, el deterioro acelerado de la biodiversidad, la creciente desigualdad social y la concentración de la riqueza dentro y entre países, son todos síntomas de un mismo proceso subyacente, el modelo predominante de apropiación de la naturaleza y de relación al interior de las sociedades.
Esta crisis sanitaria ha creado un espacio para reflexionar. Para ver más claras algunas características y consecuencias del modelo, para identificar algunas cosas que creíamos imprescindibles y no lo son tanto y también algunas otras que, habiendo sido relegadas, resurgen como esenciales e innegociables. Por ello, no hay que volver a la “normalidad pre-pandemia”, ya que representa una situación ambiental insostenible y socialmente injusta. No tenemos por qué retomar la marcha en una dirección equivocada. Es más, existe el riesgo concreto de medidas de reactivación económica que aceleren la trayectoria hacia un futuro que no queremos: un mundo claramente peor para la enorme mayoría de la gente y los otros seres vivos en su interacción y dependencia mutua. 
Algunos principios y acciones para la post-pandemia. La que sigue no es una lista exhaustiva y no pretende excluir otras propuestas convergentes. Más bien, se trata de algunos caminos hacia una nueva normalidad, aportados desde nuestras áreas de especialidad, que nos permitan superar los modelos previos y ayudar a construir un futuro mejor. Caminos que permitan trabajar sobre las causas que generan pandemias y deterioro ambiental y social, y favorecer condiciones más sustentables, justas y equitativas. Proponemos:

    a) Garantizar el fortalecimiento y la aplicación efectiva de las normas ambientales vigentes. Un principio básico en medicina dice que, para curar, primero hay que comenzar por no dañar. Existen numerosas normas ambientales y sanitarias que se cumplen sólo parcialmente, o no se cumplen. Esto se ha exacerbado durante la pandemia, donde las instituciones estatales han reducido su capacidad de control efectivo. Es cierto que se ven más animales acercándose a parques y ciudades y un aire temporariamente un poco más limpio. Pero también en todo el mundo se han informado aumentos en el desmonte, la caza furtiva, la pesca ilegal y los abusos hacia los más vulnerables. Se podrían lograr avances importantes en salud y sustentabilidad simplemente garantizando que se cumpla lo que ya está legislado y no permitiendo que la pandemia sea usada como pretexto para relajar normas existentes. 

    b) Adoptar el enfoque de “una sola salud”. Éste reconoce las interconexiones entre la salud de las personas, los animales, las plantas y nuestro entorno compartido. Por lo tanto, reconoce que los problemas de salud humana no ocurren de manera independiente de la salud de nuestros ecosistemas, entendiendo como tales no sólo a los ambientes naturales más prístinos, sino también a los espacios rurales y urbanos donde desarrollamos las actividades productivas y nuestra vida cotidiana, y donde coexistimos y nos relacionamos con otros seres vivos. Un enfoque sistémico de “una sola salud” contribuiría a una mejor toma de decisiones y a que éstas tengan en cuenta los costos y las consecuencias a largo plazo de las estrategias de desarrollo, tanto para las personas como para la naturaleza, ya que los procesos de salud-enfermedad no se pueden pensar separados del ambiente y las condiciones sociales. También supone ofrecer alternativas viables y sostenibles de trabajo digno, de proteger a los grupos sociales más vulnerables y de proveer accesibilidad a la atención médica.   

    c) Garantizar que las medidas de estímulo y reactivación económica post-pandemia propendan a la sustentabilidad y a la salud de la gente y la naturaleza. Es posible que, desde el punto de vista político, algunos consideren oportuno flexibilizar las normas ambientales y reforzar el apoyo a sectores con una larga historia de descuido por la salud humana y ambiental. Esto puede acelerar nuestra trayectoria en la dirección equivocada: más cambio climático, más deterioro de la biodiversidad, más desigualdad y nuevas pandemias. Muchas actividades que parecen ser un buen negocio en realidad no lo son si se tomaran en cuenta todos los costos involucrados, no sólo monetarios de corto plazo para un sector, sino también los sociales, ambientales y de salud para toda la población. 

    d) Propiciar una transición hacia modelos económicos mucho más centrados en la sustentabilidad y el bien común. Los modelos basados en el crecimiento ilimitado, la estimulación constante del consumo y la obsolescencia programada son insostenibles. Es necesario reconocer que no es posible el crecimiento económico infinito en un planeta con recursos finitos y que el crecimiento no necesariamente implica el mejoramiento de la calidad de vida de la población en general. Para que esto suceda, deben concurrir políticas distributivas que, por ejemplo, apunten a mejorar las condiciones de empleo, salud, educación, alimentación, vivienda, y los derechos sociales. Y que a la vez garanticen el acceso a un ambiente seguro y saludable y a una relación plena con el resto de la naturaleza, los cuales son derechos inalienables de todas las personas. 

    e) Transformar la matriz productiva y energética. Esto incluye a casi todas las actividades que desarrollamos en nuestra sociedad tales como producción, industria, comercio, minería, transporte, consumo y esparcimiento. Por ejemplo, la actividad agropecuaria deberá tener como primer objetivo la producción de alimentos sanos, seguros y nutritivos, que contemplen las tradiciones y hábitos de cada población, garantizando la alimentación de calidad de toda la sociedad. En su producción se deben minimizar los impactos ambientales y sociales. La agroecología ofrece una alternativa superadora, con claros beneficios ambientales, sociales y de salud. Lo propio ocurre con el sector energético, ya que dada la alta dependencia actual de combustibles fósiles y la necesidad de garantizar el autoabastecimiento es indispensable diversificar la matriz energética. Para estos desafíos se debe apostar al fortalecimiento de las capacidades científicas y tecnológicas del país. La transición hacia energías más limpias no admite más postergaciones.

