DE INTERÉS MÉDICO  

Día Internacional de la Mujer

EN MEDICINA, LAS MUJERES SON MÁS

En este mes se recordó el Día de la Mujer, en homenaje a un grupo de  luchadoras que en Estados Unidos defendieron, con una huelga su dignidad como trabajadoras y que murieron en un incendio en una empresa textil (1). El homenaje es una buena ocasión para hablar de la mujer médica. Desde hace varios años hay una tendencia que avanza y se consolida. La medicina dejó de ser un ámbito más propio de médicos varones, que hoy son minoría frente al avance de las mujeres, dato contundente que permite hablar de un proceso de feminización del arte de curar. El fenómeno tiene relación con un cambio cultural importante que ha parido movimientos feministas cada vez más masivos, más participativos y más determinantes. Por cierto aún subsisten valores, actitudes de una sociedad patriarcal, como las noticias que ganan las tapas de los diarios y llenan las pantallas del televisor: el “femicidio” se ha convertido en un hecho cotidiano. En medicina hay un dato que habla de las huellas de esa cultura en crisis, pero resistente. Encuestas realizadas por el Consejo de Médicos, a través del CERSA, sobre la agresión a los médicos dan cuenta que son las profesionales mujeres las más afectada. Vale la pena, analizar el tema, tratando de mirar el fenómeno de la feminización  con una mirada abarcadora y profunda.

La datos de la tendencia
Según Mariana Carbajal (2), una periodista especializada en el tema, “la medicina es cada vez menos cosa de hombres, aunque todavía está arraigado en el lenguaje decir “voy al doctor o al médico”, en masculino, incluso cuando se consulte a una mujer. En los últimos años se produjo una feminización de la profesión, a partir de un aumento significativo y constante de la cantidad de médicas graduadas. Mientras que en 1980, ellas representaban el 20 por ciento en el sector, en 2016 alcanzaban casi el 52 por ciento. Son mayoría además, en el total de estudiantes de la carrera, un fenómeno que se extiende, sin excepciones, en las principales universidades de todo el país”.
Carbajal presenta un cuadro estadístico que no deja duda, basado en datos oficiales, que el fenómeno recorre todo el país.
A nivel estudiantil, el diario Clarín (3), con base en datos de la Capital de 2019, siete de cada diez estudiantes de medicina son mujeres, tendencia que es válida tanto para la universidad estatal como para las privadas. En la década del 90, se dio por primera vez una paridad en los estudiantes en esta carrera. Desde allí fue en permanente crecimiento de la participación femenina, hasta llegar al 70 por ciento. Otro tanto ocurre entre los egresos, donde las mujeres alcanzan el 68 por ciento en 2018.
Por cierto, se trata de un fenómeno mundial, especialmente en los países más desarrollados política y culturalmente. En Europa, el 75 % de la matrícula es femenino mientras que en México y Estados Unidos supera el 50 % y en Canadá se encuentra por encima del 60 por ciento.

La realidad en Córdoba
Los datos actuales del Consejo de Médicos confirman la tendencia. En un universo de 18.862 matriculados, en la actualidad 10.080 son mujeres, en tanto que los varones alcanzan un total de 8.762. 
Otro tanto ocurre en la cantidad de profesionales especialistas. De un total de 7.994 registrados, las mujeres alcanzan 4.032, en tanto los varones suman 3.918.
A nivel de especialidades, los médicos varones se orientan por lo general hacia especialidades quirúrgicas, en tanto que las mujeres prefieren las especialidades médicas, pero es posible que en el futuro haya cambios.
Las especialidades, solo a modo de ejemplo, más elegidas por las mujeres son Pediatría (553 contra 177 varones); Tocoginecología (400 contra 199 varones); Medicina de Cabecera, Familiar y de la Comunidad (252 contra 152), entre otras.
Para tener una idea de este cambio en la medicina, en octubre de 2006, sólo 15 años atrás, los matriculados alcanzaban 15.730 profesionales, de los cuáles 6.877 eran mujeres.
La doctora Kumiko Eiguche, representante argentina en la Asociación Internacional de Mujeres Médicas, entrevistada por Clarín, afirma que el avance de las mujeres en carreras universitarias no es privativo de la medicina, sino que ocurre en todas las profesiones. Rechaza como “un concepto antiguo” que la mujer se volcaba más a la medicina “porque surgía de ella un sentimiento de cuidado al otro. En todo caso –agrega- que haya menos varones depende más bien de una cuestión económica ya que hay otras profesiones más redituables”. 