    f) Desarrollar modelos de consumo que respondan a las necesidades reales de la población y que favorezcan el acceso de los sectores sociales más vulnerables. El modelo de consumo imperante es incompatible con un futuro viable y socialmente inclusivo. Mientras algunos sectores mantienen un altísimo nivel de consumo material que supera ampliamente sus necesidades, otros sectores no pueden acceder a los bienes y servicios más básicos e indispensables. Es necesario fijar políticas que desalienten el consumo de bienes y servicios superfluos y cuya producción (o sus desechos) sea perjudicial para la salud de las personas y los otros seres vivos. Los modelos de sociedad consumista se basan en fomentar el consumo irrestricto sin considerar el valor real de los bienes consumidos, y sin tener en cuenta que la producción de cualquier bien requiere materias primas, consume energía y genera residuos y contaminantes. Es necesario desacoplar la idea de bienestar y de éxito social individual y colectivo del consumo superfluo, cada vez más grande, y cada vez más acelerado. Y al mismo tiempo, se deben generar políticas que garanticen un piso de derechos para el acceso de los bienes y servicios básicos a todos los sectores de la sociedad.
    g) Integrar el cuidado de las personas y los demás seres vivos en todos los sectores de la economía y servicios. Un camino mejor implica no sólo mejores políticas de salud y ambiente. Requiere que, en las normas y prácticas en todos los sectores de la economía y los servicios, se tengan en cuenta la salud humana y el cuidado del resto de la naturaleza. Es preciso preguntarse cómo cada nueva medida, emprendimiento, o proyecto, en todos los sectores, como la agricultura, la producción de alimentos y otras mercancías, la generación de energía, el transporte, el desarrollo urbano y de la infraestructura, califica en función de estos requerimientos. Es necesario crear una nueva institucionalidad que permita reordenar los modelos de gestión política del Estado y que permitan articular acciones transversales entre las distintas instituciones. Cuidar las personas, cuidar la naturaleza, es el único camino que hoy conocemos hacia un futuro mejor. Es por lo tanto una inversión estratégica, no un gasto soslayable. 

Un futuro resiliente, sustentable y equitativo es posible, pero para ello primero debemos permitirnos pensarlo. Y sobre esa base, implementar un cambio transformador. La creatividad, la abnegación, la solidaridad y el cuidado mutuo demostrados por la vasta mayoría de la población en esta crisis indican que es posible. 

 

5. Sandra DÌAZ. CONICET . UNC / Alberto E. del LEÓN. CONICET - / Carlos PRESMAN. UNC. / Alicia GUTIÉRREZ. CONICET / Gabriel BERNARDELLO. CONICET – UNC / Marcelo CABIDO. UNC / Laura VIVAS. CONICET / Daniel CÁCERES. CONICET – UNC  / Mónica BALZARINI. CONICET / Joaquín NAVARRO. CONICET -.

AUTOR: Nicoläs Villamizar
INSTAGRAM: acondieresis

EL COVID/19 Y LA ÚLTIMA CAMA

Ante  una situación no querida, pero posible de un colapso del sistema sanitario, qué hacer si queda una cama y dos pacientes críticos ¿A quién asignársela? La respuesta está, sin duda, en el campo de la bioética. Por eso no dudamos en reproducir el texto de Juan Carlos Tealdi (6), un bioeticista  invitado frecuentemente a nuestra casa, en la edición del 12 de julio en la revista digital El Cohete a la Luna.

Todos los días los medios difunden el nuevo número de infectados por coronavirus, de muertos y de pacientes recuperados. Todos los días, también, nos informan sobre el porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva. Y con este último, todos los días  vamos siguiendo cuán cerca estamos del colapso sanitario tan temido. Sin embargo, nadie informa acerca de en qué consiste ese colapso salvo su horrorosa asociación con las imágenes dantescas del desbordamiento de cadáveres en Wuhan o Guayaquil, o con las de las fosas comunes en la isla Hart en Nueva York o el cementerio de Manaos en Brasil. Y nadie dice, tampoco, qué es lo que deberíamos hacer, cada uno en lo suyo, si pese a todos los esfuerzos para evitarlo ese colapso llegara. Eso no está bien.

¿En qué consiste el colapso sanitario?
Cualquiera puede imaginar que ese colapso es la situación en que muchas personas piden atención sanitaria, en sus casas o en los hospitales, y el número de personas a atender es tan grande que no hay ambulancias que los vayan a buscar ni camas para internar a quien lo requiera en una sala general o en terapia intensiva. Y aunque esa descripción es parte de la verdad, también se puede decir que lo que convierte a esa situación en colapso es el caos de un desorden generalizado. Un caos que significa el no poder hacer lo que debiera hacerse por no tener los recursos para hacerlo. Pero existe una trampa que debemos desarmar en ese planteo al informar a la población.
A lo que debiera hacerse, que es atender a todas las personas, lo llamamos el fin que se persigue. Y a los recursos (camas, respiradores) para hacerlo los llamamos los medios. Es la repetida relación entre medios y fines que ordena nuestros actos de todos los días. Y es esta relación que ordena la atención de la salud en nuestras vidas la que se rompe en el colapso sanitario y da lugar al caos y la improvisación del no saber qué hacer y al fracaso social que muestran las imágenes de la muerte cosificada. Pero si este es el nudo del problema, deberíamos reflexionar sobre el mismo antes de que nos llegue, para ver si razonando podemos encontrar mejores respuestas que esperar mansamente la tragedia.
Y es que si el fin es atender la salud de las personas, siempre habrá medios para hacerlo. Podrán ser de mayor o menor complejidad y eficacia, pero siempre los habrá. En el peor de los escenarios posibles de vida y muerte nunca debería faltar el cuidado interhumano. Y ese medio, la ayuda de los otros, no es un recurso escaso, a menos que nos neguemos a confortar a quien enfrenta la enfermedad y la muerte. La paradoja de la escasez de recursos consiste en fundir a la atención de la salud con determinados medios y sólo con ellos. Y entonces el colapso es el no poder salir de esa trampa autoimpuesta por la falta de una planificación que considere qué recursos pueden darse en esa situación.
El gobierno, bajo la decisión del Presidente Alberto Fernández, eligió la estrategia éticamente coherente de la prioridad del salvar vidas. Y fue acompañado en ese esfuerzo por la totalidad de los gobernadores y la inmensa mayoría de la población, fortaleciendo al sistema de salud en sus medios para lograr tal fin. Pero hoy se contempla la posibilidad de un escenario en el que esos medios resultarían escasos para darle a todo enfermo crítico la chance de salvar su vida. Habría que elegir entonces a quién salvar. Y con esto no sólo se agita el temor a la muerte, sino también los fantasmas que en otros colapsos fueron apariciones reales y no imaginarias de las elecciones injustas sobre la vida y la muerte.
 
El falso dilema de la última cama
Hay quienes han planteado ese escenario de medios críticos escasos como “el dilema de la última cama”, considerándolo un asunto de justicia distributiva en el que se enfrentan la visión utilitarista de maximizar los beneficios con la visión del deber de respeto de la dignidad de cada vida humana. Con la primera se buscaría salvar la vida según los años de vida proyectados (edad, enfermedades previas, etc.) y la calidad de vida esperada de superar la enfermedad, y en la segunda se trataría de salvar la vida teniendo en cuenta únicamente la probabilidad de lograrlo. La primera pondría restricciones al derecho a la atención estableciendo prioridades no sólo médicas sino también sociales, mientras la segunda sólo elegiría criterios médicos ordinariamente aplicables a cualquier paciente con un tipo de afección similar.
En la Argentina, el Estado ha incorporado con rango constitucional el derecho a la salud definido como “el derecho de toda persona al disfrute del nivel más alto posible de salud física y mental”. No hay duda de que todo agente de salud tiene el deber de proveer los medios disponibles para asegurar el fin de alcanzar el nivel más alto posible de salud a toda persona. Si queda una cama y dos pacientes críticos, como no hay un nivel más alto de salud que el estar vivo, esa cama se le debe asignar al que tenga más chances de sobrevivir a la enfermedad por la que está siendo tratado y que amenaza su vida. Utilizar otros criterios pondría restricciones al derecho a la salud, y esas restricciones sólo las puede establecer, bajo determinados supuestos de legitimación, la autoridad pública. Pero nunca deben establecerlas los profesionales o los establecimientos de salud ni tampoco pueden legitimarlas los organismos no gubernamentales como puedan serlo las asociaciones profesionales.
Si el Estado quisiera establecer un estándar extraordinario de atención de la salud que permitiera fijar prioridades en la asignación de recursos críticos escasos por criterios sociales (no médicos) tales como la edad, o las discapacidades físicas o mentales, o la expectativa o calidad de vida posterior a la curación de su enfermedad por coronavirus, estaría restringiendo muy seriamente los derechos a la salud, la integridad y la vida. Por su gravedad, esto sólo podría legitimarse con un debate y aprobación en el Congreso de la Nación luego de una muy extensa consulta pública. En tiempo de pandemia esto no se puede hacer, de modo que el Estado no puede establecer criterios sociales para ordenar prioridades en la asignación de recursos críticos en el contexto actual. No hay dilema alguno.
 
El más alto nivel posible
Debe tenerse en cuenta, con todo esto, que el fin “salvar vidas” se muestra vinculado a las garantías de ejercer el derecho a la salud de cada persona. Y es por eso que ante la consideración de un posible colapso sanitario, la población debe estar informada acerca de que ese “salvar vidas” va indisociablemente unido al “cuidar a todos”, que no es más que proteger el derecho al más alto nivel posible de salud física y mental de cada persona. Y que toda persona, cualesquiera sean los recursos disponibles, tendrá garantizado ese derecho.
Pero, ¿cómo se respeta el nivel más alto posible de salud —que protege la vida— si no tenemos recursos para hacerlo? El derecho no pide que garanticemos en modo absoluto “el nivel más alto de salud”. Dice el nivel más alto “posible”. Si se trata de camas de terapia intensiva, el derecho no exige que el Estado garantice que cualquiera sea el número de infectados todo paciente tenga una cama de terapia intensiva disponible. El gobierno ha ampliado todo lo que ha podido el número de camas disponibles. Pero no hay país en el mundo que pueda asegurar que cualquiera sea la intensidad de la pandemia podrá asegurar la plena disponibilidad de camas y respiradores.
Luego, es obvio que si el número de pacientes críticos excede al número de camas necesarias, habrá una cantidad de pacientes que tendrán acceso al recurso de camas con respiradores y otros no. Los primeros recibirán el acceso a camas de terapia intensiva como nivel más alto posible mientras el recurso esté disponible. Pero cuando ese recurso no esté disponible porque la derivación coordinada por el Estado a otros centros que dispongan de esas camas ya no sea posible, el nivel más alto posible de salud pasará a ser el de los recursos que siguen inmediatamente en eficacia a los anteriores.
 
Planificar el flujo, garantizar el derecho
Cuando se acaban las camas de terapia intensiva cabe asistir a los pacientes en unidades de terapia intermedia con provisión de oxígeno y cuidados críticos a excepción de asistencia respiratoria mecánica. Ese será, en esa fase del colapso, el nivel más alto posible que se pueda ofrecer a los pacientes críticos a los que no se pueda ingresar a terapia intensiva. Si ese nivel también se saturara, pese a los esfuerzos por ampliar la disponibilidad, cabe atender a los pacientes en salas de internación general con cuidados de emergencia para atender la dificultad respiratoria, las infecciones, el shock y otros estados posibles con control de síntomas. Y aún con un establecimiento de salud completamente saturado, todavía cabe la derivación para asistencia en hospitales de campaña.
Por eso es que en el problema del colapso sanitario, el cumplimiento del derecho a la salud no permite hablar de “racionamiento”, sino de darle a cada uno el recurso más alto posible que se pueda en cada momento. Se trata de “racionalizar” los recursos, de clasificarlos y ordenarlos para una mayor efectividad según la disponibilidad de los mismos, asegurando el flujo entre los diversos niveles de atención.
Y hoy, ante la amenaza de colapso que se sigue diariamente en modo angustiante, el gobierno debería informar a la población que junto al esfuerzo por “salvar vidas” se habrá de  “cuidar a todos” garantizando el derecho a la salud con todos los recursos disponibles y sin dejar a la población desamparada. Después de todo, esa es la función del Estado.

 

6. Es Médico por la Universidad Nacional de La Plata (1974) y Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca (1977). Cursó estudios de Historia y Filosofía de la Ciencia en España (1977-1985) y se especializó en Bioética en centros académicos de los Estados Unidos (1989-1992) y en visitas a diversos centros internacionales de bioética. Es autor de numerosos libros, entre ellos el Diccionario Latinoamericano de Bioética.
 

COVID/19 Y GREMIALISMO

En estos tiempos de pandemia y el regreso del debate sobre la necesidad de una organización gremial, me vino a la memoria una entrevista que realicé y fue publicada en la ETHICA DIGITAL en 2001 y repetida en el 2014, como homenaje tras la muerte del Maestro. Por cierto, era mi función, yo hice las preguntas, pero las respuestas que son lo valioso de la nota corresponden, nada menos, que al Dr. Remo M. Bergoglio, un viejo luchador gremial y uno de los impulsores de la creación del Consejo de Médicos. Me parece que es un recuerdo oportuno. (Luis Rodeiro).