La importancia de jerarquizar los datos que se manejan
Sin duda, el análisis del fenómeno de feminización de la medicina exige quizá un mayor rigor. Hay afirmaciones que se repiten sin bases sólidas. Eiguche, en la entrevista de Clarín señala “que una diferencia de género que existe en relación al ejercicio de la profesión tiene que ver con que los hombres suelen elegir el pluri-empleo mientras que las mujeres médicas prefieren puestos más estables, priorizando la relación con pacientes y colegas por sobre los ingresos”. Y agrega: “Las estudiantes de grado y posgrado no sienten discriminación ni ningún tipo de diferencia con sus compañeros varones”. 
El Dr. Héctor Rolando Oviedo, vicepresidente del Consejo de Médicos, también exige un mayor rigor en el análisis para poder tener una aproximación más cercana a la realidad. Y pone el ejemplo de una afirmación que por momento se convierte en muletilla, en cuanto se afirma la profunda diferenciación de honorarios entre médicos varones y mujeres que trabajan en la profesión. “No conozco que se establezcan honorarios en función de género”. 
El tema de la desigualdad quizás, debería investigarse más profundamente, pueda darse en otros niveles. Liliana Licciardi, presidenta de la Sociedad Argentina de Mujeres Médicas, por ejemplo ofrece un dato importante de ser tenido en cuenta: “En todas las actividades clínicas, el 80 por ciento de los puestos están hoy ocupados por mujeres. Dentro de la Medicina, son los lugares menos remunerados“. 
La desigualdad, otro tema para profundizar, pueda darse o se da en el acceso de las mujeres en responsabilidades directivas. Licciardi, cita un informe sobre feminización y brechas laborales en Salud, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, donde se destaca que tanto en la Secretaría de Salud de la Nación como en los ministerios provinciales, “las mujeres también son minoría en los cargos de mayor responsabilidad. Incluso entre las universidades, las principales carreras de Medicina están lideradas en su gran mayoría por varones. Las asociaciones médicas y los gremios presentan un patrón similar, con una baja participación generalizada de mujeres”.
“Los datos de la provincia de Buenos Aires son elocuentes: las mujeres solo ocupan el 25% de las direcciones ejecutivas en las instituciones hospitalarias. Es decir, menos de 3 de cada 10 cargos”, destaca.
Sin duda, los datos son elocuentes, pero no se puede analizar fuera de un contexto. La propia Licciardi recuerda que “la Medicina fue históricamente una profesión organizada por hombres y su ejercicio aún está determinado así. La mujer está ocupando espacios, pero siempre en función de lo que esa antigua estructura permite”.  
Todo indica -incluso a nivel general-  que se trata de un proceso. Era impensable hace años atrás, que una mujer fuera presidenta de una nación, que ocupara cargo decisivos en organismos internacionales, que fueran legisladoras o como, en nuestro caso, sea una mujer la que está al frente del Ministerio de Salud de la Nación. 
La médica española María Castellanos, ratifica esa idea de proceso. Sin duda, “una evidencia que las mujeres no accedían a la cúpula directiva de organismos públicos y privados (judiciales, políticos, universitarios, científicos, empresariales o económicos, etc.). Esto, atendiendo a los datos de la población universitaria,  era sólo cuestión de tiempo, porque con las cifras citadas, la evolución lógica tenía que ser hacia una presencia progresiva de mujeres en los órganos de gobierno de las diferentes  instituciones y organismos. No obstante este proceso ha sido más lento de lo esperado”.
Dentro de ese proceso, hay otras realidades que deben tenerse en cuenta. La especialista española, con la aclaración de que habla desde la experiencia y los contactos personales, aún sin datos de rigurosa evidencia, “considero que la incorporación de la mujer al ejercicio de la Medicina (también a otras profesiones) se ha hecho con unos condicionantes entre los que se pueden concretar: en primer lugar el deseo personal de ejercer la profesión pero sin abandonar el papel nuclear de madre, cuidadora, educadora y pendiente de la organización y funcionamiento del hogar (desde nuestra emotividad las mujeres necesitamos amar, por ello, mientras nosotras amábamos, ellos gobernaban). Esta situación ha supuesto un gran esfuerzo, porque aunque es cierto que en los últimos años los hombres colaboran y participan más en tareas domésticas y cuidado de los hijos, la mujer lo hace desde una actitud de sensibilidad constante hacia las diversas necesidades de todos y cada uno de los miembros de la familia, lo que requiere más preocupaciones, esfuerzo y tiempo. En segundo lugar, también por propia experiencia, considero que ocupar un puesto directivo y de representación requiere una actividad, complementaria a la meramente intelectual, de contactos sociales, reuniones, viajes, etc. a la que se añade el de actos sociales, comidas de trabajo, encuentros, etc., que, probablemente sea necesaria para alcanzar mejores resultados en la gestión;  pero todo ello requiere de un tiempo que para las mujeres puede resultar poco provechoso, visto desde su sentido práctico de aprovechamiento de su propio tiempo en actividades que le proporcionen mayor satisfacción personal”. También esa cultura sobre el papel de la mujer es evidente que está cambiando.
Hay datos complementarios que aportan a una mayor comprensión del proceso. Por ejemplo, a nivel de publicaciones científicas periódicas la participación de las profesionales mujeres ha crecido. En el caso de la pediatría, en los últimos veinte años.
Se ha registrado un aumento de proporción de autoras mujeres que ha llegado prácticamente a equiparar la de varones. 