El reloj indica 16 horas del martes 11 de septiembre de 2001. Han transcurrido apenas seis horas de los atentados terroristas en los símbolos del poder económico y militar de los Estados Unidos. Las llamadas Torres Gemelas El estupor, el asombro, nos ha ganado a todos. Toco el timbre en el consultorio del Dr. Remo M. Bergoglio, con quien ya está concertada la entrevista. Me atiende su secretaria, quien le avisa de mi llegada. Escucho la voz plena de un hombre joven, sí de un hombre joven de 84 años, que dice “que pase”. Allí está, impecable, sentado frente a su escritorio. No podemos sustraernos del tema del día. 
Me cuenta que hace poco ha dado una conferencia sobre lo que llama el bioterrorismo, que asoma como una nueva amenaza contra la paz. Pero, claro, tenemos que hacer un esfuerzo para hablar del otro tema que me lleva. Me pregunta cuál es la ruta de la conversación. Le digo que a partir de su experiencia médica, gremial y académica, pretendo que podamos asomarnos a la realidad de hoy. 
Me pide alterar el orden. “Comencemos por lo gremial, porque quiero subrayar que es imprescindible recrear el Colegio Médico de Córdoba, superar la dispersión, porque si no va a seguir el atropello”.

 

-Usted cuenta con una gran experiencia gremial. Usted puede mostrar resultados o logros, junto a otros colegas, como son la ley de jubilación para profesionales de la salud, la carrera médico-hospitalaria o la creación del Consejo de Médicos. ¿Desde esa experiencia cómo ve la realidad hoy? 
Yo le dediqué 25 años de mi vida a la actividad gremial. Trabajamos intensamente para esas tres conquistas, que son fundamentos, pilares de la actividad médica. Fueron concebidas en el ámbito gremial y luego propuestas al gobierno y al ministerio de Salud a la que también dediqué tiempo para luego concretar estas cosas. Fue un trabajo ímprobo. 
La creación del Consejo de Médicos fue un proyecto que hasta convertirse en ley por la Legislatura y pasar por el ministerio de Salud Pública pasaron más de dos o tres años. El proyecto fue discutido en todos los circuitos médicos. La actividad gremial estaba muy vibrante, digamos así, en esa época. Nos faltó una cuarta conquista que era el Seguro de Salud, que también figuraba en nuestros planes. 

-Suficiente respaldo para escuchar su reflexión sobre la realidad actual de los médicos y sus organizaciones gremiales... 
Vea, en estos momentos, la actividad gremial, con la desaparición del Colegio Médico de Córdoba, se ha deteriorado, se vive una dispersión lamentable. En aquellos tiempos, incluso después de nosotros, el Colegio Médico estaba fortalecido, también en lo económico. Imagínese que se pudo construir ese enorme edificio en la calle Mariano Moreno. 
Sin embargo, el gran error de aquellos dirigentes fue meter la parte económica dentro del Colegio Médico. Si hubieren hecho una fundación aparte, no habría pasado nada con la institución. El Colegio podría haber seguido con su accionar. Pasa también en los Círculos Médicos del Interior. Todos ellos cayeron en el error de asumir la cuestión económica, el manejo o la gestión frente a las mutuales u obras sociales. 
Yo me sorprendí, los otros días, cuando me enteré que en Alta Gracia iban a rematar la propiedad del Círculo. Ese es el error. Haber metido el gremio en una gestión económica, cuando se podría haber hecho paralelamente. Además, yo le quiero aclarar nunca hemos cobrado un centavo por esta actividad. Yo reconozco que ahora no es igual, que el presidente y el secretario deben tener sueldo porque es un trabajo inmenso al que hay que dedicarse. Nosotros pudimos trabajar gratis, motivados en la solidaridad. Es claro que si todos cobran, si se llena de empleados, en un momento en que yo fui el Colegio -cuando todavía existía- tenía 110 empleados) no puede andar, no se puede sostener. 

-La institución gremial corrió la suerte de los avatares de la gestión económica. Claro. Y lo fundieron… 
Una lástima, porque eran casi 40 años de una actividad muy importante. 

-“¿Cómo se sale de esta situación? 
Se debe recrear el Colegio Médico de Córdoba. 

-¿A partir de dónde? 
Creo que puede ser impulsado por el propio Consejo de Médicos. Y subrayo la palabra impulsado, porque no tiene una responsabilidad al respecto. Hay organizaciones hospitalarias muy importantes, hay un Foro de Especialidades que ha trabajado bastante y hay otros sectores de la actividad médica, que pueden ser la base de esa recreación fundamental. Es muy importante que exista para defender los derechos de los médicos. 
La frase que yo alguna vez escribí era que el Consejo impone deberes y el Colegio defiende derechos. Dos cosas distintas y una de esas funciones -la gremial- está vacante. A mí me parece que alguien debería tomar esta idea de recrear el Colegio, porque su necesidad está latente. La gente lo percibe, pero no sabe cómo llegar a ello. Pareciera que la falta de una organización gremial sólida, le plantea al Consejo la necesidad de acciones en defensa del médico... 
Comprendo, situaciones limítrofes podríamos llamarlas. En esas franjas limítrofes, por una cuestión de necesidad y de urgencia –como se dice ahora- es posible actuar, pero me preocupa que pueda ser una acción permanente del Consejo. De allí la importancia de contar con la organización apropiada como es el Colegio. Si no entramos en una zona gris y sería lamentable, verdaderamente lamentable, que perdiéramos también el Consejo de Médicos. Pero si puede impulsar, aprovechando las cercanías con todos los involucrados, la idea de recreación de la organización gremial. 

-Doctor, están quienes observan el predominio de tendencias individualistas en el médico, que obstaculizan la organización gremial. Hay también quienes sostienen que el individualismo es una consecuencia de la situación que les toca vivir. ¿Cómo lo ve usted? 
Yo no diría que el médico es individualista. Había sí quienes actuaban con intereses políticos, pero nosotros demostramos que el éxito de nuestra gestión pasaba por estar al margen de esos intereses políticos, porque el Colegio debe estar para trabajar en beneficio de los médicos, sin exclusión alguna. 
Le voy a relatar una anécdota. La carrera médicohospitalaria no existía; se nombraba a dedo, se designaba por razones políticas. Cuando lanzamos el proyecto se formó una Comisión para impulsarla. Yo salí presidente por elección, por voluntad de los médicos. ¿Y sabe cuánto le dediqué a ese tema, a la organización de los concursos, etcétera? Siete años, trabajando dos veces por semana en el ministerio de Salud Pública. Más de uno quiso sacar una nota periodística en contra o a favor, pero nosotros tuvimos el gran tino de incorporar dentro de la Comisión a un representante de la minoría, que políticamente pensaba distinto, pero que estaba con nosotros en la reivindicación médica. 
Y él era el fiscal de lo que nosotros hacíamos y la garantía de nuestra intención pluralista. Tengo guardadas todas las actas de esa comisión. Después, por cierto, hubo muchas modificaciones pero fue un hecho central, una conquista muy grande. 
Los médicos, creo, no son individualistas. En verdad lo que hay es una gran desilusión en el médico, una falta de confianza en quien puede llevarlo adelante. 

-¿Se puede superar la falta de confianza? 
Si hay un grupo de personas con cierta jerarquía, con una cierta reputación, es posible que salgamos adelante. 

 

En síntesis, le repito que es imprescindible la recreación del Colegio Médico de Córdoba, porque si no va a seguir el atropello total. En estos momentos la situación económica del médico da verdadera lástima, cuando vemos a lo que se ha llegado. Mutuales que no les pagan y  los obligan a trabajar, se hace una medicina bastante objetable, la relación médico-paciente que es la base de la medicina está deteriorada. A su vez, el médico para defenderse, porque no tiene tiempo, solicita muchos estudios que al final encarece la medicina. Y no hay quien haga la defensa gremial en nuestra provincia.
 

COVID/19 y LITERATURA

Eduardo Alberto Planas (7) es director del Boletín Literario Basta ya8, producto cordobés que nos enorgullece por su calidad, con 14 años de vida, hoy en versión digital, con una rica historia de su edición en papel, difundiendo la poesía de Córdoba y con notas sobre cine y música, con el apoyo de importantes figuras de la cultura como Jorge Carranza, Alfredo Lemon, Sergio Pravaz, Jorge Torres Roggero, Lily Chavez. De su última edición, reproducimos su texto Certezas y el Tiempo se convirtió en Ella, con fondo de pandemia.

En los primeros días de marzo del corriente año, Roberto y Alicia fueron de vacaciones a Maceió en el norte del Brasil. Se trataba de un viaje programado desde el año pasado. El lugar era un verdadero paraíso. Playas amplias y desiertas, mar cálido, mucho calor y caipiriña. Ellos estaban felices. Era como una segunda luna de miel.
Cuando partieron en Argentina se conocía lo del coronavirus, pero como algo que ocurría en tierras exóticas, lejanas, como en China, pero no se había tomado ninguna medida sanitaria preventiva ni restricción alguna. En Brasil no se hablaba de eso. Todo el mundo disfrutaba sus vacaciones. Los hoteles, restaurantes y discotecas estaban atiborrados. A partir del día quince de marzo ya le empezaron a llegar –por las redes sociales- noticias alarmantes sobre el coronavirus. En Brasil opinaban que había una psicosis y paranoia en Argentina cuando la gente concurrió masivamente a los supermercados y arrasó con el papel higiénico. Muchos hacían chistes y memes al respecto. A Roberto y Alicia les cayó la ficha cuando les enviaron unas fotografías y un audio sobre lo que pasaba en España, donde se hacía mención a la gente que moría en las ambulancias porque los hospitales estaban abarrotados y que le daban una tablet para que se despidiera de sus familiares. 
Se enteraron que el veintidós de marzo a la medianoche Argentina iba a cerrar sus fronteras internacionales y que no iba a haber vuelos de cabotaje ni transportes terrestres. Tuvieron que huir precipitadamente del lugar. Por suerte, consiguieron – después de arduas gestiones y sobreprecios- vuelos para el día jueves diecinueve de marzo. A todo esto el presidente Bolsonaro salía en la TV tosiendo y en remera, diciendo que el coronavirus “era un resfrío común y silvestre”. En la TV, fútbol todo el día. 
Al llegar al aeropuerto se dieron con las primeras impresiones no muy gratas: gente con barbijos, algunos con máscaras, grandes colas en las empresas de viaje, nerviosismo, miedo. Finalmente viajaron hasta el aeropuerto de San Pablo, centro del Covid 19 en Brasil, y de allí a Ezeiza. El lugar era –en ese momento- un verdadero foco infeccioso. Gente vestido con escafandra, máscaras y trajes blancos los escanearon en la frente, para ver si tenían fiebre. Algunos se negaban. “Yo vengo de un país limpio, de Estados Unidos”, dijo una señora a la autoridad sanitaria. Los interrogaron y preguntaron sobre si tenían algún síntoma del maligno coronavirus. Llenaron el formulario de rigor. Este fue el último día de su vida anterior. 
Los estaba esperando un taxi. El chofer, con barbijo y guantes, les pidió la dirección por WhatsApp y no emitió palabra alguna en todo el viaje. La ciudad era un desierto. Una gran ciudad vacía de gente. Llegaron al departamento en el barrio de Barracas. El mismo dejaba mucho que desear, pero era lo que había. Al bajar del taxi, observaron un individuo que se acercaba con una botella de cerveza en la mano y con una cara por demás extraña, mezcla de horror y sorpresa. Subieron al 7mo.piso e ingresaron al departamento. Se dispusieron a cumplir la estricta cuarentena. De repente se cortó la luz y sintieron un golpe en la puerta de la pieza de servicio. No se animaron a abrir. Escucharon pasos y voces por la escalera. A temprana hora de la mañana la administradora lo llamó por teléfono y me dijo no podían salir ni al palier. Que algunos vecinos- entre ellos el borracho del segundo A- los habían visto llegar y estaban como locos y la habían llamado a ella y al propietario reclamándole que porque habían alquilado a personas extranjeras e infectadas. Que no debían asomar la nariz, porque no los iban a denunciar y desalojar con la policía. Pasaron del paraíso al confinamiento más estricto sin solución de continuidad. 
Al cuarto día de estar en el departamento, Alicia comenzó con una leve tos, congestión nasal y algunas líneas fiebre. En horas de la mañana llamó al 107 Servicio de Emergencias de la Caba. Decidieron activar el Protocolo como “sospechosa de coronavirus”, atento los “síntomas, la edad y el hecho de haber estado de un país de riesgo”. Que conforme al Protocolo debía quedar internada por cinco días en aislamiento, hasta que estuviera el resultado del hisopado diciéndole que la iban a pasar a buscar al día siguiente sin especificar hora ni el nosocomio donde la iban a alojar. Al otro día, a las 09.40 hs. llegó la ambulancia de emergencias y al bajar se encontraron con dos personas vestidas de blanco, con escafandra, máscaras y guantes. No pudo llevar nada, solamente sus documentos, carnet de obra social y celular en el bolsillo. Roberto –con un hilo de voz- le preguntó a donde la iban a internar y contestaron que en un Hospital Público en el barrio de Balvanera. 
Apenas se la llevaron a Alicia, Roberto regresó presuroso al departamento, para evitar que vecinos lo vieran. Pudo ver que una persona salía de la casa del frente y se quedó mirando la ambulancia con una cara de terror. Tuvo que dar explicaciones a la administradora del departamento y al del consorcio. No fue nada fácil. Los vecinos estaban por demás inquietos, alterados. Los estaban monitoreando. Había cámaras por todos lados. 
Y el tiempo se convirtió en ella. Todo se convirtió en ella. A la noche seguía escuchando ruidos y golpes en la puerta de servicio así como voces insultándolos: “Hijos de puta, váyanse, nos van a contagiar a todos”. Todavía no sabe si fue un sueño o no, pero de repente vio que todo el lugar estaba lleno de coronavirus, aparecían por todas partes, esos bichos redondos. Limpió todo el departamento con lavandina. Se dispuso a descansar. 
A la tarde hablo a Alicia y ella le contó que el Hospital era como el Clínicas de Córdoba, un hospital escuela, grande, antiguo, que la atención era deficiente, no le dijeron ni el nombre del hospital donde estaba internada, aislada, que estaba en el primer piso, en una pieza con un baño y una ventana nada más, que le habían hecho una tomografía computada de tórax y que había salido bien, que le hicieron un hisopado y le extrajeron sangre, estudios que demorarían de 48 a 72 hs. en saber su resultado, que le dieron de almorzar, pero no tenía agua mineral ni tampoco para la merienda, ni elementos de higiene personal. Que le habían dado una remera y un short usado. Por suerte no había tenido más fiebre. Al día siguiente no pudo comunicarse. “Se debe haber quedado sin carga en el celular”, se dijo a sí mismo. Posteo en las redes sociales, lo que estaba viviendo, pero luego lo eliminó ya que estimo que era peligroso dada la posibilidad de una estigmatización. Había habido casos de escraches de personas que habían viajado al extranjero. Estas eran miradas como enemigas. 
El día domingo a la noche ya no daba más, porque no tenía noticias de Alicia. Había llamado a distintos hospitales, públicos y privados así como al servicio de emergencia y nadie sabía nada. Las noticias en la TV eran tremendas, día a día aumentaban los contagiados y los muertos. No supo más nada de Alicia. Nadie parecía saber nada ni ayudarlo. Empezó a desesperar. Pensó lo peor. “Si ella lo tiene, yo también”. Se tomó las manos y se notó caliente. Pasaron los días. Otra semana y nada. Una noche, sin pensarlo mucho, subió por las oscuras escaleras del edificio, ya que ahí no había cámaras, hasta la terraza, arriba del piso 13. Caía una tenue llovizna. Tembloroso se asomó. Escucho un ruido metálico, se dio vuelta y resbaló. Quedo colgando de las manos en el filo de la terraza. De repente apareció el mismo hombre que habían visto cuando ingreso. Lo miró y mientras sonreía, con un palo lo golpeó en las manos. En eso frenaba un taxi de donde bajaba Alicia con una sonrisa en la boca. En sus manos blandía un papel. Cayó al ladito. 
Ahí se despertó. 