Hay prejuicios que persisten
Por cierto, a pesar de los avances sobre el papel de la mujer en la medicina persisten, si bien cada vez menos, viejos prejuicios. Por ejemplo si las médicas mujeres tienen “la capacidad física y/o mental” para soportar una excesiva carga laboral y el estrés que implica o por el aumento de ausentismo atribuido a que las mujeres son quienes habitualmente cuidan a sus hijos o a algún familiar enfermo”. También se menciona la preocupación por los posibles embarazos y sus complicaciones.
Gabriela Catterberg trae un ejemplo de esos prejuicios que mencionamos. Cita las palabras de un médico nefrólogo, de 37 años, en diálogo con expertas de PNUD, que afirmó: “Las mujeres toleran mucho menos el estrés, se desbordan más rápido, se sienten saturadas, explotan en llanto, son más impulsivas. Los hombres son más tranquilos, más estables... Por ahí a propósito la biología creó así, uno más estable y el otro más cíclico, con la responsabilidad de la reproducción y el otro para sostener”. 
Como muchas de las cosas que se repiten sin sustentación seria, en un sentido y en otro, hace necesario -como venimos diciendo- de un análisis amplio y profundo, que tenga todos los factores en juego: viejas concepciones, cambios culturales en las sociedades, datos estadísticos, situación de los médicos en general, procesos que se dan. Por ejemplo, un estudio realizado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires da cuenta que no se encontraron diferencias de ausentismo entre médicos y médicas residentes. 

 

(1). El 8 de marzo de 1908, un suceso transcendental marcó la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. El motivo se debía a la búsqueda de una reducción de jornada laboral a 10 horas, un salario igual al que percibían los hombres que hacían las mismas actividades y las malas condiciones de trabajo que padecían. El dueño de la fábrica ordenó cerrar las puertas del edificio para que las mujeres desistieran y abandonaran el lugar. Sin embargo, el resultado fue la muerte de las obreras que se encontraban en el interior de la fábrica.
(2). Escribe en el diario Página 12.
(3). Sin mención del autor o autora. Publicado como un informe, con una serie de entrevistas.

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