7. Es abogado. Tiene 65 años y es jubilado del Poder Judicial. Ha editado las plaquetas libros "Los Dioscuros", Editorial Gráfica 21, año 2013. "La Niebla", Editorial La felicidad de los canguros, año 2017. "Palabras que quemen las cenizas", en el 2020, por la misma editorial. Asimismo he publicado "Luchamos por una causa. Historia de las juventudes políticas de Córdoba", Editorial Espartaco, en el año 2011. Coautor de "Pasos que no se pierden - Memoria de trabajadores judiciales, Ediciones Judiciales, año 2017. Conduce, junto al poeta Jorge L. Carranza, el programa Basta Ya, por Radio FM Libre, 92.7.
8. Se vende en distintas librerías y centros culturales de la ciudad, como Café del Alba, 9 de Julio 482, La Librería, Lavalleja 35, Video Club Séptimo Arte, en Campillo y Roque Sáenz Peña, Barrio Cofico, etcétera. Se puede acceder a través del link www.boletinliterariobastaya.blogspot.com

 

El C0VID/19 Y LAS FAKE NEWS

En una entrevista que el diario La Voz realizó al Dr. Andrés de León, presidente del Consejo de Médicos, empleó el término Infoxicación para advertir sobre un fenómeno, cada vez más frecuente, de “abuso de información”, que en estos tiempos de pandemia se incrementó de manera extrema. En muchos casos con fundamentaciones no probadas o meramente sensacionalistas. En otras, directamente falsas. A su vez, la Organización Mundial de la Salud acudió a la palabra Infodemia, también en el marco del COVID19, para reclamar ante lo que consideraba una pandemia informativa que actuaba sobre la otra pandemia y que provocaba desinformación, en un momento en que se requiere más que nunca una información veraz y responsable. Las “fake news”, las falsas noticias, que se han convertido en una de poderosa tendencia de la prensa actual, aplicada al virus que amenaza al mundo, resultan deplorables. ETHICA DIGITAL presenta un resumen del informe publicado en Página 12, el 2 de julio pasado, con base en un análisis de 654 artículos de verificación de marzo y abril por parte de Pagella Politica/Facta (Italia), Maldita.es (España), Full Fact (Reino Unido), Correctiv (Alemania) y la AFP (Francia).

Ese gran periodista que es Ignacio Ramonet,  conocido internacionalmente por su activa participación en “Le Monde diplamatique”, denunció la “pandemia de infofalsedades”. Y lo explica con precisión: “El miedo a la COVID-19 así como el deseo de sobreinformarse y el ansia de entender todo lo relacionado con la plaga han creado las condiciones para una tormenta perfecta de noticias-tóxicas. Éstas se han propagado con igual o mayor velocidad que el nuevo virus. Montañas de embustes han circulado por las redes sociales. Los sistemas de mensajería móvil se han convertido en verdaderas fábricas continuas de infundios, bulos y engaños. En algunos países, se calcula que el 88% de las personas que acudieron a las redes sociales para informarse sobre el SARS-CoV-2 fueron infectadas por fake news”. Siempre existieron noticias falsas, pero ahora se han convertido en una suerte de estrategia que se aplica en distintos ámbitos: la política, la economía, la situación social, la ciencia. No hay resquicio de la vida cotidiana que no haya penetrado para corroer.
En este texto pretendemos circunscribirnos al campo de la salud y más específicamente en el contexto del COVID /19- El informe publicado en el diario Página 12,  en el contexto de la pandemia se difundieron “noticias falsas, ridículas e incluso peligrosas”. Indudablemente, detrás hay diversas razones: intereses económicos y políticos poderosos, pero sutiles; sensacionalismos extremos como consecuencia de una absurda competencia, etcétera. Una verdadera arma debido a la facilidad y rapidez con la que se propagan, y por el impacto que se pretende generar.
Según este informe, “la desinformación en internet acerca del COVID-19 fue masiva en marzo y abril, con historias virales como consejos contraproducentes y la teoría de que era un virus artificial, según un análisis publicado por cinco medios europeos especializados en la verificación de noticias. Si bien el informe se limita a la información difundida en Europa, los resultados son extrapolables a otras regiones, ya que las fake news se propagaron, como el SARS-Cov-2, por todo el planeta.  Intentemos un listado, que estamos seguro, no será completo:
    1. Hacer gárgaras con agua salada, tomar dióxido de cloro, retener la respiración para saber si se contrajo el virus... los consejos erróneos e incluso peligrosos (como por ejemplo que la nicotina protege contra los efectos más graves del virus y entonces los fumadores tendrían menos posibilidades de sufrir infecciones severas y requerir internación o cuidados intensivos),
    2. Los supuestos tratamientos y remedios contra la covid-19 fueron "el principal tema de desinformación”. La cloroquina, un medicamento cuya eficacia no ha sido probada contra el SARS-CoV-2, fue objeto de "muchos artículos" de verificación en España, Reino Unido y sobre todo en Francia. Por ejemplo, fue presentado erróneamente como un tratamiento científicamente validado o "prohibido" por las autoridades.
    3. El tapaboca fue otro tema que produjo una atracción en la presentación de la información, donde se puso particular énfasis sobre sus supuestos peligros, con fundamentos sin ningún tipo de rigor.
    4. Con particular fuerza se trató de instalar que el virus fue creado por el hombre. Unos le achacaban culpabilidad a China, que estaba preparando armas bacteriológicas para emplear con minorías internas. Otros culpaban a Estados Unidos que lo había introducido en China, en su lucha por el poder mundial. Las teorías conspirativas se sucedían una a otras, incluso culpando  a Bill Gates de querer implantar chips electrónicos a la población mediante la vacunación contra el virus. Usaban como argumento un ejercicio de simulación  (Evento 201) ante una pandemia severa, organizada entre otras organizaciones, por la Fundación Gates y se basó en un tipo de coronavirus. Se celebró varias semanas antes de que las autoridades chinas identificaran públicamente los primeros casos conocidos de Covid-19 en diciembre de 2019. La ciencia desmontaba estas fake news, pero el contexto favorecía a la mentira, abonadas por el miedo.
    5. En el caso de Bill Gates, hubo en España quienes le atribuyeron una carta en la que supuestamente dijo que el coronavirus tiene un "propósito espiritual", que él es "el gran corrector" y que "está aquí para enseñarnos algunas lecciones que parece que hemos olvidado". El informe afirma que nadie vio esa carta.
    6. Se desinformó sobre las vacunas y con teorías según las cuales la COVID-19 fue creada o acentuada por la tecnología 5G, muy virales en Italia y Reino Unido, según el informe que estamos comentando.
    7. Las medidas de lucha contra la pandemia también suscitaron una gran cantidad de desinformación, "generalmente sobre leyes nacionales, falsas acciones y declaraciones atribuidas a una personalidad política o a las autoridades".
    8. Un dato que se destaca dentro de la uniformidad de las falsas noticias difundidas es que algunas, muy presentes en un país, estaban completamente ausentes (o eran minoritarias) en otros. Un ejemplo es la cuestión de los inmigrantes, a quienes se señalaba como “chivos expiatorios”. Y en forma conexa de difundió la falsa creencia de que las comunidades musulmanas estaban recibiendo un tratamiento preferencial o no estaban obligadas a cumplir las normas de salud pública. 
    9. La tarea de inventar noticias falsas usa todos los instrumentos para la fabricación de la mentira. Por ejemplo, el uso de imágenes manipuladas: en Francia e Italia se difundió una foto de un edificio real de la Fundación con una inscripción manipulada que decía "Centro para la Reducción Global de la Población Humana".
    10. Con el millonario Gates, se ensañaron particularmente. En Inglaterra se afirmó que tanto el virus como la vacuna ya estaban patentados y que la vacuna era propiedad de la Fundación Gates. En Alemania, declaraciones de Gates se manipularon para que pareciera que dijo que está obteniendo un beneficio del 2.000 por ciento de las vacunas.
    11. Según el Informe, la construcción del mito del llamado G5, señalado por los divulgadores de noticias falsas como responsable de la pandemia se hizo muy popular. Hay que recordar, de acuerdo a la explicación del periodista español Leonardo Vázquez, el G5 es la quinta generación de redes móviles que permitirá un aumento significativo en velocidad de conexión, capacidad y tiempos de respuesta en la comunicación entre dispositivos móviles. La acusación de responsabilidad de la pandemia se presenta con imágenes producidas donde se muestran imágenes o videos de pájaros que caen muertos al suelo, supuestamente debido a la radiación. Los verificadores de hechos de España, Italia y Alemania los han desmentido repetidamente. Las afirmaciones de que el 5G puede destruir células en el cuerpo y causar síntomas similares a la gripe también son falsas, según la Oficina Federal Alemana de Protección Radiológica .

 

A la importancia de este aporte que Página 12 hace para descubrir el mundo de la fake news, podemos agregar ejemplos del listado que hace la organización E&N sobre la distorsión de los síntomas del virus y difusión de curas milagrosas, en historias más populares, a las que se aferran muchos a partir del miedo legítimo que provoca la pandemia. Por ejemplo: toma sorbos de agua Tome sorbos de agua cada 15 minutos;  consumir ajo que puede ayudar a curar el nuevo coronavirus; beber dióxido de cloro; afeitarse la barba  y otros disparates por el estilo.
Pero los fabricantes de fake new no descansan y pueden llegar a la perversidad. Ayer, miércoles 15 de julio, la Comisión de Salud avalaba por unanimidad el proyecto de promoción de la donación voluntaria de plasma por parte de los recuperados del corona virus,  los investigadores de la Universidad Nacional de La Plata salían al cruce de la circulación en medios televisivos, que afirmaba que quien dona plasma pierde anticuerpos, lo que es falso de falsedad absoluta. ¿Cuál es el objetivo de esta perversidad? ¿Sólo un juego diabólico, una reacción de desequilibrados o una estrategia de intereses?

 

EL COVID/19 Y EL HUMOR

El viernes 26 d julio, en el marco del ciclo de mesas redondas, ateneos,  y charlas virtuales que el Consejo de Médicos organizó en torno al tema de la epidemia, hubo una cita particular: la invitación al Dr. Carlos Presman para hablar  de El Humor en los Tiempos del COVID, con coordinación del Presidente Dr. Andrés de León y con preguntas del público. Su éxito nos movió para invitarlo a cerrar este Informe Especial + Cultura.

"Humor es posiblemente una palabra; la uso constantemente. 
Estoy loco por ella y algún día averiguaré su significado"

Groucho Marx

Miles, millones de seres humanos huyendo despavoridos, desnudos, solos o en grupos, saben que son la manada de la humanidad. Resulta imposible saber cuántos son; mientras intentan escapar se miran de reojo, se cuentan algo, se hacen señas y sonríen; se abrazan y sonríen; comen, beben y sonríen. 
Sé que no es un sueño porque acabo de escribirlo; se instala la duda: ¿Por qué sonríen? 
La pandemia nos cambió la vida a todos, se detuvo el mundo y no nos pudimos bajar; volvieron con inusitada brutalidad los sentimientos más primitivos que alientan a la especie humana a sobrevivir: el miedo y la incertidumbre. Desamparados del refugio que nos da el abrazo y la seguridad de un futuro posible, nos percibimos amenazados por un virus invisible, mágica representación de la muerte.
Incorporamos palabras a nuestro lenguaje cotidiano para poder interpretar la realidad y nos familiarizamos con nuevos términos: coronavirus, cuarentena, trazabilidad, COE, protocolos, suero de convaleciente, alcohol en gel, respirador, barbijo! 
Después de dos meses de aislamiento se permite caminar hasta 500 metros del domicilio. Siempre con barbijo y a dos metros de distancia. Nos contagiamos la buena nueva entre amigos, colegas y pacientes. Al día siguiente me llega un whatsapp de un paciente de 92 años con doble reemplazo de cadera y severa artrosis: “Carlitos, salí a caminar, pero por los dolores hice apenas 150 metros; te lo cuento por si alguno más joven los necesita, le doy mis 350 que no voy a usar…”  Me sonrío frente a la pantalla del celular, solo, mientras respondo: “jajajajajaja”. Reviso los mensajes: “Cuidado cuando vayan al supermercado: regresé a casa, y cuando se sacó el barbijo no era mi marido”. Otro con la imagen de Shakespeare sosteniendo una botellita declamando: “Gel o no gel, ésa es la cuestión”; otro con la cara de René Descartes: “Covido ergo Zoom”; otro con la escultura del David pero obeso, llamado Covid; otro:     “La cuarentena es como una serie de Netflix, cuando uno cree que se acaba, sacan la siguiente temporada”. No alcanzo a revisar todos los mensajes y regresan las dudas: ¿Es posible hacer humor en estos tiempos? ¿Por qué, para qué, quién, qué humor? ¿El humor es tragedia + tiempo?  ¿El humor es como la religión? ¿El humor es hijo del miedo y la incertidumbre? A todas, una sola respuesta: el ser humano es portador sano del humor. 
El Dr. Sigmund Freud describió la relación del chiste con el inconsciente. El humor hace alusión de manera implícita o explícita a temas que son su andamiaje: la sexualidad, el poder-dinero, la agresividad y la muerte. Estos suelen ser temas de los que habitualmente no hablamos y que nos generan angustias y tristezas. La posibilidad de enfermarnos por el coronavirus dispara, entre otros sentimientos, el humor. Convivimos con la tragedia y desde allí creamos la comedia, para que la cuarentena no nos enferme de más.  El escritor Isidoro Blaisten define al humor como el penúltimo paso de la desesperación. En ese momento cuando el dolor parece no tener fin, alumbramos como un gesto de fe, de esperanza, ese registro que nos arranca una sonrisa y nos alivia. Sonreímos, nos sonreímos en medio del dolor. 
La desesperación es probablemente la madre de la fe, que en los creyentes se constituye como rasgo religioso y se evidencia en expresiones como “Gracias a Dios” o “Que sea lo que Dios quiera”. Hay allí una creencia subjetiva que desoye cualquier realidad o racionalidad. En las narrativas que persiguen una sonrisa sucede algo similar: entregamos nuestra ingenuidad, nuestra fe y las creemos; acaso el humor sea el dios de los ateos. El escritor Bernardo Koremblit expresa: “El humor no nos hace felices, pero nos compensa de no serlo”. El Dr. Viktor Franckl en su libro El hombre en busca de sentido reconoce entre los sobrevivientes de los campos de concentración nazis por los que pasó, el imprescindible, vital y necesario sentido del humor. 
¿Podríamos cruzar el sufrimiento de la cuarentena y la pandemia con una sonrisa?  El humor así sentido y expresado nos conecta con lo más profundo de la vida; quizás por eso el filosofo Friedrich Nietzsche plantea en su libro Así habló Zaratustra “sea falsa cualquier verdad en la que no haya habido una carcajada”. Este humor que podríamos denominar ético, nos permite dotar de otro significado a la pérdida de libertades a las que nos condena la pandemia y la cuarentena. La soledad del aislamiento para evitar los contagios, la soledad colectiva para una libertad de más vida. El escritor Bernard Shaw reflexiona:”La soledad es una gran cosa, lástima que uno esté solo”. Otra vez las dudas: ¿Cómo acompañarnos, con humor, durante esta cuarentena? ¿Cómo hacer para que la enfermiza soledad no sea percibida como tal? 
La pandemia de un bichito microscópico torció el rumbo de la humanidad y no es chiste. Como ante todo desafío que amenaza la existencia, el ser humano intenta una comprensión y una salida para seguir viviendo; para ello nos valemos de recursos que nos acompañaron por milenios: la ciencia, la religión y el azar. Estas tres muletas del sentimiento y el pensamiento nos han permitido seguir caminando hacia el futuro. Además de ellas, el lenguaje del humor se aferra en nuestras manos. Vamos a superar esta pandemia gracias a Dios, cuando descubramos la vacuna y la terapéutica y/o tengamos suerte. Mientras tanto, ensayamos a coro el popular cantito: “Chau pandemia, chau pandemia, pandemia, chau chau”.  

 

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